Mostrando entradas con la etiqueta Amistad y Amor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Amistad y Amor. Mostrar todas las entradas

jueves, 28 de abril de 2011

Amistad y amor capítulo 28

28º-El accidente

Entonces, oyeron una risa, miraron su procedencia y se pusieron como locos al ver que se trataba de Álvaro. No pudieron controlarse. Salieron disparados a por él. Entre los dos lo lanzaron al suelo.

-¡Cabrón, hijo de puta! –gritaban.

Él intentaba defenderse como podía, pero aún así no paraba de sonreír. Al final conseguiría que Kira no fuera para nadie más. 

–Si ella no es mía, no será de nadie. –dijo mirándolos.

Los golpes aumentaron, no solo puñetazos, también patadas. Hasta que una chica se acercó a ellos y se puso a dar voces. 

–Una de las chicas del accidente os está llamando.

-Llama a la policía para que detengan a este cabrón. Ha sido él el culpable del accidente. –dijo Izan que estaba algo más calmado.

Aitor estaba incontrolable, su hermano tuvo que sujetarle por la espalda porque no había parado de golpear a Álvaro. 

–Las chicas nos necesitan.

Eso fue lo que le hizo reaccionar, se acercaron a sus chicas. Estaban tumbadas junto al coche. Rosa tenía muchos cortes superficiales pero estaba preocupada por su bebé. Kira no tenía tantos cortes, pero lo que más les preocupaba es que no paraba de sangrar la herida.

No sabían lo que hacer, tan solo apoyar a sus chicas, estar a su lado e intentar que no sangraran demasiado las heridas. Hasta que por fin escucharon el ruido de la ambulancia que llegaba.

Las revisaron rápidamente, y las subieron a las camillas, se llevaron a cada una en una ambulancia con su respectivo novio en ella. Lo que más les preocupó a los ATS fue el embarazo de Rosa, estuvieron comprobando que no había sufrido daños.

En la ambulancia en la que iba Kira, intentaron taponarle la herida. Aitor estaba cada vez más alterado. Hasta que escuchó algo que lo alarmó mucho más. 

–Date prisa. –dijo el ATS al que conducía la ambulancia. –Tiene el bazo roto, ¡hay que intervenirla ya!

Una vez llegaron allí, a ellos los mandaron a la sala de espera. Mientras sus chicas pasaban dentro en las camillas rápidamente. Los dos hermanos sabían que tenían que esperar y eso iba a ser muy difícil y angustioso.

Parecía que la que peor estaba era Kira, por la gran herida, pero Izan estaba muy preocupado por el bebé. 

–Tengo miedo de que pase algo con el bebé.

Pero su hermano no podía consolarle. Sabía que Kira estaba muy grave. Habían dicho que tenían que operarla porque se le había roto el bazo. Y había visto las suficientes series de médicos como para saber que era grave.

Tras unas larguísimas horas de espera, salió un médico a buscarlos. Era alto y con una expresión amable en el rostro. 

–Vengo a informarles del estado de las dos hermanas. Tengo entendido que son sus parejas.

-Doctor ¿Cómo están? –preguntaron a la vez.

-Rosa, tiene cortes superficiales, y milagrosamente el bebé está bien. Pero ella sigue muy alterada por lo ocurrido y si sigue tan estresada podría causarle daños al bebé.

-Yo puedo conseguir calmarla, si me deja pasar a verla. –dijo Izan.

-¿Y cómo está Kira? –preguntó Aitor.

-También tenía cortes superficiales, pero no sé si sabe que se le rompió el bazo. La hemos operado de urgencia. –explicó. –Afortunadamente, la operación salió bien, pero tardará en recuperarse.

Los dos hermanos salieron disparados hacia la habitación de sus chicas. Izan empezó a besarle el cuello a Rosa que a los dos minutos ya estaba tranquila. 

–Así está mejor, mi amor.

-Ya sabes que cuando me besas en el cuello, a los pocos minutos estoy tranquila y relajada. –Le dijo ella. - ¿Cómo esta Kira?

-Bien. Aunque la tuvieron que operar de urgencias porque se rompió el bazo. –Dijo él furioso. –Además ya sabemos quien fue el gilipollas que provocó el accidente. – Su furia iba en aumento.

-¿Quién fue?

-Álvaro

-¿Cómo? –preguntó alarmada.

-Tranquila, que no se fue de rositas…

-¿Qué habéis hecho? –preguntó alarmándose.

-Nada que no se mereciera... –contestó sin mirarla.

En parte Rosa estaba de acuerdo. Ese chico los había hecho sufrir demasiado. Era mala persona, y su hermana estaba grave por su culpa. Además que ella había estado a punto de perder al bebé. Se quedaron pensativos cogidos de la mano.

…………………….

Mientras tanto, Aitor miraba a Kira. Aun estaba dormida por los calmantes de la operación. La observaba en silencio, no podía evitar cabrearse por lo que le dijo Álvaro. No le había gustado nada eso de que si Kira no era de él, no sería de nadie.

Pasado un rato, Kira se despertó, estaba muy desorientada, y sentía que le dolía todo el cuerpo. 

– ¿Dón… dónde…estoy?

-En el hospital. Tuvisteis un accidente. –explicó él.

-¿Y… mi hermana? –preguntó intentando incorporarse.

-No te levantes. Tranquila. –dijo él impidiéndoselo. –Ella y el bebé están bien. Solo son cortes superficiales.

-Menos mal. –suspiró. –Pero no me explico lo que pudo pasarle al coche, que no frenaba.

-Fue el gilipollas de Álvaro. –contestó apretando los puños.

-Genial ha actuado como pensé que iba a actuar. - susurró Kira sin saber que Aitor la había oído.

Amor y amistad capítulo 27


27º- Mala jugada

-NO. –gritó Kira furiosa. –Nadie se va a pelear, y mucho menos por mi culpa. Solo quiero olvidarme de él y seguir con mi vida.

            Ellos intentaron replicar pero no fue posible, pues Kira estaba muy firme y seria, convencida de las palabras que acababa de pronunciar. 

–Mi hermana tiene razón. –Dijo Rosa.

-Está bien… -dijeron los hermanos a la vez.

-Pero se merece una buena paliza. –contestó Aitor apretando los puños.

Kira se acercó más a él.

–Por favor… hazlo por mí. No quiero que te pase nada malo.

            Esas palabras fueron más que suficientes para convencer a Aitor, que se había derretido ante el tono en que le había hablado su amada. 

–No valen chantajes… no es justo…Pero vale.

-Hermanito, si que debes estar coladito por ella. Nadie te había hecho cambiar de opinión en algo así. –dijo Izan en tono divertido.

-Déjame. –dijo sonrojado, mirando al suelo, porque no sabía lo que decir.

-Mi hermana siempre ha provocado eso en los hombres…- dijo Rosa riéndose.

-Déjale en paz, pobrecito… -contestó Kira con una sonrisilla.

-Lo que hay que hacer, es pensar algo pero sin recurrir a los puños. –comentó Rosa bastante seria.

            Después de mucho hablarlo, decidieron que lo mejor era denunciarle. Así que pusieron rumbo los dos chicos. Kira se quedó con su hermana, que estaba bastante cansada por el embarazo, a pesar de no estar de demasiados meses.

            Cuando volvieron, decidieron cenar los cuatro juntos. Les hizo bastante ilusión a las dos hermanas, sobre todo, en ese momento que ambas tenían novios oficialmente. Estaban muy contentas y eso se reflejó durante toda la cena.

………………………………..

            Álvaro había ido a jugar como todas las tardes. Pero al volver, un policía le llamó la atención, le ordenaba que se detuviera. Le cogió y estuvo apunto de esposarlo, pero consiguió soltarse en el último momento.

            Iba a marcharse a su casa, pero sabía que si le estaban buscando, le intentarían buscar en su casa. Así que decidió irse a un motel hasta que se le ocurriera un plan. Estaba casi convencido de que Kira le había denunciado, sino, no era capaz de comprenderlo.

-Se va a enterar esa zorra… -juró en voz alta.

            Esa noche no durmió, estaba organizando planes para poder vengarse. Si Kira no estaba con él, no estaría con nadie porque estaría muerta y enterrada. Quería algo que la hiciera sufrir, y en el caso en que quedara viva, que la hiciera reflexionar para volver con él.

…………………………

            Rosa y Kira decidieron salir una tarde, sería una tarde de chicas y una tarde de compras. Así que los chicos pusieron mala cara en cuanto se lo dijeron.

–Tranquilos, no tenéis porqué venir, así será una tarde de chicas. –comentó Kira.

-Vale, así nosotros vamos a tomar algo.

-No os iréis a emborrachar ¿no? –preguntó Rosa levantando una ceja.

-No, nos tomaremos algo en algún bar del barrio.

-Vale, esperamos que seáis buenos. –pidió Kira.

            Ambas hermanas besaron a sus respectivos novios y se fueron al coche. Estaba aparcado delante de la puerta de Rosa. Aunque ella no lo llevaría, sino su hermana. Con lo del embarazo no la dejaban hacer nada.

Bajaron los cuatro al portar y se despidieron de ellos con un beso fugaz, ellas se fueron al coche y ellos hacia un bar que había en otra calle. Kira iba conduciendo tranquilamente y hablando con su hermana mucho más tranquila al saber que Álvaro ya tenía la denuncia puesta.

Llegan al centro comercial y no pararon de comprar cosas en todas las tiendas, cada una se llevaba algo de cada tienda y algunas prendas de ropa eran iguales. Tenían el mismo gusto para la ropa y para los complementos y zapatos, muchas veces se prestaban cosas una a la otra.

........................................

Mientras tanto Izan y Aitor, se sentaron en una terraza de un bar al final de la calle hablando tranquilamente

-Jamás pensé que fuéramos a estar los de novios con dos hermanas, y mucho menos yo con Rosa. – dijo Izan.

-Ya te digo hermanito, yo nunca pensé que fuera a tener una oportunidad con Kira. –contestó suspirando.

-Bueno y que... ¿ya os habéis acostado? –preguntó  Izan para picar a su hermano.

-No, porque ella sigue teniendo miedo y tal… -dijo él sonrojado. Entonces le vino Álvaro a la cabeza. - Todo es por culpa del gilipollas ese.

-Bueno tranquilo piensa en positivo. Si no llega a ser porque él la pego, ella hubiera seguido con él y no estaría contigo. – dijo Izan.

-También es verdad… Pero nunca se debe pegar a una chica y menos a Kira. –contestó.

-Volviendo al tema de Álvaro, yo pienso que aunque hayamos puesto la denuncia, intentará hacer algo.

-Pues yo tengo unas ganas de pegarle una paliza...- dijo Aitor apretando los puños. - De no ser porque se lo he prometido a Kira… le haría picadillo en cuanto le viera.

De repente, escucharon un tremendo ruido. Vieron que empezó a ir mucha gente a ver que ocurría. Decidieron acercarse, reconocieron el coche y se pusieron como locos. Se acercaron  para ayudarlas a salir del coche. Mientras la gente del alrededor llamaba a las ambulancias, ellos a la vez que ayudaban a sus chicas.
-¿Estáis bien? –preguntaron histéricos.

Rosa se tocaba la barriguita muy preocupada. Comenzó a llorar. 

–Espero que no le haya pasado nada.

            Tenían cortes por todas partes, pero Kira sangraba mucho, tenía abierta una herida en el cotado derecho. Intentaron taponársela con una camiseta. Estaba muy desorientada, y los ojos no enfocaban al frente.

-Mi vida, estoy aquí, mírame. –pidió Aitor con desesperación.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Amistad y amor capítulo 26


26º- Encuentro peligroso…

            Kira estuvo algo intranquila. Sabía que todas las tardes Álvaro se iba a jugar a la consola. Pero volver a esa casa le daba malas vibraciones, no se sentiría a gusto hasta estar fuera de esa casa definitivamente.
 
Cuando dieron las seis, se pusieron en marcha. Lo que alteró más el estado anímico de Kira.

–Por favor, cálmate, que no va a pasar nada.

-No sé, tengo un presentimiento…

-Tranquila, ¿Vale? Yo estoy contigo. –dijo cuando aparcó el coche.

            Se bajaron del coche y cogieron un par de cajas que Aitor tenía por casa, para así poder guardar las cosas. Abrieron con las llaves que todavía conservaba Kira. La casa estaba en absoluto silencio.

            Los muebles tenían una gran capa de polvo y muchas de las cosas estaban descolocadas o tiradas en el suelo. Se notaba que Álvaro no se ocupaba para nada de la casa. 

– ¡Qué pocilga…! –dijo Aitor.

-De la casa siempre me ocupaba yo. –comentó mirando a su alrededor.

-Bueno, cogemos las cosas que quieras y nos vamos.

            Buscaron ropa, algunos objetos personales a los que les tenía mucho cariño, libros y DVDs. Lo metieron en las cajas y Aitor empezaron a bajarlas al coche. 

– ¿Cuántas quedan? –preguntó él desde el portero.

-Solo un neceser de maquillaje. Espérame en el coche, que lo cojo y bajo.

-Vale.

            Cogió el neceser y cerró la puerta, llegó hasta el portal y le sorprendió tremendamente la escena. Álvaro estaba frente a Aitor, junto al coche.

–Por fin te veo… estás más guapa todavía.

-Álvaro… -dijo aterrada.

-No te acerques a ella. –amenazó Aitor poniéndose delante de ella.

-¿Y me lo vas a impedir tú? –preguntó riéndose.

-Sí. Así que si no quieres salir mal parado, lárgate. –su voz era firme y profunda.

-Eso lo vamos a ver. –le retó.

            Se abalanzaron el uno contra el otro en una dura pelea, de golpes y patadas. Kira estaba temblando de miedo, mirando cómo se peleaban, no era capaz de reaccionar. Y el miedo a que le ocurriera algo a Aitor la paralizaba más aún.

            Los dos recibían golpes por doquier. Ambos se habían partido los labios y les sangraba la nariz. Mientras Kira seguía sin reaccionar y sin saber lo que hacer para que esa pelea terminase.

            Hasta que Aitor le dio un golpe certero en el estómago que hizo que se doblara y lo aprovechó para tumbarlo. Entonces se acercó a Kira, y la arrastró hasta el coche, mientras Álvaro se retorcía de dolor en el suelo.

- ¡Vámonos! –gritó cerrando las puertas.

            Arrancó el coche a toda prisa y se fueron de allí lo más deprisa que pudo. Kira estaba muy nerviosa pero consiguió calmarse para preguntarle.

– ¿Estás bien? ¿Te hizo daño?

-Estoy bien, solo son unos golpes. –dijo limpiándose la sangre de la cara.

            Sabía perfectamente dónde tenía que ir. A casa de su hermano, pues Kira se había puesto muy nerviosa con el enfrentamiento, y era evidente que necesitaba ser consolada por su hermana.

Llegaron pero no había nadie en la casa. Le llamó al móvil y lo cogió enseguida. 

– ¿Dónde estáis?

-Dando un paseo para que Rosa estire las piernas. ¿Por qué? –preguntó Izan.

-Estamos en vuestro portal, ha pasado algo. –dijo muy serio.

-Ahora vamos. –contestó antes de colgar.

            Esperaron en el portal. Kira no había pronunciado palabra, había escondido el rostro en el pecho de Aitor. Él acariciaba su espalda para intentar calmarla. Al poco rato vieron aparecer a sus hermanos.

            Los vieron muy serios, Kira estaba asustada y casi temblando. Izan y Rosa les preguntaban con la mirada qué era lo que había ocurrido. Kira al ver a su hermana se abalanzó sobre ella para comenzar a llorar desconsolada.

-¿Pero qué ha pasado? –preguntó Izan al ver la reacción de Kira.

-Mejor subamos, que no es un tema para hablarlo en la calle. –sugirió su hermano.

            Hicieron caso a la sugerencia de Aitor. Una vez arriba, Rosa le preparó una tila a su hermana para que se calmara. Izan estaba ansioso por saber lo que ocurría. 

–Bueno, decidnos ya lo que ocurrió. Porque parece que vienes de una pelea, hemanito.

-El cabronazo de Álvaro es lo que ha ocurrido. –contestó Aitor apretando los puños con furia.

Ambos abrieron los ojos desmesuradamente. Rosa se acercó a su hermana.

– ¿Te hizo algo?

-A mi no. Pero se pelearon y Aitor tiene moratones. –contestó entre balbuceos.

-Que no es nada. –dijo él. –Pero si me vuelvo a encontrar a este cabronazo… no respondo de mi… -juró enfadado.

-No quiero que vuelvas a pegarte con él. Es muy peligroso.

-Será cabrón… -escupió Izan. –Lo voy a matar…

-Cálmate, por favor. –le pidió Rosa. –Las cosas no se arreglan a golpes.

-Esa clase de gentuza es lo único que entiende. –contestó Izan con asco.

-Estoy de acuerdo, hermanito.

sábado, 26 de febrero de 2011

Amistad y amor capítulo 25

25º-Buenos cambios

Salieron los dos muy sonrientes hacia el salón. Los dos hermanos se quedaron extrañados.

-¿Qué os pasa que estáis tan sonrientes?- preguntaron casi a la vez.

-Pues… que estamos juntos. -respondió Aitor. Con lo que Kira se escondió en su hombro por la vergüenza.

-Eso es maravilloso. -respondieron Izan y Rosa al unísono.

-Parad ya. –dijeron ambos sonrojados.

-Vale, vale ya paramos.

La cena fue muy tranquila. Terminaron de cenar y se pusieron a recoger. Después Aitor y Kira se fueron a la habitación de ella.

-¿Cómo estás? –le preguntó él mirándola.

-Rara. Me siento muy rara, aún no me acostumbro a la idea. – respondió ella con una sonrisa.

-Yo más que raro, me siento genial. Es más, aún no me creo que me hayas dicho que si. - dijo él con otra sonrisa.

-Pues créetelo, porque es verdad. - dijo ella acercándosele.

Aitor sonrió todavía más al escuchar eso. Se lanzó hacia ella, tumbándola en la cama y quedándose él encima para besarla. Kira enroscó los brazos en su cuello y le siguió el beso.

Pero pronto, Kira tuvo que parar porque empezó a imaginarse que le pasaba como con Álvaro. No pudo seguir, puso las manos en el pecho de Aitor para apartarlo de ella.

Él se quedó extrañado y preocupado al ver la reacción que estaba teniendo Kira, y su expresión atemorizada.

– ¿Qué te ocurre?

-Me ha entrado miedo… -confesó. –Me he imaginado que me iba a pasar lo mismo que con Álvaro… -no pudo evitar que algunas lágrimas se le saltaran de los ojos.

-Shhh… tranquila. –dijo acunándola. –Yo jamás te haría daño. No debes tenerme miedo. Iremos más despacio si quieres.

Ella se abrazó fuerte a él, todavía con el miedo en el cuerpo de recordar a Álvaro. Tenía la sensación de que Álvaro no se daría por vencido, y eso la aterraba de una forma inimaginable.

-¿De qué tienes miedo exactamente? –preguntó Aitor cuando ella estuvo más tranquila.

-Estoy aterrada por Álvaro. Presiento que no se va a dar por vencido, que va a intentar volver a atacarme. –contestó.

-No debes pensar eso, porque yo jamás voy a dejarte sola. –dijo. –No dejaré que se acerque a ti ni que vuelva a ponerte un dedo encima. –juró.

Ella sonrió ante la determinación de su novio. Todavía se le hacía raro llamarle “novio”, pero estaba feliz. Por primera vez, parecía que podía ser feliz, que alguien se preocupase por ella era algo maravilloso.

Intentó pasar página, hacer caso a Aitor y no pensar en Álvaro. Lo cierto, es que algunos días iba bien, estaba feliz y relajada. Pero llevaba ya muchos días en casa de su hermana y sentía que los estaba molestando.

Un fin de semana, Aitor había ido para pasar un fin de semana en parejitas como llevaban haciendo un tiempo. Pero ella no quería molestar más, así que tomó una decisión.

–Yo quería deciros algo… Me marcho porque no quiero seguir molestando.

-Hermanita, tú no molestas. –dijo Rosa.

-Claro que sí. Vosotros querréis estar a solas y yo no os dejo. –contestó.

-Pero ¿Dónde vas a ir? –preguntó su hermana.

-Pues a un hotel, hasta que encuentre algo. –respondió.

-¿Cómo te vas a ir a un hotel? –preguntó Aitor.

-Pues yéndome. No quiero seguir molestándoles. –dijo.

-¿Por qué no te vienes a mi casa? –preguntó él de improviso.

-¿A tu casa? –preguntó sorprendida. –Es un poco pronto…

-No me entiendas mal, tengo un par de habitaciones libres, es una casa grande. –dijo. –Tú puedes quedarte en una de las habitaciones.

-Pues no es mala idea. –comentó Rosa.

-Claro que no. Es que mi hermano es más listo… -dijo Izan orgulloso y sonriendo.

Sonrieron algo más relajados. Sobre todo Kira, que no pretendía seguir estorbando en casa de su hermana. Además ella ya estaba embarazada de tres meses y medio y la barriguita empezaba a asomar.

Estaba feliz porque iba a tener un sobrinito o sobrinita en unos meses. Y tal vez estando en la misma casa que Aitor, podría conocerle mejor y pasar juntos mucho más tiempo.

Como era sábado, decidieron que al día siguiente cogerían las cosas de Kira para llevarlas al piso de Aitor. Por ser la primera noche, durmieron en la misma habitación y abrazados, pero ella no quiso llegar a nada más. Todavía no estaba lista, después de todo lo ocurrido.

A él no le importó en absoluto. Él la quería demasiado como para forzarla a nada. Quería unirse a ella en todos los sentidos, pero esperaría al momento adecuado. De esa forma sería mucho más profundo ese momento.

Se levantaron muy alegres esa mañana. Kira estaba bastante tranquila. le había venido bien dormir entre los brazos de Aitor.

–Buenos días… -susurró él.

-Buenos días. –contestó alegremente.

Fueron a desayunar, estaban muy felices, no podían ocultarlo.

–Oye, he pensado que debíamos recoger tus cosas.

-¿A la misma casa donde está Álvaro? –preguntó temerosa.

-Sí, pero no pasa nada. Yo iré contigo.

-Entonces tiene que ser a partir de las seis y antes de las nueve. Álvaro siempre está en casa de un amigo jugando a la consola. –explicó.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Amistad y amor capítulo 22

22º-Desconfianza y miedos

Al día siguiente, Kira abrió lentamente los ojos. Le sorprendió ver que se encontraba en la cama. No recordaba haberse ido a dormir a una de las habitaciones de la casa de su hermana.

Se incorporó y vio que a su lado estaba Aitor. Sentado en el suelo pero con la cabeza apoyada en la cama. Eso la sobresaltó, pero se quedó mirándolo intensamente. Estaba allí, incómodamente en el suelo y eso la conmovió.

Se daba cuenta de que era muy guapo. Recordó entonces el encontronazo con Álvaro y se puso a temblar. Se levantó de golpe para dejar de temblar, y con tanto jaleo Aitor se despertó.

-¿Qué pasa? ¿Estás bien? –preguntó levantándose aceleradamente.

-Si. –respondió.

Pero al hablar se dio cuenta de que el rostro le dolía y siseó de dolor. Aitor se acercó a ella, acariciando su mejilla con ternura. –Ese bruto te hizo un buen moratón… -dijo preocupado.

-Parece que si, porque me duele toda la cara… -dijo asustada recordando lo ocurrido.

Empieza a llorar a causa del miedo. Aitor al verla tan frágil no pudo evitar acercarse y abrazarla cariñosamente. Pero Kira se aleja muy asustada. –Lo siento, yo… -dijo antes de salir de la habitación.

Salió directa al comedor, se sentó en el sofá acurrucándose sobre su cuerpo. Rosa al ver así a su hermana se asustó y fue a su lado. –Hermanita ¿Qué te ocurre? ¿Te ha pasado algo?

-Yo… yo… -balbuceaba. –Estoy asustada.

-Es normal. Pero aquí solo estamos personas que nos preocupamos por ti.

-Pero Aitor…

-¿Es que te ha hecho algo? –preguntó sobresaltada.

-No, bueno… me ha abrazado y yo… he salido corriendo. –reconoció jugando con sus manos.

-No es mala persona, es un chico estupendo. –dijo su hermana cogiéndole la mano.

-Lo sé, y… yo no quiero estar asustada, pero lo estoy. –contestó. –No sé si se acerca a mi por interés o porque le importo de verdad.

-Aitor es un buen chico. Nunca te haría daño, al contrario. –dijo ella.

Las dos hermanas se abrazaron. Lo que no sabían era que Aitor estaba en el pasillo. Había salido porque quería ir a la cocina, y de casualidad lo había escuchado todo.

Él sentía algo profundo por Kira, un amor a primera vista como nunca le había pasado. Y saber que ella temía a los hombres y desconfiaba de él, era algo muy duro. Se derrumbó en el suelo.

Ocultó el rostro entre las manos, estaba derrotado y sentía un gran vacío. Izan salió del baño y vio a su hermano en el suelo, lo que le asustó. –Hermanito, ¿Por qué estás en el suelo?

-Por ella… -susurró.

-¿Es que ha pasado alguna cosa entre vosotros? –preguntó.

Aitor estuvo relatando en voz baja lo que había escuchado. Su hermano intentó animarle como buenamente pudo. –Es normal que la pobre esté así después de lo que pasó. Seguro que en poco tiempo vuelve a ser la de antes.

Yo… me gusta mucho y no quiero verla así. –dijo con los ojos humedecidos.

-Seguro que cuando esté mejor podréis conoceros bien. –intentó reconfortarle Izan.

-¿Y cómo? –preguntó. –Desconfía de que mis intenciones sean sinceras con ella.

-Debes comprenderla. –dijo. –Tú solo… ten paciencia.

-Ya si yo voy a tener mucha paciencia, pero me duele verla así. –respondió Aitor.

Aitor se levantó del suelo y fue al comedor. Miró a Kira. Ella le observaba con la mirada triste, como diciéndole con los ojos “lo siento”. Él hizo un gesto como diciéndola que no pasaba nada.

Él intentó probar una cosa. Se sentó al lado de Kira. Ella se alejó de él y se pegó más a su hermana.

-Aitor ¿puedes venir un momento a la cocina a ayudarme con unas cosas?- preguntó Rosa mirándole.

-Si, claro. –respondió levantándose.

Se levantaron y fueron directos a la cocina sin pronunciar palabra. Rosa se sentó y él hizo lo mismo. – ¿En qué quieres que te ayude?

-En realidad yo quiero hablar contigo. –respondió. –De mi hermana.

-¿Qué quieres hablar de ella? –preguntó.

-Mira, yo sé que te gusta, y que eres un buen chico. Sabes que te quiero con locura. –dijo. –Pero mi hermana ha pasado algo espantoso y desconfía de los hombres.

-Pero yo no voy a hacerla daño.

-Yo lo sé, y ella también. –contestó. –Pero tienes que entenderla. Además no quiero que la agobies, porque se sentirá peor.

-Lo único que quiero es protegerla y quererla. –dijo con tristeza.

-Ya lo sé. –respondió dándole un abrazo. –Tú tan solo dale tiempo. Sé un apoyo para ella, pero sin agobiarla ni estar todo el día encima de ella. Seguro que con el tiempo, ella vuelve a ser la de antes.

-¿Y cómo soy su apoyo? no sé cómo hacerlo.- preguntó Aitor muy interesado.

-Siendo su amigo, su confidente, como fue tu hermano conmigo. - respondió Rosa con una sonrisa. –Habla con tu hermano y que él te ayude.

-Vale.- Respondió él yéndose a buscar a su hermano.

Rosa volvió al comedor con su hermana y Kira le preguntó. - ¿En que te tenia que ayudar?

-En darme una cosa que no alcanzaba. –mintió su hermana con una sonrisa.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Amistad y amor capítulo 21

21º-Malas compañías traen malas situaciones

Fue un día largo para Aitor, no paraba de imaginarse la preciosa cara de Kira mirara a donde mirara. Por la tarde, Izan y Aitor se pusieron en la salita a jugar a la consola. Mientras Rosa se puso a leer un rato.

Rosa llevaba un rato leyendo cuando llamaron a la puerta. Abrió y sus ojos casi se salieron de sus órbitas por lo que estaba viendo. Kira estaba en la puerta, muy asustada, llorando intensamente y con un gran moratón en la cara.

-¿QUÉ TE HA PASADO? –preguntó de los nervios.

Pero su hermana no fue capaz de responder. El miedo que la recorría por dentro solo la permitió abrazarse fuertemente a Rosa para llorar con desesperación. Ella abrazó a su hermana para intentar consolarla.

La llevó al comedor y se sentaron. Rosa había dejado escapar alguna lágrima al ver así a su hermana en ese estado. Tras un rato, Kira ya parecía más tranquila, así que su hermana pensó que debía preguntar por lo ocurrido.

-Nena... ¿Qué te ha pasado? –preguntó.

-Pues... es que... –estaba dubitativa y asustada. –Estábamos dando un paseo Álvaro y yo y...

-¿Qué pasó?

-Me encontré con un compañero del trabajo. Estuvimos hablando un poco y luego seguimos con el paseo. –explicó. –Cuando seguimos el paseo Álvaro se puso a discutir, estaba celoso porque había hablado con mi compañero y... –más lágrimas siguieron cayendo por su rostro. –Me pegó...

Eso hizo que volviera a llorar más desgarradoramente, mientras su hermana la abrazaba furiosa por lo que acababa de escuchar. Lo que no sabían es que Aitor había salido para ir a la cocina y lo había escuchado todo.

Al escuchar esa frase enloqueció. Intentando controlarse, llegó a la salita de nuevo. Le contó todo a su hermano. Izan intentando controlarse fue al salón y abrazó a Kira muy fuerte y Rosa dijo. - ¿Cómo te enteraste?

-Aitor os escuchó y me lo contó. Será hijo de mala madre… como lo vea, lo mato. - juró soltando su furia.

-Hermanito, no te adelantes por que antes voy yo. Luego si quieres hacer algo con sus restos adelante. Pero déjamele a mi primero. – dijo Aitor.

- ¿Primero vas tú, Aitor? ¿Pero por qué?- pregunta Kira atonita




-Por que no soporto que maltraten a las mujeres o que se crean superiores a ellas. -respondió Aitor intentando que no se notara que mentía.

Kira no dijo nada. Tampoco es que pudiera decir mucho con lo asustada que estaba. Mientras la estaban intentando calmar, sonó el timbre. Rosa se levantó para ver quien era. -¿Quién es?

-Rosa, soy yo. Por favor, ábreme. -respondió Álvaro detrás de la puerta.

Kira se puso muy tensa y rígida y miró a su hermana con miedo. Ella le hizo una señal para que se pusiera detrás de Aitor, ella le hizo caso y se puso detrás mientras que Rosa dijo. - ¿Qué quieres? Aquí no se te perdió nada

-Rosa, por favor abre. Sé que Kira esta ahí contigo y necesito hablar con ella, por favor.- dijo Álvaro con voz suplicante.

-Ábrele. Y tranquila, que no os va a tocar a ninguna de las dos. -dijo Izan.

Rosa finalmente, abrió la puerta no demasiado convencida y dijo muy seca. - ¿Qué quieres?

-Ya te lo he dicho, hablar con mi novia. Quiero pedirle perdón e intentar que me perdone- dijo Álvaro buscando a Kira con la mirada y la encontró detrás de Aitor.

Pero Kira al ver que la había encontrado se asustó más, a la vez que se abrazó fuertemente a la espalda de Aitor. Él no dejaba de sonreír por dentro.

-Mi amor, ven no te voy a hacer nada. Soy yo, tu niño- dijo Álvaro acercándose a ella pero Izan le cortó.

-¿Dónde te crees que vas?

-Con mi novia, con quién si no. - dijo Álvaro, apartando a un lado a Izan, cosa que no consiguió.

-Me temo que eso no es posible. Ella no quiere saber nada de ti. - dijo Izan enfrente de él con los puños cerrados.

-¿Y tú como sabes eso?- preguntó Álvaro.

-Porque no hay más que ver lo asustada que está, con solo notar que estás en la misma sala que ella. - respondió Izan señalando a Kira.

-Me quiero ir, no quiero estar aquí… –dijo ella de repente. -¿Me acompañas? No quiero estar sola…- dijo Kira mirando a Aitor.

-Mi niña, es conmigo con quien tienes que estar. No con él, que no es nadie. - dijo Álvaro volviéndose a poner celoso y actuando como antes.

-Por si no te a quedado claro, cuando e salido corriendo te lo digo ahora. Hemos terminado, no quiero saber nada más de ti en mi vida. Y él SI es alguien.- dijo Kira defendiendo a Aitor.

-¿A si? ¿Quién?

-Mi con-cuñado. Así que deja de montar escenas de celos cuando no tienes que tenerlas, porque ya no estamos juntos.- dijo Kira.

Álvaro no podía más y se intentó abalanzar sobre ella. Pero no lo consiguió, porque Izan le cogió y dio un empujón contra la pared y le rodeó diciéndole. - Que te quede muy claro. ¡Cómo te vuelvas a acercar a ella te mato! y olvídate de ver la luz del sol en libertad. Voy a hacer todo lo posible porque estés entre rejas una buena temporada con la denuncia que te voy a poner ¿entendido?

-Eso ya se verá. - dijo Álvaro con aires de creído y superioridad saliendo por la puerta de la casa.

Kira respiró tranquila pero sin soltar a Aitor. Él al ver que Álvaro se había ido, dejó de hacer escudo y la abrazó por completo. Kira dejó que la abrazase, pues estaba muy asustada. Tan asustada que no podía ni decir una palabra.

-Tranquila, ya paso. No te va a hacer nada, tranquila. - la tranquilizaba Aitor.

Izan y Rosa, vieron la escena. Rosa le hizo una señal a Izan para dejarlos solos y se fueron a la cocina. Mientras Aitor la estaba acunando en el sofá para tranquilizarla. Al cabo de un rato, se quedó dormida en los brazos de Aitor. Él la acomodó, para que estuviera más cómoda y durmiera mejor. Se quedó así contemplándola y mirando lo hermosa que era.

martes, 9 de noviembre de 2010

Amistad y amor capitulo 18

18º- Gran felicidad

Rosa se puso un precioso vestido azul, quería estar perfecta para celebrar la gran noticia. Y después salieron para buscar un sitio para cenar. Tenían bastante hambre, sobre todo Rosa, que tenía que comer por dos.

Fue una bonita cena, no pararon de sonreír durante la cena. Estaban tan felices que no podían evitarlo. Resultó que en el restaurante había un violinista, así que Izan le llamó y susurró al oído el titulo de una canción.

-¿Qué canción le has pedido? –preguntó con intriga.

-Ahora lo escucharás. –dijo con una sonrisa pícara.

Comenzó a sonar el Canon de Pachelbel. Y Rosa no pudo evitar sonreír, era su canción favorita. Así con esa bonita sinfonía terminaron una romántica y agradable cena. Al salir, decidieron caminar un poco por el paseo marítimo.

Pero a los pocos minutos, Rosa empezó a sentirse mareada, y decidió sentarse en la orilla de la playa. Cuando se le pasó el mareo, se levantó y se acercó al agua. Se levantó ligeramente el vestido y así poder mojarse las piernas.
Notó tan fresca el agua, que decidió quitarse el vestido y se metió en el agua en ropa interior. Izan la miró y se quedó extrañado, ella era bastante vergonzosa, no entendía cómo se estaba bañando en ropa interior.

Se quitó los zapatos y se remangó los pantalones. Se metió para ir al lado de Rosa. –Cariño, ¿Qué haces?

-Es que tenía calor…

-Ya pero estás en ropa interior. –dijo mirándola.

-Pero ahora no hay nadie. Nadie me ve. –contestó.

-Ya pero no me gusta que nadie pueda verte en ropa interior. Eres solo para mí. –dijo apretándola contra él, mojándose la ropa.

Entonces Rosa le empujó, y cayeron al agua empapándose. Al verse así empezaron a reírse a carcajadas. La verdad es que estaban eufóricos desde que habían sabido la gran noticia del embarazo.

-¡Mira cómo nos hemos puesto! –dijo riéndose.

-Me gusta divertirme contigo. –contestó besándole en el cuello.

-Y a mi, pero vamos a cambiarnos. Por nada del mundo permitiría que te pusieras enferma, y menos ahora que tienes ahí un tesorito. –dijo acariciando la tripita plana.

Salieron del agua, Rosa se puso el vestido y se fueron a casa, estaban chorreando de agua. Pero como hacía buen tiempo no pasaba nada. Llegaron al hotel y se abrazaron, pues estaban felices.

Decidieron cambiarse, pero se dieron una romántica ducha, así harían algo nuevo. Fue muy estimulante un agradable baño, no pararon de acariciarse y besarse. –te quiero… mucho, muchísimo. –susurró ella.

-Me parece que eso no es así. –contestó. –Yo os quiero más. –dijo bajando la cabeza hasta la tripa plana de Rosa.

-Cielo, si tiene que ser muy, muy pequeñito.

-Ya pero quiero que conozca a su padre desde ahora. –contestó con orgullo.

-Bueno, como quieras. –dijo. –Oye estoy algo cansada. ¿Te importa que me vaya a dormir?

-Claro que no, tenéis que descansar, y yo os acompaño. –respondió cogiéndola en volandas.

Se fueron a la cama y Rosa se abrazó a Izan. A los pocos segundos, se quedó dormida pues estaba agotada. Izan tardó un poco más en dormirse, pues él no estaba tan cansado como su novia. Se dedicó a mirarla mientras sonreía y la acariciaba. A los pocos minutos se quedó dormido con una sonrisa en los labios y abrazándola.

Al día siguiente, Rosa se despertó y miró a su novio dormir. Sonrió mientras le acariciaba la cara dulcemente. Él sonrió al notar ese tacto y abrió los ojos y dijo. - Buenos días, mi princesa ¿Qué tal dormisteis?

-De maravilla, nos sentimos muy protegidos en tus brazos. -Respondió Rosa sonriente.

-A mí me gusta tenerte entre mis brazos. - Dijo Izan apretándola más.

-Pero me da pena que ya se acabe nuestro viaje… -contestó haciendo un puchero.

-Bueno pero piensa que volvemos con la mejor de las noticias, y que ha sido un viaje estupendo. –respondió Izan. –Además podremos hacer más viajes.

-Lo sé. –dijo. –Oye ¿esta noche podríamos cenar con Estela y César? –preguntó. –Es que así les damos la noticia, que tengo muchas ganas de que lo sepan.

-Claro, les llamamos ahora antes de irnos. –respondió él.

Prepararon las cosas y después pusieron rumbo al aeropuerto. Llegaron y deshicieron el equipaje. Por la noche habían quedado en ir a cenar a un restaurante con Estela y César.

Rosa estuvo de los nervios mientras se arreglaba para la cena. No paraba de mirarse en el espejo, hasta se puso un cojín debajo del vestido para ver su aspecto con barriguita.

-Princesa ¿Qué haces con ese cojín? –preguntó Izan entrando en la habitación.

-Eh… nada, nada. –dijo sonrojándose mientras se quitaba el cojín.

-Estarás preciosa, cuando esa barriguita sea de verdad. –contestó abrazándola de forma cariñosa.

-Estaré gorda… -respondió bajando la mirada.

-Llevarás a nuestro bebé dentro. Y eso es estupendo. –besó con dulzura a su novia.

-Bueno, déjate de palabras bonitas que al final llegamos tarde. –le interrumpió ella.

Terminaron de arreglarse y salieron directos al restaurante donde ya les esperaban sus dos amigos en la puerta. Rosa les saludó efusivamente, les pilló bastante sorprendidos, pero entraron al restaurante.

Se sentaron y pidieron la cena y cuando los cuatro estuvieron servidos, Rosa e Izan se cogieron de la mano para darles la gran noticia. –Bueno, nosotros a parte de para contaros qué tal el viaje, hemos quedado con vosotros para daros una noticia… -dijo Rosa muy alegre.

martes, 26 de octubre de 2010

Amistad y amor capitulo 16

16º- Regalos

-Bueno, ¿me das ya mi regalo? –preguntó con impaciencia.

-Cariño, todavía no estamos en el hotel. –contestó. –Además son dos regalos, y uno es imposible que te le de aquí.

-Pero me muero de la intriga… -replicó.

-No seas niño.

-¿Y si te hago chantaje? –preguntó levantando una ceja.

-¿Qué tipo de chantaje?

Él la cogió por la cintura y la besó de forma urgente, ella respondió al beso, pero se daba cuenta de que estarían llamando mucho la atención en el aeropuerto. Se apartó unos centímetros de él.

-Cariño, nos está mirando todo el mundo… -dijo sonrojada.

-Me da lo mismo, además aquí nadie nos conoce. –contestó intentando besarla de nuevo.

-No seas impaciente, que ya mismo tendrás tu regalo.

Se montaron en un taxi, que los llevó al hotel, se registraron y subieron a la suite. Ella al ver lo grande que era se quedó asombrada. –Pero… ¡si es enorme!

-Es la suite. Tuve la suerte de que estuviera libre. –contestó sonriente.

-Cielo, te habrá costado un ojo de la cara. No debiste gastarte tanto dinero. –dijo ella preocupándose.

-Es el dinero mejor invertido. –contestó abrazándola. –Quiero que pasemos unos días muy especiales e inolvidables.
-Eres estupendo. Te quiero. –dijo antes de besarle. –Siéntate en el sofá que voy a por tu regalo.

Él la obedeció encantado, se sentó con una amplia sonrisa de impaciencia en los labios. Mientras Rosa fue a la habitación. Sacó un pequeño paquete y además se puso a buscar en su bolso.

Buscaba un picardías azul cielo que tenía, hacía un tiempo que se lo había regalado Estela. Le dijo que para cuando estuviera con el chico adecuado. Y como sabía que Izan era el chico adecuado decidió sorprenderle.

Se lo puso y se echó unas gotas de perfume. Se soltó el pelo y mientras se maquillaba ligeramente, escuchó que Izan la llamaba. – ¿Cuándo me traes el regalo? –preguntó en voz alta.

-No seas impaciente, solo dos minutos más y lo tendrás. –dijo lo suficientemente alto como para que le escuchara.

Cuando estuvo lista, cogió el paquetito y salió de la habitación hacia la parte que era el salón. Se puso delante de Izan, que cuando la vio, en picardías y con un paquete en la mano, se le pusieron los ojos como platos. Parecía que se le saldrían de sus órbitas.

-Pero… pero… -se había quedado sin palabras.

-Toma tu regalo. –dijo tendiéndole un paquetito.

Él lo abrió pero sin quitarle los ojos de encima a Rosa. Cuando quitó el envoltorio echó un vistazo al regalo. –Es la edición limitada de Wod of Wars trilogy. ¿Cómo lo conseguiste? –preguntó. –Estaban agotados.

-Bueno, es que soy previsora. –contestó con una sonrisa.

El regalo le había encantado, pero en ese momento, tenía un regalo mucho más valioso para él. Tenía a Rosa a su lado, y estaba en picardías, un fino y pequeñísimo picardías que dejaba más que a la vista el bonito cuerpo de Rosa.

Dejó el juego en el sofá y se acercó a Rosa para besarla de forma salvaje. Ella sonrió ante tanta efusividad de su novio. –Estás preciosa… esto si que no me lo esperaba…

-Sé que no es tanto como un viaje, pero no he tenido tiempo de comprar nada más. –se justificó sin soltarse.

-¿Qué dices? Tú eres el mejor regalo que puedo recibir. –contestó. –Y encima así en picardías… puf…

-Lo tenía sin estrenar, hasta que encontrara al chico adecuado. –dijo tímidamente.

-Te quiero… -susurró.
Cogió a Rosa en volandas y se la llevó hasta la cama, sin dejar de besarla. Izan siempre había perdido la cabeza por Rosa, pero ese fino picardías hacía que ardiera por dentro de forma descontrolada.

Ella le quitó la ropa a su novio con bastante rapidez. Él mientras, sentía muy cerca el cuerpo de su novia. Las transparencias mostraban su cuerpo, y eso le estaba enloqueciendo.

Pero antes de seguir, se movió para acercarse a la maleta, que descansaba en el suelo al lado de la cama. Buscó, pues sabía que había metido una caja entera de preservativos y cogió uno.

Se acercó a Rosa, y se deshizo del finísimo picardías que tanto le estaba enloqueciendo. Se quitó los boxers para así poder ponerse el preservativo, mientras Rosa no paraba de acariciarle y besarle por todas partes.

Una vez que estuvo listo, se acercó a ella, sus cuerpos desnudos estaban lo más juntos posibles, y hacían que una corriente eléctrica los recorriera de pies a cabeza. Haciendo que un fuego les quemara por cada parte en la que se tocaban.

Se movió, para poder acceder a la intimidad de Rosa, entró despacio en ella, pero con bastante ansia, pues estaba demasiado excitado como para hacerlo con calma. Ambos gimieron cuando Izan entró dentro de Rosa.

Empezó a moverse, ni siquiera fue despacio para incrementar el ritmo. Su cuerpo actuaba por voluntad propia. Tenía sed de su amada, de darle todo su amor, un amor que rezumaba por cada poro de su piel.

Izan se movía acompasándose al ritmo de Rosa, pero además se acariciaban y besaban por todas partes, demostrando ese amor tan grande que existía entre ellos, que les hacía estar en el cielo.

Como si todo desapareciera, estuvieron así durante muchísimo rato, hasta que alcanzaron el clímax. Fue una de las mejores experiencias que habían tenido hasta ese momento.

Se miraron a los ojos, mientras seguían abrazados. –Me encantó mi regalo… -dijo con una sonrisa.

-¿El videojuego? –preguntó Rosa.

-Bueno ese ha estado genial, pero yo me refiero a este otro regalo… -contestó ruborizándose. –Gracias, mi niña, de verdad.

-No sabía si te gustaría el picardías. –dijo.

-¿Qué no sabías si me gustaría? –preguntó. –Si solo me ha faltado ponerme a salivar cuando te he visto…

-Me daba vergüenza ponérmelo, pero quería que tuvieras un bonito regalo de mi parte. –respondió acariciando su mejilla.

-Estabas hermosa. –dijo. –Aunque te prefiero así sin ropa. –añadió besándola en el cuello.

lunes, 18 de octubre de 2010

Amistad y amor capitulo 15

15º- El viaje

César, que nunca había visto a su amigo tan cariñoso estaba bastante sorprendido. –No sabía que eras como un oso amoroso… -dijo en tono divertido.

Eso sonrojó tremendamente al escuchar la frase de su amigo. –Esto… yo…. Yo… -no sabía lo que contestar.

Los tres empezaron a reírse ante la reacción de Izan. Rosa intentó calmarle aún entre risas. –Mi amor, no te pongas así, que sabes que te está tomando el pelo.

-¡Qué graciosos que sois…! –se quejó.

La cena continuó bastante tranquila, y algo más relajada. Estela y César hablaron bastante en la cena. Eso alegró mucho a Izan y a Rosa, que esperaban que todo acabara bien para los dos.

Se hizo bastante tarde, y decidieron marcharse. César acompañó a Estela a casa. Rosa sonrió al ver lo mucho que se preocupaba César por su amiga, sabía que con lo buen chico que era no la dañaría.

Después de recoger todo, se cambiaron de ropa y se fueron a la habitación. Rosa se sorprendió al ver que Izan se había puesto a hacer una maleta. – ¿Dónde te vas?

-Dirás que dónde nos vamos. –le corrigió.

-¿Cómo que “nos vamos”? –preguntó atónita.

-Sí, mañana nos vamos a pasar el puente a un sitio, tú y yo solos. –contestó.

-¿De verdad? ¿A dónde? –preguntó. – ¿Y cómo que nos vamos de viaje?

-Es mi regalo de aniversario. –contestó. –Recuerda que el sábado hacemos un mes, juntos.

-Pero no era necesario semejante regalo.

-Claro que lo era. Te lo mereces todo. –respondió. –Todavía me parece mentira que me quieras y estés conmigo.

-Pues créetelo, porque te quiero con toda mi alma.

Él al escuchar sus palabras, se abalanzó sobre ella, cayeron en la cama y empezaron a reírse. –Eres mi reina, mi diosa, toda mi vida…

-No digas esas cosas que me sonrojo… -dijo ella escondiendo el rostro en el pecho de Izan.

-Las digo porque las pienso y siempre va a ser así. –contestó él, muy seguro de sí mismo.
-¿No me vas a decir dónde es? –preguntó sin dejar de mirarle.

-No, es una sorpresa. –contestó.

-¡Pero quiero saberlo!

Él se rió ante el comportamiento infantil de su chica. –La gracia de las sorpresas es no saber lo que son.

-Espero que me guste, con lo malo que estás siendo… -dijo haciendo un puchero.

-Te encantará. –contestó abrazándola.

Esa noche Rosa durmió poco. No hacía más que darle vueltas al lugar al que podría ser el viaje. Pero como tampoco había podido ver la ropa que metió Izan en la maleta no le daba ninguna pista. Y no podía cotillear porque había cerrado con un candado y tenía guardada la llave.

No le quedó más remedio que esperar, por la mañana estaba muy inquieta, intentando sonsacarle algo a Izan, pero no tuvo suerte. Fueron hasta el aeropuerto en el coche y ya cuando fueron a la puerta de embarque vio el destino.

-¿Canarias? –preguntó.

-Sí, ¿Qué te parece? –le preguntó abrazándola.

-¡Es fantástico! –gritó ilusionada. –Hace muchísimos años que no voy a la playa.

-Lo sé, por eso me pareció tan buena idea. –contestó. –Aunque nunca he sabido porqué no has ido más a menudo con lo mucho que te gusta.

-Porque siempre estábamos justos de dinero para ir a la playa. –respondió. –Y luego ya entre el trabajo y que no me apetecía ir sola…

-Nunca hubieras ido sola. Porque aunque no estuviéramos juntos, me habría ido encantado contigo a la playa.

-Gracias de verdad… -dijo besándole cariñosamente. –Es un regalo estupendo. Al lado de esto, mi regalo te va a parecer una tontería…

-¿Me has comprado algo?

-Pues claro. Pero seguro que no te gusta…-contestó.

-¿Puedo verlo? –preguntó ilusionado.

-No, hasta el sábado, no. –dijo ella.

-Pero no es justo… tú ya sabes tu regalo… yo quiero saber el mío. –contestó fingiendo ponerse triste.
-Bueno mira, hacemos una cosa. –dijo. –te lo doy cuando lleguemos al hotel.

-Vale… -contestó.

-Además tenemos que embarcar ya.

Subieron al avión y estaban muy contentos, aunque Izan estaba algo impaciente por recibir mi regalo. Estuvo haciéndole preguntas a Rosa para ver si le daba alguna pista sobre lo que era su regalo.

El viaje no era demasiado largo, pero a Izan se le hizo como un día entero. Tenía demasiada curiosidad por tener su regalo y eso hacía que el tiempo pasara más lento. Aterrizaron y bajaron con la maleta que no hizo falta que la facturaran.

martes, 12 de octubre de 2010

Amistad y amor capitulo 14

14º- Cena sorpresa

-Bueno ¿y tú que? ¿Ya tienes a alguien?- preguntó Izan dándole un codazo.

-No… bueno si, pero… creo no tengo ninguna posibilidad. - respondió Cesar.

-¿Por qué?- preguntó Izan extrañado. - y… ¿Quién es?

-Porque no nos conocemos de nada, es una chica muy guapa y morena. Trabaja en el colegio de Rosa.- respondió Cesar

-¿No estarás hablando de Estela?- preguntó Izan incrédulo.

-¿La conoces?- eso dejó a Cesar descolocado.

-Si. Se llama Estela, es una de las mejores amigas de Rosa. - informó Izan a su amigo- pero ¿de qué la conoces?

-De vista, la vi el otro día salir de ese colegio y estaba hablando con Rosa. Me quedé loco, es guapísima,- respondió Cesar sin mirar a los ojos a Izan. -Pero seguro que tiene novio, una hermosura como ella tiene que tener a miles detrás.

-Te equivocas amigo. Está soltera y sin compromiso. Si quieres te la presento. - dijo Izan con una sonrisa.

-Me harías un grandísimo favor, pero ya sabes que soy muy tímido en este sentido… - Dijo Cesar.

-Bueno no te preocupes. Si no vas a estar a solas con ella, a no se que quieras, claro… -le sonrió. - Iremos los cuatro ¿Qué te parece?- preguntó Izan.

- ¡Que eres el mejor amigo del mundo! - respondió César abrazándole. - Gracias- dijo al salir por la puerta.

Ver a su amigo tan animado le alegró más el día, si es que era posible. Decidió llamar a Rosa para contárselo, pues quería organizar la cena para que ambos se conocieran. Ella se alegró mucho ante la noticia.

-He pensado que la organicemos en casa y podría ser mañana, así estaremos más tranquilos. –comentó él.

-Me parece bien hacerlo en casa, pero ¿por qué no lo hacemos mejor aprovechando el puente?

-Pues… es que… -intentaba encontrar una excusa convincente para que no le cazara la mentira. –Resulta que… César no va a estar libre en el puente, le tocan guardias, así que no podrá quedar.

-Ah, entiendo. –dijo. –Bueno, vale, la hacemos mañana.

-Vale, mi niña, te veo en casa.

-Lo estoy deseando. Te quiero. –contestó antes de colgar.

El día pasó rápido, Rosa estaba emocionada. Le dijo a Estela que cenara en su casa al día siguiente, que le esperaba una sorpresa y que le gustaría mucho. Ella estaba algo reticente ante la idea de una sorpresa, pero confiaba en su amiga.

Al día siguiente, las horas pasaron más lentas, sobre todo para Estela, que estaba ansiosa por conocer su esperada sorpresa. Izan y Rosa habían comprado todo lo necesario la tarde anterior.

Una vez que llegaron a casa estuvieron preparándolo todo para cuando llegaran los dos. Rosa estaba histérica. –Preciosa, cálmate.

-Es que quiero que esto salga bien, además quiero que mi amiga sea feliz. –contestó algo abstraída.

-Bueno, yo me voy a buscar a César, así llegará Estela y luego llegaremos nosotros. –dijo él.

-Claro, así se podrá arreglar y yo también.
-Bueno te veré luego. Te quiero. –dijo besándola.

Salió de la casa, para ir a buscar a su amigo, mientras Rosa se quedó en casa esperando a su amiga. Poco rato después llegó Estela a casa, que estaba bastante nerviosa. –Hola… ¿Me vas a decir cuál es la sorpresa?

-Todavía no. Hasta que no venga Izan no sabrás lo que es.

-Eres mala… -se quejó.

-Bueno, vamos a arreglarnos. –dijo ella para cambiar de tema.

Estuvieron vistiéndose, y luego maquillándose, entre las dos resultaba más rápido y entretenido. No pararon de hablar en todo el tiempo, hasta que oyeron las llaves de la puerta.

-Ya viene Izan. –dijo Rosa con una sonrisa. –Vamos.

Las dos fueron hasta la entradita. Rosa saludó con un beso muy cariñoso a Izan. Pero Estela no se sorprendió, ya estaba acostumbrada. Se quedó parada cuando vio un chico al lado de la puerta.

Era muy alto, con unas facciones muy varoniles y una mirada profunda. Él se quedó observándola, con una media sonrisa, y ligero rubor en las mejillas. Había esperado muchos días para poder conocerla en persona.

Se acercó lentamente a ella. –Hola… me llamo César y soy amigo de Izan y de Rosa. –dijo tímidamente.

-Hola… me llamo Estela.

-Lo sé. –contestó él.

-Bueno, vamos a pasar a cenar ¿no? –propuso Izan.

Ellos dos pasaron delante, y las chicas detrás. Rosa se acercó a su amiga para poder susurrarle al oído. –Bueno ¿Te gusta tu sorpresa?

-¿Él es la sorpresa? –preguntó sorprendida. –yo… -no pudo seguir porque se ruborizó.

-Solo queremos que os conozcáis, lo que hagáis después… es cosa vuestra. –dijo sonriendo a su amiga.

Se sentaron a la mesa, donde estaba toda la comida lista. Al principio, tanto César como Estela estaban bastante cohibidos, y casi no articulaban palabra. Pero entre Izan y Rosa consiguieron que se relajaran lo suficiente como para ponerse a hablar.

Izan y Rosa tenían momentos cariñosos, en los que no podían evitar darse besos y cogerse de la mano. En esos momentos, tanto César como Estela, se miraban a la vez y apartaban la mirada avergonzados.

martes, 5 de octubre de 2010

Amistad y amor capitulo 13

13º- sorpresas

Ella hacía lo mismo, tenía sed de amor, pues cada vez se sentía más atraída hacia Izan, sentía todo el amor que crecía en su interior, y que ansiaba entregarse de nuevo en ese instante a Izan.

Pronto estuvieron desnudos, frente a frente, mirándose con admiración, amor y lujuria. Sentían una imperiosa necesidad de amarse y darse amor por todas partes y de todas las formas posibles.

Rosa bajó su mano, en busca del miembro de Izan para jugar con él. Mientras Izan, besaba a Rosa por el cuello, para luego ir bajando. Se detuvo en sus pechos, disfrutando de ellos con su lengua, haciendo que ella se estremeciera.

Siguió bajando, por su cuerpo, hasta que llegó a su intimidad. Jugueteó con la lengua para que Rosa experimentara mucho placer. Ella no pudo contener los gemidos provocados por lo que hacía Izan.

Esos gemidos enloquecieron a Izan, que no pudo controlarse, pues estaba ardiendo por dentro. Su interior le gritaba que debía poseer a Rosa o explotaría de tanto contenerse.

Ya no pensaba ni razonaba, solo dejó que sus instintos más primarios salieran a la superficie. Cogió a Rosa por la cintura, penetrándola con rapidez, pues estaba necesitado de su cuerpo, de sentirse dentro de ella.

Nada más entrar en ella, ambos se excitaron tremendamente, dejando que sus cuerpos sintieran por completo al otro, que lo disfrutaran, y experimentaran semejante placer.

Sus movimientos eran rápidos y urgentes, pues sus cuerpos ansiaban sentir mucho placer y darlo. Mientras los besos y caricias no paraban, sino que aumentaban considerablemente.

Esa noche llegaron al clímax en dos ocasiones y fue la mejor experiencia de sus vidas. Durmieron abrazados y con una amplia sonrisa en sus rostros, por haber experimentado tales sensaciones.

Pasados unos cuantos días, las cosas entre ellos estaban mejor que nunca, y Rosa llevaba casi una semana sin encontrarse con Ángel, lo que la animaba bastante a sonreír.

Izan quería dar una sorpresa a Rosa por su aniversario. Cumplían un mes juntos y ese había sido el mejor mes de su vida, aunque habían tenido alguna que otra discusión. Pero eso no le importa, quería celebrarlo.

Llevaba algún que otro día dándole vueltas y no sabía qué hacer. Pues él sabía muy bien que a ella le encantaba el mar, aunque llevaba mucho tiempo sin ir por algún motivo que desconocía.

Se le ocurrió que podían coger un puente de cuatro días e invitarla a un hotel de cinco estrellas con todo incluido en Canarias. Ella no tendría problemas, dado que al trabajar como profesora en un colegio tenía todos los puentes libres, y él se pediría libres los días para irse con ella.

Lo que le iba a costar mucho era mantenerlo en secreto, porque nunca le había podido ocultar nada a Rosa. Ella al momento sabía cuando él estaba mintiendo o cuando no lo estaba haciendo. Eso era lo que peor llevaba, pero al menos lo intentaría.

Empezó a buscar en Internet, encontró uno en el que él estuvo de vacaciones un año y le encanto. Así que no se lo pensó, hizo la reserva por Internet, justo para ese mismo fin de semana que era un puente. Reservó la suite del hotel, le sorprendió pues no pensaba que estuviera libre, solía estar siempre cogida.

Después de hacer la reserva, se puso a buscar los vuelos, conocía una página donde los vuelos salían muy baratos y se puso a mirar, pero entonces sonó su móvil. -¿Si, dígame?- contestó Izan sin saber que era su novia.

-¿Cómo esta el chico mas guapo y maravilloso del mundo?- preguntó Rosa al otro lado del teléfono.

-Hola mi amor, no sabia que eras tú. – respondió Izan con una sonrisa. - Pues bien aquí, que hoy no tengo casi pacientes. Se me esta haciendo eterno el día, pero bueno… ¿y tu día qué tal?

-Bien echándote de menos – respondió ella algo tímida

-¿Y esa timidez de repente?- preguntó Izan sabiendo que la iba a poner más vergonzosa aún.

-Nada… solo que… no estoy sola. - respondió ella muy bajito.

-¿Con quién estás?- preguntó Izan esperando que no sea con Ángel.

-Con Estela.- contestó ella para tranquilizarlo.

-Menos mal… ya pensaba que era con el idiota ese. - dijo Izan más tranquilo.

-Bueno mi niño, te tengo que dejar que ya acabó el recreo. Nos vemos luego. Adiós, te quiero. –dijo ella.

-No más que yo, mi princesa. - respondió Izan con una sonrisa y después colgó el teléfono.

En ese momento entró César por la puerta. Cesar era el mejor amigo de Izan siempre se lo contaban todo y dijo. – Hombre, pero mira a quién tenemos aquí. Al hombre mas serio del mundo, sonriendo ¿Qué paso para que estés tan feliz?

-Que acabo de hablar con Rosa.- respondió Izan sin borrar la sonrisa de su cara.

-¿Cuándo te piensas declarar?- preguntó Cesar.

-Ya lo hice, este sábado hacemos un mes. - respondió Izan.

-¿Y cuándo pensabas contármelo, señorito?- preguntó Cesar.

-Lo siento, se me debió pasar… - se disculpó Izan.

-Bueno tranquilo, y ¿Qué vais hacer? ¿Lo vais a celebrar? –le preguntó su amigo.

-Si, pero ella no va a saber nada, es una sorpresa. La voy a invitar a un viaje a Canarias, a un hotel de cinco estrellas con todo incluido, y por suerte la suite estaba libre. - dijo Izan sonriente.

-¿Cuándo?- preguntó Cesar intrigado.

-Este puente- respondió Izan.- Ya que, por suerte libro los cuatro días…

-Me parece estupendo, y más sabiendo que le encanta tanto el mar como le encanta a ella. - dijo Cesar.

-Espero poder ocultarlo. Ya sabes que siempre me caza cuando la miento. - dijo Izan bajando la mirada.

-Bueno tranquilo intenta no sacar tema, tenerla entretenida. Y ya veras como puedes ocultárselo sin ningún problema. - le animó su amigo.

sábado, 2 de octubre de 2010

Amistad y amor capitulo 12

12º- Buena reconciliación

-Rosa, tú eres mi chica, es mi deber protegerte. –contestó muy decidido. –Y ahora necesito que me digas lo que hizo.

-¿Cómo que lo que hizo? –preguntó extrañada. –Ya te dije que nunca me ha hecho nada, solo mirarme.

-¿Y cómo te miraba? –preguntó. – ¿Qué hacía con las manos?

-Eh… con las manos no hacia nada, porque tenia una cámara de fotos con la que me hacia las fotos. -respondió ella empezando a temblar en los brazos de él.

-¿QUÉ? ¿QUÉ ESE MAMÓN TE ESTABA HACIENDO FOTOS? –preguntó Izan a voz de grito- SERÁ PERVERTIDO…

-Tranquilo mi niño, no te alteres que me estás dando miedo. -dijo Rosa intentando calmarle.

-¿Cómo te miraba? -preguntó Izan intentando calmarse.

-No sabría decirte. Me miraba como pensando que, en el momento que menos me esperaba, vendría a por mi. -respondió ella aun temblando.
- ¡Lo mato! yo en cuanto vea al gilipollas ese, lo mato. -respondió él aun enfadado- por cierto, vuelvo a lo de antes si no me dijiste nada es porque aun quieres algo con él ¿Verdad?

-Pero ¿Qué dices? ¿Estas loco o qué te pasa? ¿Cómo voy a querer yo estar con un violador? -preguntó ella poniéndose seria y separándose de él.

-No digo tonterías, digo la verdad. Si no dijiste nada a nadie es porque en realidad quieres que te haga algo.- respondió Izan aún cegado por los celos.

-No, a ti lo que te pasa es que estas celoso, y no se por qué, dado que lo odio. - respondió Rosa poniéndose mas seria por momentos.

-Yo no estoy celoso, yo solo digo lo que pienso. -contestó Izan.

-Claro, lo que piensas… Mira piensa lo que quieras, no tendrías que estar celoso pero lo estás. No sé por qué si no hay motivos, pero bueno… - dijo Rosa mirando al suelo.- Cuando se te pasen esos celos estúpidos, entonces me dices algo con claridad.

-Vale como quieras- respondió Izan muy serio saliendo por la puerta. Llegó a las escaleras del portal y se sentó en ellas pensando en Rosa.

No comprendía por qué no le daba importancia a algo tan grave. Muy en el fondo sabía que son los celos los que le hacían estar tan furioso, pero la quería demasiado como para no protegerla.

Mientras, Rosa se quedó descolocada en casa llorando. Pasado un rato, de llorar y pensar en Izan, decidió que no podían quedarse así las cosas. Ella comprendía que se hubiera enfadado por no contárselo y se daba cuenta de lo mucho que le quería, así que cogió las llaves y salió por la puerta dispuesta a buscarle.

Al llegar a las escaleras del portal le vio sentado en ellas y con la cabeza escondida entre las manos, se sentó a su lado y le abrazó diciendo. - No puedes ser tan celoso y menos sin motivos. Y tampoco puedes ser tan sobreprotector, porque entonces por esa regla de tres no saldría nunca a la calle sola ¿no crees?

-Lo siento, por lo de los celos, llevas razón. Pero por lo de protegerte no, te quiero demasiado como para permitir que te pase algo. Si te pasara algo me muero… - respondió Izan abrazándola y besándola en sus cabellos.

-Mi niño tonto y sobre protector… - contestó Rosa moviendo la cabeza a los lados con una sonrisa.

-Si lo soy, pero eso solo significa que te quiero o ¿no? - dijo Izan besándola y levantándola en sus brazos. –Anda vamos a tu casa, que aquí no pintamos nada. - y la llevó en brazos hasta su puerta, para así poder entrar.

Entraron y se quedaron abrazados. Rosa lo miró a los ojos. –Me puse fatal cuando vi que te ibas de casa…

-Sé que fui muy impulsivo, pero estaba enfadado. –se justificó.

-No, estabas celoso. –le corrigió ella.

-Bueno… eso también. –dijo avergonzado. –Pero es que no te imaginas cuanto te quiero…

-Seguro que yo te quiero más.

Izan la besó con dulzura mientras sonreía desmesuradamente. –Eso lo dudo mucho. –contestó él. –Llevo queriéndote toda mi vida…

-¿Te puedo preguntar algo?

-Claro, princesa, lo que quieras. –dijo él acariciando su rostro.

-¿Por qué no me lo habías dicho nunca?

-¿Decirte el qué? –preguntó algo extrañado.

-Que te gustaba.

-Porque tú no me veías de la misma forma. –contestó. –Además yo era feliz si tú lo eras, aunque en el fondo me moría de ganas de decírtelo.

-He debido hacerte mucho daño estos años… -dijo apenada agachando la cabeza y escondiendo el rostro en el pecho de Izan.

Él levantó su rostro para encontrar su mirada. –Ey… no digas eso. –dijo él. –Además, lo importante es que por fin me quieres.

-Claro que te quiero, y muchísimo. –respondió sonriente. -¿Te lo demuestro? –preguntó retándole.

-Lo estoy deseando… -susurró dulcemente.

Ella se acercó más a Izan, apretándose hasta el máximo a él. Levantó su rostro para que sus labios se unieran en un beso muy cálido y tierno. Izan puso sus manos en la cintura de Rosa con suavidad.

Empezaron unas tiernas caricias por las partes a las que llegaban, mientras en su interior habían empezado a encenderse. Izan, se volvía loco al tener tan cerca a Rosa, siempre la había deseado, y sobre todo en ese momento.

No tenía autocontrol suficiente para esperar mucho más. La cogió en volandas y se la llevó a la cama. Se tumbó, quedándose encima de ella, para poder empezar a quitarle la ropa con rapidez.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Amistad y amor capitulo 10

10º- Miedos

Pasados unos días, Rosa estaba tranquilamente en el colegio. Ángel se pasó por el colegio, con la escusa de mirar unos documentos. Se encontró con Rosa en el pasillo, y se acercó a ella. - Hola ¿Cómo estas?

-Muy bien, gracias- respondió sin mirarle.

-¿Por qué no me miras?- preguntó desconcertado.

-Porque no tengo porque hablar contigo. No te perdono y nunca te perdonaré. – respondió muy seria.

Ángel se acercó más a ella e hizo que le mirara. - Perdóname lo hice sin pensar. Yo nunca me comporto así y menos con alguien que me importa tanto como tú. Por favor, perdóname.

-No sé lo que voy hacer. Me intentaste hacer algo muy fuerte, me intentaste violar. –le recordó. -Yo con los violadores no quiero tener nada que ver. –contestó. -Además si lo hiciste una vez ¿Quién me dice a mí que no lo puedas volver a intentar?- preguntó Rosa con miedo.

-Porque me gustas. Me gustas mucho y solo pienso en ti a todas horas. - respondió Ángel.

-Pues yo no. Estoy muy a gusto con Izan, y ni me acuerdo de ti.- contestó Rosa.

Esa respuesta, sacó de sus casillas a Ángel. La acorraló contra la pared- ¿Así que con él si que te acuestas pero conmigo no?

Antes de que Rosa pudiera responder llegó Estela y dijo. - ¿Qué esta pasando aquí?

Ángel al oír a Estela, sin darse cuenta, soltó a Rosa. Ella al instante cogió sus cosas y salió corriendo. Se marchó a la calle porque ya era su hora de salir, fue corriendo a los brazos de Izan. Él al verla llorando y tan asustada se alarmó mucho. Así que la abrazó y le preguntó muy preocupado- ¿Qué te pasa princesa, que estas así de asustada?

-Ángel- dijo ella como pudo.

En ese momento, Izan se puso muy furioso. La dijo mintiéndola lo más tranquilo que pudo, para que no notara su furia. - Métete en el coche, voy a hablar con el director. Ella solo asintió y le dijo. - ten cuidado, por favor.

-Tranquila mi preciosa niña, no me va a pasar nada. - respondió Izan cerrando la puerta de Rosa.

Izan se dirigió al colegio. Buscó a Estela para hablar con ella. Cuando la encontró, preguntó por el altercado con Ángel. Pero mientras que hablaba con ella, una voz les interrumpió. –Aquí estoy, idiota ¿Qué quieres?

-Quiero que dejes en paz a mi novia ¿no ves que no quiere saber nada de ti?- preguntó Izan muy cabreado.

-Me da igual que no quiera. Ella me va a perdonar y va a cortar contigo para estar conmigo o ¿no ves qué no te quiere, y qué no le gustas? –preguntó. -En cambio yo le encanto- respondió Ángel con aires de superioridad y de creído.

-Si por eso está conmigo ¿no? –le preguntó. –Por eso ha salido corriendo en cuanto ha podido ¿no?- preguntó Izan.

-Ya estará conmigo. Tú por eso no te preocupes. Siempre consigo lo que quiero y a ella la quiero más que a nada en este mundo. –dijo. – Solo que cometí un error, yo no digo que no- dijo Ángel.

Izan hizo caso omiso de las palabras de Ángel, se marchó al coche, se montó sin decir una palabra y arrancó haciendo que las ruedas chirriaran de forma estridente. Rosa al ver si reacción se asustó. – ¿Qué es lo que ha pasado en el colegio?

-Nada. –dijo apretando los puños en el volante.

-Entonces ¿por qué estás tan malhumorado?
-Cambiemos de tema, por favor… -pidió intentando controlar su mal humor. – ¿Cómo te fue con los peques?

-Bien, como siempre. –contestó. –Pero estoy preocupada. ¿Qué ha pasado con Ángel?

-Nada, solo cruzamos cuatro palabras. Nada de importancia.

-Si no es nada de importancia, ¿Por qué estás tan furioso? –preguntó preocupada por la respuesta que le fuera a dar.

-Es un chulo y un engreído. –dijo. –Como vea que se vuelve a acercar a ti, no respondo de mis actos.

-No te pongas así.

-¡Sí me pongo así! –dijo levantando la voz. –Ese cerdo estuvo a punto de violarte ¿O es que ya se te ha olvidado? –preguntó enfadado.

-¡Claro que no! –gritó ella. –Jamás podré olvidarlo, y menos si me lo recuerdas todos los días…

Rosa estaba emocionalmente frágil, a punto de derrumbarse y las palabras de Izan no la ayudaban demasiado. Él se dio cuenta de que no debió llevar la conversación por ese camino, pues sabía lo mucho que sufría ella por el tema.

-Perdóname… no quería hacerte recordar algo tan espantoso. –dijo con voz de arrepentimiento.

-Mira cielo, todo lo que está pasando estos días es algo que todavía me supera, porque no se cómo actuar. –dijo ella. –Me siento rara, porque tengo miedo a todas horas.

-¿Miedo de Ángel? –preguntó. –Jamás permitiré que vuelva a ponerte ni un dedo encima.

Llegaron a casa de Rosa e Izan aparcó el coche. Ella le miró y acarició su brazo. –No es eso. –Contestó –Tengo miedo a perderte…

-¿Por qué? –preguntó mirándola a los ojos. –Llevaba toda la vida esperándote. No voy a dejarte escapar ahora que tengo tu amor.

Ella derramó algunas lágrimas ante semejante declaración de amor. Ella temía que su historia de amor, que había empezado casi sin darse cuenta, se terminara. –Pues tengo miedo de que te guste otra chica que sea más bonita que yo y te vayas de mi lado…

Izan se rió ante la confesión de su novia. – ¿Pero cómo puedes pensar algo así, mi niña tonta? –preguntó con una sonrisa en los labios. –Llevo toda la vida enamorado de ti, me tienes loco por ti hasta los huesos. Solo tengo ojos para ti, y eso siempre será así. –dijo para luego besarla con mucha dulzura, haciendo que ella se sonrojara por tales palabras.