miércoles, 22 de septiembre de 2010

Amistad y amor capitulo 9

9- Apasionados

-Es que… me da algo de vergüenza, porque sabes que nunca he estado con nadie. –dijo sonrojada. –Además… no quiero decepcionarte.

-Jamás podrías decepcionarme. –contestó acariciando su rostro. –Te llevo esperando toda la vida…

-Pero yo… no sé lo que debo hacer… -su cara se volvía cada vez más roja.

-Yo te guiaré. –contestó con una sonrisa. –Tú solo guíate por tu instinto y tu corazón.

Esas palabras la convencieron y tranquilizaron. Sabía que la persona que más la quería y cuidaba de ella era Izan. Jamás la había lastimado, y siempre había estado a su lado. Sabía que podía confiar en él.

Izan se levantó del sofá con Rosa entre sus brazos. Caminó medio a ciegas hasta la habitación de Rosa. Agradecía que ella durmiera en una cama de matrimonio. Se tumbó dejándola debajo de él.

Comenzaron unas tiernas caricias por las partes a las que llegaban. Izan quitó con dulzura la camiseta de Rosa, dejando a la vista un bonito sujetador azul cielo. Ella al verse sin camiseta se ruborizó, pero Izan quiso calmarla. –Eres preciosa…

Se quitó su camiseta, dejando a la vista su perfecto torso. Rosa le había visto miles de veces en bañador, pero era la primera vez que le miraba con otros ojos. Realmente se daba cuenta de que era un chico extremadamente guapo.

Acarició el pecho de Izan, deleitándose con sus músculos, que la rodeaban y acariciaban. Ambos seguían con los besos, mientras se deshacían ágilmente de la ropa, hasta que estuvieron desnudos.

Se miraron a los ojos, seguros de que lo que sentían en ese momento era real. Seguros de que querían unirse y demostrarse sus sentimientos. Ella se incorporó un poco y buscó en la mesilla de noche. Cogió un preservativo y se lo dio a Izan.

Le sonrió y se lo puso, mientras Rosa observaba el miembro de Izan. Estaba algo aturdida y cohibida, nunca había visto a ningún chico desnudo, ni se había visto en una situación así. Pero sabía que quería entregarse a él.

Una vez se puso el preservativo, movió las caderas de Rosa para poder acceder a su zona íntima. La penetró lentamente, no quería lastimarla, y sabía que al principio notaría algo de molestia.

Pero tras entrar en ella por completo, las sensaciones cambiaron. Empezaron a moverse lentamente, mientras se besaban y acariciaban. Con cada movimiento emitían gemidos de placer.

Rosa jamás había sentido nada semejante, sentía un placer tan extremo que no podía controlar las reacciones de su cuerpo. Izan veía la cara de placer de Rosa. Llevaba años queriendo estar con ella, y al fin lo había conseguido.

Quería darle la mejor experiencia de su vida, demostrarle todo el amor que le tenía. Y por supuesto hacerla experimentar tanto placer como le fuera posible. Ese baile empezó a aumentar de ritmo progresivamente.

Según aumentaba el ritmo, sus gemidos aumentaban también. Izan estaba pletórico de saber que Rosa estaba experimentando todo ese placer. Besó su cuello con suavidad mientras se movía.

Bajó hasta sus pechos, acariciándolos y besándolos, deleitándose con ellos. Esto, hizo que Rosa sintiera tanto placer que no pudo controlarse, mordió en el cuello a Izan. Pero él no sintió dolor, sino placer.

Rosa al ver la reacción de Izan, volvió a morderle. Mientras continuaron en ese baile apasionado, hasta que ambos llegaron al éxtasis, emitiendo un sonoro gemido. Después se besaron cariñosamente y se quedaron abrazados un rato.

Ella no podía evitar estar ruborizada por lo que acababan de hacer. Izan vio su reacción y le dedicó una sonrisa. – ¿Qué es lo que sientes?

-Me siento bien. Esto ha sido… -no pudo terminar la frase pues su sonrojo iba en aumento.

-Ha sido maravilloso. –terminó él.

Se besaron de forma muy tierna sin poder parar de sonreír por lo felices que se sentían en ese instante. –Yo… ¿Lo hice bien? –preguntó con algo de miedo.

-¿Cómo me preguntas eso? –preguntó algo desconcertado.

-Es que como no sabía lo que tenía que hacer, no sé si hice lo que debía. –contestó sin mirarle a los ojos.

-Te has dejado llevar por tu corazón y por tus sentimientos. –dijo. –Eso era lo que yo quería. Nunca había sentido algo así.

-¿En serio? –preguntó. –Pero como has estado con varias chicas…

-Solo con una. –dijo. –No significó nada. Y esa experiencia no fue nada comparado con lo que acabo de sentir estando contigo.

-Eso es precioso. –respondió besándole.

En ese momento, se percató del cuello de Izan. Se acababa de acordar que le había mordido un par de veces por sentir semejante placer. Le había dejado dos buenos chupetones bien visibles. –Uy… lo siento. –se disculpó.

-¿Qué sientes?

-Ve al espejo y mira tu cuello. –dijo ella con algo de miedo a su posible reacción.

Izan se levantó y se miró en el espejo del armario de la habitación. Observó los dos chupetones con detenimiento. Después de unos segundos se giró y volvió a la cama con Rosa.

Ella estaba desconcertada, pues esperaba que se enfadase con ella por haber hecho eso. – ¿No estás enfadado?

-Claro que no. –dijo. – ¿Por qué debería estarlo?

-Por lo del cuello.

Izan se rió ante la respuesta de Rosa. –No pasa nada. Fueron provocados por el placer que sentías, con lo que no me importa. –dijo. –Además, así saben todos que tengo una chica que me quiere.

-Dices unas cosas preciosas. –contestó.

-Te diré todas las cosas bonitas que quieras.

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