domingo, 26 de septiembre de 2010

Amistad y amor capitulo 11

11º- Persecución y discusión

Unos días más tarde, todo iba mejor entre Izan y Rosa, su amor crecía poco a poco. Pero Rosa tenía que esconder un secreto. Cada día al salir del colegio, sentía que la vigilaban, y no tardó mucho en darse cuenta de que era Ángel.

A lo lejos la miraba y hacía fotos, lo que intimidaba mucho a Rosa y la atemorizaba. Pero se resistía a contárselo a Izan, pues sabía lo temperamental que era y no quería que se metiera en un problema por su culpa.

Pero el asunto de Ángel cada vez iba a peor. La seguía con más descaro, mucho más cerca y eso la asustaba cada vez más. Hasta que una tarde, echó a correr, no sabía por qué, pero ese día sentía que algo malo podía pasarle.

Llegó a casa muy nerviosa y asustada, y algunas lágrimas habían empezado a caer por sus mejillas. Intentó disimular todo lo que pudo, pero su cara era de auténtico terror.

Izan al verla se asustó, sujetó la cara de Rosa entre sus manos para mirarla a los ojos. – ¿Qué te ocurre? –preguntó. –Parece que viste a un fantasma.

-No… no es nada. –balbuceó. –es que… estoy destemplada…

-¿Destemplada? –preguntó él extrañado. –Si vienes con la chaqueta hasta arriba.

Rosa intentó cambiar de tema, y que se le olvidara, que no le hiciera más preguntas. –Me voy a duchar y cambiarme de ropa.

-No cambies de tema. –dijo él deteniéndola.

-No cambio de tema. –respondió. –Estoy destemplada y con la ducha quiero coger temperatura.

Rosa se fue a la ducha y él se quedó pensativo y muy preocupado. Esperó a que ella terminara de ducharse y cambiarse. A los quince minutos, terminó y fue al salón sabiendo que no se lo podía esconder, por lo que iba temerosa, él al verla se puso a hablar.

-No me mientas, dime ¿Por qué llegaste asi de asustada?

-Porque… porque parecia que me estaban siguiendo. -respondió ella sin mirarle a los ojos.

-¿Siguiendo? –preguntó. -Ha sido Ángel, ¿verdad?

Rosa se puso nerviosa al escuchar el nombre, además no quería ni recordar que la llevaba siguiendo unos días. Pero sabía que no le quedaba más remedio que decírselo, pues tarde o temprano se iba a enterar.

-Sí, ha sido él. –respondió asustada.
-¿CÓMO? –gritó furioso.

-No grites, ya lleva varios días siguiéndome, y no ha pasado nada. –dijo. Y automáticamente se tapó la boca, al darse cuenta de lo que había dicho.

-¿QUÉ? ¿QUÉ ESTÁS DICIENDO? –su furia aumentaba por momentos. -¿QUÉ ESE LLEVA SIGUIÉNDOTE VARIOS DÍAS Y ME TENGO QUE ENTERAR AHORA?

-No ha pasado nada.

-¡Hasta que pase algo! –dijo enfadado. – ¿No te das cuenta de que al no habérmelo contado te podía haber pasado algo?

-No te pongas así. –dijo. –pensaba contártelo.

-¿Y por qué no lo habías hecho hasta ahora? –preguntó.

-No sé…

¿Qué no sabes? –preguntó. –Si no sabes sería porque querías esconderlo y no decir nada.

-No es eso, es que quería evitar que te enfadaras.

-¿Y por eso te callaste algo tan grave?

-No lo veo tan grave, es que estás exagerando… -dijo ella nerviosa.

-¿Exagerando? –preguntó. – ¿estoy exagerando cuando me entero de que un gilipollas y cabrón, está siguiendo a mi novia para hacerla de todo? –su estado estaba cada vez más alterado.

-No digas eso…

-¿Qué no diga eso? –preguntó. – ¡Parece que estás deseando que te coja para hacerte de todo!

-¡Pero que dices! si fuera eso no intentaría evitarle como hago todo el día en el colegio- dijo ella.

-Deberías habérmelo dicho el primer día hubiera ido a por ti al colegio y esto no pasaría. -respondió Izan intentando calmarse.

-No le daba mucha importancia hasta hoy- dijo Rosa. Pero en cuanto dijo la última frase se tapó la boca.

¿Qué paso hoy? -preguntó él mandando a la mierda lo que había conseguido.

-Parecía que me seguía más rápido. Tuve que correr. Por eso vine así de asustada. –respondió ella. –Además, no puedes estar todo el día detrás de mi, eres mi novio no mi guarda espaldas.

-Pero si estoy contigo ese idiota no se atreverá a seguirte. Te recuerdo que puedo con él. –dijo Izan acercándose a ella.

-Ya, pero te repito no puedes estar todo el día conmigo o ¿te tengo que recordar que tiene que seguir en el trabajo? –le preguntó ella por fin, atreviéndose a mirarle a los ojos por primera vez.

-No me lo recuerdes… que solo de pensarlo me pongo enfermo.- dijo Izan apretando los puños. –Pero por lo menos en el colegio no te puede hacer nada, porque estas rodeada de gente y sobre todo del director.

-Pero aun así no puedes ser tan sobre protector. Yo te lo agradezco, pero también tienes tu trabajo, tus amigos no solo soy yo. –dijo ella abrazándole por la cintura y mirándole a los ojos.

-Tú eres lo más importante de mi vida. Lo demás me da igual con tal de que tú estés bien y a salvo, eso es lo único que me importa. -respondió Izan atrayéndola mucho más hacia él.

-Pero no solo soy yo. Además ya sabes que no me gusta tener guardaespaldas, ni perritos falderos, que soy más de ir por libre. –dijo ella apoyándose en su pecho.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Amistad y amor capitulo 10

10º- Miedos

Pasados unos días, Rosa estaba tranquilamente en el colegio. Ángel se pasó por el colegio, con la escusa de mirar unos documentos. Se encontró con Rosa en el pasillo, y se acercó a ella. - Hola ¿Cómo estas?

-Muy bien, gracias- respondió sin mirarle.

-¿Por qué no me miras?- preguntó desconcertado.

-Porque no tengo porque hablar contigo. No te perdono y nunca te perdonaré. – respondió muy seria.

Ángel se acercó más a ella e hizo que le mirara. - Perdóname lo hice sin pensar. Yo nunca me comporto así y menos con alguien que me importa tanto como tú. Por favor, perdóname.

-No sé lo que voy hacer. Me intentaste hacer algo muy fuerte, me intentaste violar. –le recordó. -Yo con los violadores no quiero tener nada que ver. –contestó. -Además si lo hiciste una vez ¿Quién me dice a mí que no lo puedas volver a intentar?- preguntó Rosa con miedo.

-Porque me gustas. Me gustas mucho y solo pienso en ti a todas horas. - respondió Ángel.

-Pues yo no. Estoy muy a gusto con Izan, y ni me acuerdo de ti.- contestó Rosa.

Esa respuesta, sacó de sus casillas a Ángel. La acorraló contra la pared- ¿Así que con él si que te acuestas pero conmigo no?

Antes de que Rosa pudiera responder llegó Estela y dijo. - ¿Qué esta pasando aquí?

Ángel al oír a Estela, sin darse cuenta, soltó a Rosa. Ella al instante cogió sus cosas y salió corriendo. Se marchó a la calle porque ya era su hora de salir, fue corriendo a los brazos de Izan. Él al verla llorando y tan asustada se alarmó mucho. Así que la abrazó y le preguntó muy preocupado- ¿Qué te pasa princesa, que estas así de asustada?

-Ángel- dijo ella como pudo.

En ese momento, Izan se puso muy furioso. La dijo mintiéndola lo más tranquilo que pudo, para que no notara su furia. - Métete en el coche, voy a hablar con el director. Ella solo asintió y le dijo. - ten cuidado, por favor.

-Tranquila mi preciosa niña, no me va a pasar nada. - respondió Izan cerrando la puerta de Rosa.

Izan se dirigió al colegio. Buscó a Estela para hablar con ella. Cuando la encontró, preguntó por el altercado con Ángel. Pero mientras que hablaba con ella, una voz les interrumpió. –Aquí estoy, idiota ¿Qué quieres?

-Quiero que dejes en paz a mi novia ¿no ves que no quiere saber nada de ti?- preguntó Izan muy cabreado.

-Me da igual que no quiera. Ella me va a perdonar y va a cortar contigo para estar conmigo o ¿no ves qué no te quiere, y qué no le gustas? –preguntó. -En cambio yo le encanto- respondió Ángel con aires de superioridad y de creído.

-Si por eso está conmigo ¿no? –le preguntó. –Por eso ha salido corriendo en cuanto ha podido ¿no?- preguntó Izan.

-Ya estará conmigo. Tú por eso no te preocupes. Siempre consigo lo que quiero y a ella la quiero más que a nada en este mundo. –dijo. – Solo que cometí un error, yo no digo que no- dijo Ángel.

Izan hizo caso omiso de las palabras de Ángel, se marchó al coche, se montó sin decir una palabra y arrancó haciendo que las ruedas chirriaran de forma estridente. Rosa al ver si reacción se asustó. – ¿Qué es lo que ha pasado en el colegio?

-Nada. –dijo apretando los puños en el volante.

-Entonces ¿por qué estás tan malhumorado?
-Cambiemos de tema, por favor… -pidió intentando controlar su mal humor. – ¿Cómo te fue con los peques?

-Bien, como siempre. –contestó. –Pero estoy preocupada. ¿Qué ha pasado con Ángel?

-Nada, solo cruzamos cuatro palabras. Nada de importancia.

-Si no es nada de importancia, ¿Por qué estás tan furioso? –preguntó preocupada por la respuesta que le fuera a dar.

-Es un chulo y un engreído. –dijo. –Como vea que se vuelve a acercar a ti, no respondo de mis actos.

-No te pongas así.

-¡Sí me pongo así! –dijo levantando la voz. –Ese cerdo estuvo a punto de violarte ¿O es que ya se te ha olvidado? –preguntó enfadado.

-¡Claro que no! –gritó ella. –Jamás podré olvidarlo, y menos si me lo recuerdas todos los días…

Rosa estaba emocionalmente frágil, a punto de derrumbarse y las palabras de Izan no la ayudaban demasiado. Él se dio cuenta de que no debió llevar la conversación por ese camino, pues sabía lo mucho que sufría ella por el tema.

-Perdóname… no quería hacerte recordar algo tan espantoso. –dijo con voz de arrepentimiento.

-Mira cielo, todo lo que está pasando estos días es algo que todavía me supera, porque no se cómo actuar. –dijo ella. –Me siento rara, porque tengo miedo a todas horas.

-¿Miedo de Ángel? –preguntó. –Jamás permitiré que vuelva a ponerte ni un dedo encima.

Llegaron a casa de Rosa e Izan aparcó el coche. Ella le miró y acarició su brazo. –No es eso. –Contestó –Tengo miedo a perderte…

-¿Por qué? –preguntó mirándola a los ojos. –Llevaba toda la vida esperándote. No voy a dejarte escapar ahora que tengo tu amor.

Ella derramó algunas lágrimas ante semejante declaración de amor. Ella temía que su historia de amor, que había empezado casi sin darse cuenta, se terminara. –Pues tengo miedo de que te guste otra chica que sea más bonita que yo y te vayas de mi lado…

Izan se rió ante la confesión de su novia. – ¿Pero cómo puedes pensar algo así, mi niña tonta? –preguntó con una sonrisa en los labios. –Llevo toda la vida enamorado de ti, me tienes loco por ti hasta los huesos. Solo tengo ojos para ti, y eso siempre será así. –dijo para luego besarla con mucha dulzura, haciendo que ella se sonrojara por tales palabras.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Amistad y amor capitulo 9

9- Apasionados

-Es que… me da algo de vergüenza, porque sabes que nunca he estado con nadie. –dijo sonrojada. –Además… no quiero decepcionarte.

-Jamás podrías decepcionarme. –contestó acariciando su rostro. –Te llevo esperando toda la vida…

-Pero yo… no sé lo que debo hacer… -su cara se volvía cada vez más roja.

-Yo te guiaré. –contestó con una sonrisa. –Tú solo guíate por tu instinto y tu corazón.

Esas palabras la convencieron y tranquilizaron. Sabía que la persona que más la quería y cuidaba de ella era Izan. Jamás la había lastimado, y siempre había estado a su lado. Sabía que podía confiar en él.

Izan se levantó del sofá con Rosa entre sus brazos. Caminó medio a ciegas hasta la habitación de Rosa. Agradecía que ella durmiera en una cama de matrimonio. Se tumbó dejándola debajo de él.

Comenzaron unas tiernas caricias por las partes a las que llegaban. Izan quitó con dulzura la camiseta de Rosa, dejando a la vista un bonito sujetador azul cielo. Ella al verse sin camiseta se ruborizó, pero Izan quiso calmarla. –Eres preciosa…

Se quitó su camiseta, dejando a la vista su perfecto torso. Rosa le había visto miles de veces en bañador, pero era la primera vez que le miraba con otros ojos. Realmente se daba cuenta de que era un chico extremadamente guapo.

Acarició el pecho de Izan, deleitándose con sus músculos, que la rodeaban y acariciaban. Ambos seguían con los besos, mientras se deshacían ágilmente de la ropa, hasta que estuvieron desnudos.

Se miraron a los ojos, seguros de que lo que sentían en ese momento era real. Seguros de que querían unirse y demostrarse sus sentimientos. Ella se incorporó un poco y buscó en la mesilla de noche. Cogió un preservativo y se lo dio a Izan.

Le sonrió y se lo puso, mientras Rosa observaba el miembro de Izan. Estaba algo aturdida y cohibida, nunca había visto a ningún chico desnudo, ni se había visto en una situación así. Pero sabía que quería entregarse a él.

Una vez se puso el preservativo, movió las caderas de Rosa para poder acceder a su zona íntima. La penetró lentamente, no quería lastimarla, y sabía que al principio notaría algo de molestia.

Pero tras entrar en ella por completo, las sensaciones cambiaron. Empezaron a moverse lentamente, mientras se besaban y acariciaban. Con cada movimiento emitían gemidos de placer.

Rosa jamás había sentido nada semejante, sentía un placer tan extremo que no podía controlar las reacciones de su cuerpo. Izan veía la cara de placer de Rosa. Llevaba años queriendo estar con ella, y al fin lo había conseguido.

Quería darle la mejor experiencia de su vida, demostrarle todo el amor que le tenía. Y por supuesto hacerla experimentar tanto placer como le fuera posible. Ese baile empezó a aumentar de ritmo progresivamente.

Según aumentaba el ritmo, sus gemidos aumentaban también. Izan estaba pletórico de saber que Rosa estaba experimentando todo ese placer. Besó su cuello con suavidad mientras se movía.

Bajó hasta sus pechos, acariciándolos y besándolos, deleitándose con ellos. Esto, hizo que Rosa sintiera tanto placer que no pudo controlarse, mordió en el cuello a Izan. Pero él no sintió dolor, sino placer.

Rosa al ver la reacción de Izan, volvió a morderle. Mientras continuaron en ese baile apasionado, hasta que ambos llegaron al éxtasis, emitiendo un sonoro gemido. Después se besaron cariñosamente y se quedaron abrazados un rato.

Ella no podía evitar estar ruborizada por lo que acababan de hacer. Izan vio su reacción y le dedicó una sonrisa. – ¿Qué es lo que sientes?

-Me siento bien. Esto ha sido… -no pudo terminar la frase pues su sonrojo iba en aumento.

-Ha sido maravilloso. –terminó él.

Se besaron de forma muy tierna sin poder parar de sonreír por lo felices que se sentían en ese instante. –Yo… ¿Lo hice bien? –preguntó con algo de miedo.

-¿Cómo me preguntas eso? –preguntó algo desconcertado.

-Es que como no sabía lo que tenía que hacer, no sé si hice lo que debía. –contestó sin mirarle a los ojos.

-Te has dejado llevar por tu corazón y por tus sentimientos. –dijo. –Eso era lo que yo quería. Nunca había sentido algo así.

-¿En serio? –preguntó. –Pero como has estado con varias chicas…

-Solo con una. –dijo. –No significó nada. Y esa experiencia no fue nada comparado con lo que acabo de sentir estando contigo.

-Eso es precioso. –respondió besándole.

En ese momento, se percató del cuello de Izan. Se acababa de acordar que le había mordido un par de veces por sentir semejante placer. Le había dejado dos buenos chupetones bien visibles. –Uy… lo siento. –se disculpó.

-¿Qué sientes?

-Ve al espejo y mira tu cuello. –dijo ella con algo de miedo a su posible reacción.

Izan se levantó y se miró en el espejo del armario de la habitación. Observó los dos chupetones con detenimiento. Después de unos segundos se giró y volvió a la cama con Rosa.

Ella estaba desconcertada, pues esperaba que se enfadase con ella por haber hecho eso. – ¿No estás enfadado?

-Claro que no. –dijo. – ¿Por qué debería estarlo?

-Por lo del cuello.

Izan se rió ante la respuesta de Rosa. –No pasa nada. Fueron provocados por el placer que sentías, con lo que no me importa. –dijo. –Además, así saben todos que tengo una chica que me quiere.

-Dices unas cosas preciosas. –contestó.

-Te diré todas las cosas bonitas que quieras.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Amistad y amor capitulo 8

8º-Escuchando al corazón

Ella le siguió el beso sonriente. Empezó a acariciarle el cuello y el pelo y a su vez la espalda. Los besos cada vez eran más intensos. Él empezó a acariciarla por la cintura y ella por el pecho.

Izan la llevó al sofá para que se tumbaran y estuvieran más cómodos. Todo lo hacía sin soltar ni un segundo los labios de Rosa. Pues todavía no se lo podía creer. Pero de repente, sonó el timbre.

-Genial ¡qué oportunos! - dijo Izan con cara de fastidio.

Rosa soltó una risita nerviosa y tímida y se levantó para abrir la puerta y preguntó. - ¿Quién es?

-Soy Ángel. Ábreme ,por favor- dijo la voz de Ángel detrás de la puerta.

Rosa dio un bote y miró a Izan con miedo. Pero él le hizo una señal para que abriera. Ella abrió y se puso muy seria. - ¿Qué quieres?

-Que me perdones, no sé lo que me pasó. Te juro que jamás me comporto así y menos con alguien que me importa, perdóname- dijo Ángel con voz suplicante.

-No te voy a perdonar. No quiero saber nada de ti. Nuestro trato va a ser estrictamente profesional. – Respondió Rosa lo más tranquila que pudo.

-Eso ya lo veremos. –Respondió Ángel dispuesto a lanzase de nuevo a por Rosa.

Pero Izan, que hasta ese momento estaba escondido, se acercó hasta ellos y dijo. - No te atrevas a ponerle un dedo encima, por que soy capaz de matarte, estúpido

-Jajaja no puedes conmigo y lo sabes. –Respondió Ángel con aires de superioridad.

-Ya pude contigo y sin ningún problema ¿o ya se te olvido?- preguntó Izan todavía delante de Rosa, protegiéndola con su cuerpo.

-Eso ya se vera. –dijo Ángel preparando el puño para darle un puñetazo.

Pero Rosa interrumpió la discusión. –Que pares o voy a llamar a la policía. –le amenazó.

Izan intenta tranquilizarse por ella, pues aun estaba muy asustada. Y Ángel dijo. - Está bien, pero piénsatelo al menos. No quiero perder el principio de una amistad o de algo más.

Rosa solo asintió con la cabeza abrazando a Izan, e intentando hacer todo lo posible por no temblar de lo asustada que estaba. Mientras Ángel se marchó y Rosa se tranquilizó un poco sin soltar a Izan.

Éste se dio la vuelta y la abrazó, intentaba calmarla, besándola el cuello. Él sabía que era su punto débil y que si le hacía algo ahí, la conseguiría tranquilizar. Pasados unos minutos, se calmó por completo.

-Gracias, me salvaste de nuevo. –dijo abrazándose a su cuello y suspirando aliviada.

-Por ti hago cualquier cosa, mi niña. –Respondió Izan acariciándole la espalda.

Rosa se sonrojó y él notó el calor que desprendían sus mejillas y dijo. - ¿te sonrojaste, preciosa?

Ella negó con la cabeza, pero Izan sabía que si que lo estaba. Se separó unos centímetros de ella y la miró a los ojos. –A ver, mmm... ¡qué mentirosilla eres tú! ¿Eh? -dijo. - Ahora te vas a enterar por mentirme. –Dijo Izan, que comenzó a hacerla cosquillas.

-Jajaja para Jajaja para. –dijo Rosa como pudo.

-Paro, si me das un beso. –Respondió Izan retándola.

Rosa no se lo pensó dos veces. Le besó con mucha dulzura y cariño. Mientras sus cuerpos se juntaban más aún si era posible. Pero Izan estaba enfadado por lo ocurrido con Ángel y se puso tenso, dejando de estar concentrado en el beso.

Ella se dio cuenta, sabía que estaba enfadado, le conocía desde niña, y sabía que si no intentaba calmarlo, estaría mal todo el tiempo durante unos días. Se separó unos centímetros de su rostro para poder mirarlo.

-Sé que estás enfadado por lo de Ángel. –dijo. –Te conozco desde que éramos niños, pero por favor, olvídalo.

-No puedo olvidarlo. –contestó. –Al ver lo que estuvo a punto de hacer ese maldito bastardo… -dijo cerrando los ojos y apretando los puños.

-Pues tienes que olvidarlo. –respondió ella sujetándole el rostro con sus manos. –Yo quiero que estés bien, que sonrías para mí.

Sin darle tiempo a responder, volvió a abrazarle. Ella quería que Izan se olvidara de todo. Rosa por fin estaba empezando a aclarar sus sentimientos por él, se estaba dejando guiar por el corazón y no quería verle mal.

Pero el estar tan cerca, ambos un poco vulnerables, anímicamente hablando, y con esos sentimientos a flor de piel… Hicieron que Rosa empezara a encenderse por dentro, creándose en ella una necesidad de sentirse querida.

Se aproximó todo lo que pudo a Izan, sentándose encima de él. Los besos comenzaron a ser más intensos. Mucho más intensos de lo que lo habían sido hasta ese momento.

Izan estaba desconcertado, estaba sediento de Rosa, de tocarla, acariciarla, besarla, tenerla entre sus brazos… pero era todo tan repentino que se sentía extraño. A Rosa le ocurría algo parecido. –No se si te beso porque somos amigos o por qué.

-Haz lo que sientas… -le susurró.

Volvieron a unir sus labios de forma muy tierna, pero con más urgencia que antes. Ella se sentía rara, conocía a su amigo desde que era una niña, lo sabía todo de él. Y en su interior algo le decía que necesitaba entregarse a él.

Que su primera vez debía ser con él. Pero sintió miedo, a no hacerlo bien, que Izan se sintiera decepcionado con ella. Además la vergüenza empezó a asomar en ella, pues nunca había estado de esa forma con nadie.

Izan notó la actitud de Rosa, e intentó hablar con ella, entre beso y beso. – ¿Qué te ocurre?

jueves, 16 de septiembre de 2010

Amistad y amor capitulo 7

7º-Sentimientos confundidos

Pero Rosa estaba demasiado asustada para contestar. Lo único que pudo hacer fue abrazarse a su amigo. Lloró con más fuerza, pero de alivio porque estaba a salvo. Dio las gracias porque hubiera llegado a tiempo.

No se dieron cuenta de que Ángel se levantó y se acercó a ellos. Golpeó la espalda de Izan, que emitió un grito desgarrado. Empezaron una dura pelea de puñetazos y patadas, que daban y recibían por igual.

Rosa lo observaba todo temblando. Tenía miedo por si Izan resultaba herido. Estaba aterrada ante la idea de que le ocurriera algo. Era su amigo del alma, pero… le observaba de forma distinta.

Ya no veía a aquel chico con cara de niño que siempre le había sacado una sonrisa. Veía a un gran hombre, musculoso, fuerte, con carácter, que la estaba protegiendo y defendiendo.

Pero Izan empezó a tener ventaja. Llevaba muchos años haciendo deporte y sabía muy bien cómo defenderse, así que no le costó demasiado tumbar a Ángel. Izan iba a darle otra buena cantidad de golpes pero Rosa se lo impidió.

-Ya no le pegues más. –pidió.

-¿Le defiendes a pesar de que ha intentado violarte? –preguntó furioso.

-No le defiendo. –contestó. –Solo quiero ir a casa y olvidarme de todo.

Él al verla tan frágil y vulnerable se calmó. En ese momento solo ansiaba tenerla en sus brazos para consolarla y protegerla. Soltó la camiseta de Ángel y se acercó hasta Rosa.

Ella se agarró a él, y después de colocarse la ropa, se dirigieron a casa de Rosa, caminando en silencio. Subieron a casa y se sentaron en el sofá sin decir ni una palabra, hasta que Izan rompió ese silencio.

-Cuando vi lo que ese canalla intentaba hacerte… -dijo apretando los puños.

-No quiero que lo menciones. –contestó. –Tú tenías razón y yo no quise escucharte. –añadió.

-Eso ahora da igual.

-No da igual. –dijo. –Yo me porté muy mal contigo. No tuve en cuenta tus sentimientos, y aún así me has ayudado.

-Siempre te ayudare. Estés como estés, estemos como estemos. Me importas demasiado como para no hacer una cosa así por ti. - respondió Izan abrazándola.

¿En serio? –preguntó sonriendo.

-Pase lo que pase, siempre estaré para protegerte y cuidarte. –Juró Izan acariciándole la espalda.

Ambas miradas se cruzaron. No hacían falta las palabras, los dos con una simple mirada se lo podían decir todo.

Izan ya estaba algo más tranquilo de verla a salvo y algo más calmada. Ella se sentía muy protegida en sus brazos, también sabia que jamás le haría daño y que estaba dispuesto a cualquier cosa por ella.

Rosa se olvidó de lo que había pasado con Ángel, dado que estaba en su casa con una persona magnifica. No entendía lo que la estaba pasando. Algo estaba cambiando ya no le veía como siempre, algo en su interior se estaba removiendo y ella todavía no sabia que era o que significaba.

Sabiendo que nunca le haría daño, ella dejó que su cuerpo actuara solo. Se fue acercando poco a poco a él, hasta que los labios de ambos se juntaron suavemente, fue un beso corto pero muy calido y tierno.

Una vez que ese beso acabó, los dos se miraron intensamente a los ojos. Ninguno de los dos había planeado esa situación. No tenían pensado que pasara algo por el estilo, después de que Rosa viviera lo que vivió hacía apenas unas horas con Ángel.

Rosa se dio cuenta de lo que acababa de hacer y saltó del sillón. Se puso de pie y dijo.- ¡lo siento!

-Sshhh tranquila no pasa nada. No te voy a agobiar ni nada. - respondió Izan poniéndose de pie a su lado para tranquilizarla

-No debí hacerlo. Es como jugar contigo.- contestó Rosa negando con la cabeza.

-No juegas conmigo. Porque si hubiera sido así yo me hubiera apartado y no lo hice. Además me encanto- dijo Izan sonriente. - ¿es que estás confundida?

-Si… bueno no, bueno no sé. Además esto no puede seguir así. Tú y yo somos amigos y si esto cambia… no quiero ni pensarlo…- respondió Rosa mirando al suelo.

-Sshhh cálmate, tranquila. - intentó calmarla Izan.

Pasaron unos días y los dos estaban muy extraños. Izan porque había conseguido robarle un beso a su preciosa Rosa. Ella porque estaba extraña pero feliz. Aunque, a la vez, estaba muy confundida. Tenía mucho miedo a que su amistad se acabara; además tenía miedo de que llegara a confundir sus sentimientos y perderlo del todo y para siempre.

Izan fue a verla porque ella seguía extraña. –No te sientas extraña. Haz lo que sientas, no tengas miedo. A mi no me vas a perder. –dijo. -Pase lo que pase, ya te lo dije. Pero tienes que aclararte, así no puedes estar.

-Ya lo se pero tengo miedo y ¿si me confundo? Y ¿si sale mal?... y si…- dice Rosa empezando a híper ventilar.

-Ssshhh tranquila no te agobies. –intentó calmarla. –No tengas miedo, yo siempre voy a estar contigo. –dijo. –Y si descubres que fue una confusión del momento, seguimos como siempre y ya esta. –añadió muy tranquilo.

-¿Y tú? –preguntó. -No quiero que sufras y mucho menos por mi culpa. No me lo perdonaría nunca- dijo Rosa mirándole triste.

-Por mi no te preocupes, yo voy a estar bien. Mientras estemos juntos sea como amigos o como algo más- respondió Izan.

Rosa empezó a pensar sin mirarle, sin saber que lo va a decir en alto. - ¿Y cómo dejo de estar confundida?

Izan al escucharla comenzó a reírse a carcajadas, y Rosa se quedó extrañada. - ¿Qué te pasa? ¿Me oíste?

-Si, lo dijiste en alto, jeje. -respondió Izan.

Ella se sonrojó e Izan dijo. - Es muy sencillo. Cierra los ojos y escucha lo que tu corazón te dice. - Rosa le hizo caso y cerró los ojos. Pasados unos minutos los abrió y sonrió.

-¿Qué? ¿Qué te dijo?- preguntó Izan con mucha curiosidad.

Rosa se lanzó a su cuello sonriendo. Y cuando ya estaba con los brazos alrededor de su cuello le dijo juguetona. - ¿Quieres saber lo que me dice?

-Claro que lo quiero saber. – respondió Izan un poco asustado.

Rosa sonrió aun más y le dio un pequeño beso en los labios. Le miró tímidamente porque no sabía si él quería que siguiera o no. Pero Izan sonrió y empezó un beso muy tierno y suave.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Amistad y amor capitulo 6

6º- En peligro

Unos días más tarde, Ángel invitó a Rosa a dar un paseo, en un parque cercano a casa de Rosa. Fue una tarde muy amena para los dos, en la que estuvieron hablando sobre cada uno para conocerse más a fondo.

Pasadas un par de horas les empezó a entrar hambre. –Oye, Rosa, ¿Te apetece que vayamos a cenar? –preguntó. –Yo ya tengo hambre.

-La verdad es que yo también tengo hambre.

-Pues entonces vamos. –contestó dedicándole una profunda sonrisa.

Se sentaron en una terracita de un restaurante que había muy cerca de la casa de Rosa, y como hacia muy buen tiempo, se estaba muy a gusto fuera. Durante la cena se dedicaron varias miradas intensas.

Ambos notaban la atracción que existía entre los dos. Casi se podía ver y tocar. Ángel, deseaba acercarse más a Rosa y besarla para estar con ella. Mientras hablaban cogió su mano que descansaba en la mesa.

Rosa ante eso se sonrojó desmesuradamente, y apretó la mano de Ángel, mientras su rostro seguía ruborizado. Pero no se había fijado que Izan acababa de doblar la esquina y justo vio el momento en que se cogían de la mano.

Él iba a casa de Rosa dispuesto a disculparse por su actitud infantil con respecto a Ángel y los vio agarrados de la mano y sonriendo como dos tontorrones. Eso pudo con él.

Izan se alejó. Pues no le apetecía seguir viendo como el amor de su vida estaba tonteando con otro. Se marchó hacia el portal de Rosa intentando calmarse para que cuando ella llegase no estuviera tan cabreado.

Mientras se intentaba calmar y pensaba en como disculparse por su comportamiento de esta tarde. Pasadas dos horas, llegó Rosa al portal, y cuando vio a Izan allí dijo. - Hola ¿Qué haces aquí?

-Quería disculparme por lo del otro día- respondió Izan mirando al suelo

-La verdad no entiendo por que te pusiste así, si lo estábamos pasando muy bien- dijo Rosa abriendo la puerta.

-Estaba celoso. Siempre has estado conmigo, y de repente empiezas a hablar de él y solo es él. -respondió Izan sujetando la puerta para que ella pasase y después pasó él.

-¿Estabas celoso?- preguntó Rosa extrañada.

-Si lo reconozco, estaba y estoy celoso. - Repitió Izan.

-¿Celoso por qué?- preguntó Rosa aún atónita.

-¿¡Acaso tengo que explicártelo!?- dijo Izan.

Rosa se quedó de piedra, e Izan se calló porque no quería estropear más las cosas. - Dame unos días para poder calmarme. Yo solo quiero que seas feliz, aunque sea con él.

-Está bien- respondió Rosa preocupada.

Pasados unos cuantos días, Rosa y Ángel estaban paseando tranquilamente y hablando por un parque poco transitado, al lado de casa de Rosa. Él intentó besarla y ella se apartó. - ¡¿Qué haces?! ¡¿Estas tonto?!

-No, solo quiero besarte. Sé que lo estás deseando. –dijo. -Además también sé que me quieres y que te gusto.- respondió Ángel acercándose cada vez más a ella.

Rosa se apartó hasta que un árbol le impidió seguir alejándose. Ángel la acorraló y volvió a intentar besarla. Ella intentaba resistirse pero esa ocasión no pudo. Según la besaba, le hizo creer que le encantaba.

Le rodeó el cuello con los brazos siguiéndole el beso. Una vez que vio que estaba confiado le pegó una patada en sus partes. Ángel al notar la patada protestó. – Aaahh ¿Qué haces?

-Ya te lo dije, no quiero que me beses- respondió Rosa.

Ángel lo volvió a hacer. Pero en esa ocasión, ella no podía hacer nada porque estaba inmovilizada. Él comenzó a acariciarla por el cuerpo, mientras ella intentaba zafarse de él por todos los medios.

Incluso algunas lágrimas habían empezado a caer por su rostro, pues sus intentos por liberarse eran inútiles. Ángel se deleitaba con el perfecto cuerpo de Rosa, sus manos se posaban en cada parte de ella.

Metió las manos por debajo de la camiseta para poder tocarla mejor, mientas ella se agitaba cada vez más sin poder liberarse. –No te resistas… así solo me pones mucho más…

-Déjame… -pedía con voz suplicante.

-Si seguro que te gusta… -dijo con una sonrisa.

Atrapó las manos de Rosa por encima de su cabeza con una de sus manos, y con la otra bajó hasta sus pantalones. Desabrochó el botón y empezó a bajarlos un poco para poder acceder a la intimidad de Rosa.

Eso la puso más nerviosa, sabía lo que Ángel la haría, y ella no tenía modo de escapar. Mientras vio con horror cómo él se desabrochaba los pantalones, con lo que su llanto se incrementó…

…………………..

Izan llevaba varios días encerrado en sí mismo. Sabía que por mucho que amase a Rosa, debía hacer todo lo posible porque fuera feliz. Y si ella era feliz al lado de Ángel, tendría que apoyarla.

Pensó que podría hablar con ella, decirle que ya estaba tranquilo, que podría contar con él para lo que necesitase. Que solo sería su amigo si era lo que ella necesitaba.

Fue a casa de Rosa caminando. Por la hora que era tal vez estaría en casa, y se dijo a sí mismo que por probar suerte no pasaría nada. Decidió atajar por el parque de al lado de casa de Rosa.

Aunque era un sitio poco transitado, era el camino más corto hasta la casa de su amiga, y él ansiaba hablar con ella. Pero empezó a escuchar pequeños gritos desesperados.

Creyó que alguien podía necesitar ayuda, así que se asomó a mirar. Lo que no se podía imaginar era la escena que estaba presenciando. Ángel estaba encima de Rosa, intentando forzarla.

Veía como la tocaba por todas partes mientras ella lloraba. La intentaba violar, ¡y delante de sus narices! Eso jamás lo consentiría. Se acercó a ellos aceleradamente y cogió por la espalda a Ángel, apartándolo de Rosa.

Lo tiró contra el suelo de forma brusca, mientras Rosa se quedó bloqueada al verle. Él se acercó a ella. – ¿Estás bien?

lunes, 13 de septiembre de 2010

Amistad y amor capitulo 5

5º- Izan conoce a Ángel

Ya no podía declararse a Rosa, no cuando ella estaba observando con la boca abierta la mesa donde estaba el famoso e imbécil de Ángel. No sabía cuál de los cuatro era, pero los miraba a todos con odio.

-De todos ellos ¿Quién es?- preguntó Izan intentando controlarse.

-Aquel el de la camisa blanca moreno- dijo Rosa sin apartar la mirada de Ángel.

Izan le miró con odio sin que Rosa se diera cuenta. Y en ese instante, miró Ángel hacia la mesa de Rosa e Izan y éste apartó la mirada a la vez que Rosa. Ella dijo- bueno ¿qué te parece? ¿A qué es muy guapo?

-Si será muy guapo, pero no te conviene. Es un chulo y un creído. - respondió Izan intentando abrirle los ojos a su amiga.

En ese momento se levantó Ángel y pasó al lado de la mesa de ellos dos y miró a Izan con cara de asco y a Rosa la sonrió. Ella se quedó mirándole mientras se alejaba e Izan dijo muy bajo sin darse cuenta de que lo decía. - idiota, creído, chulo…

-¿Qué dices?- preguntó Rosa al haberle oído.

-No, nada no he dicho nada- respondió Izan haciéndose el loco, al descubrir que lo ha dicho en alto.

A los dos minutos volvió a pasar Ángel y dijo. - Hombre ¡qué casualidad! ¿Qué estas aquí con tu novio?

-No, no es mi novio, es mi mejor amigo. - respondió Rosa sonriente y mirándole. Ángel al oír eso miró a Izan con aires de superioridad y dijo- Encantando, yo soy Ángel.

-Izan- respondió éste ofreciéndole la mano para que la estrechasen. Ángel la cogió gustoso. Izan en el momento que la cogió la estrechó muy fuerte, mirándole con la mirada asesina advirtiéndole que se alejase de Rosa

Ángel en ese momento, sonrió con una sonrisa falsa diciéndole con la mirada que no se pensaba alejar, dejaron de estrecharse las manos y Ángel dijo. – Bueno Rosa ¿y qué haces por aquí?

-Pues nada que hemos ido a ver una película al cine y ahora te estamos cenando tranquilamente- respondió Rosa feliz.

-¿Qué película habéis visto?- preguntó ángel interesándose.

-Una de miedo. Que por cierto no me gusto mucho, pero bueno… Se titula “The crazies” no se si te sonara- respondió Rosa.

-Si me suena. Y por cierto, si hubieras venido conmigo no hubieras tenido tiempo ni de asustarte, porque estarías ocupada con otras cosas- respondió Ángel guiñándole un ojo a Rosa.

Rosa en ese instante se sonrojó y miró a su plato. Ángel sonrió al ver su reacción, mientras Izan estaba al borde de explotar y decirle unas cuantas cosas a su amiga. Pero prefirió callarse para que ella no se enfadara con él. Ángel se fue y Rosa dijo. - ¿A qué es simpático?

-Ya te he dicho lo que opino de él. Además tú te mereces algo mejor. - respondió Izan intentando no mostrar su furia.

-Pero si es muy majo, simpático y agradable- contestó Rosa sonriente.

-No aguanto más esta noche, me voy a casa a dormir. - dijo Izan explotando al fin.

-Vale como quieras. Tú sabrás si estas bien para ir a tu casa a descansar- respondió Rosa sobresaltada por como acababa de actuar su amigo.

Terminaron de cenar, Izan lo pagó todo como parte de su apuesta. Salieron del restaurante y la acompañó a su casa. Subieron los dos e Izan cogió un par de cosas para irse a dormir a su casa.

Sin decirle nada a Rosa, salió por la puerta casi dando un portazo y Rosa al oír el portazo dio un bote y dijo en voz alta. - ¿qué le pasa que esta tan raro y enfadado? -se preguntó. –Bueno, ya se le pasara. –se metió en su habitación se cambió de ropa y se metió en la cama

Rosa no pegó ojo en toda la noche, recordando la buena tarde que había pasado. Y haber estado hablando con Ángel la había mejorado más todavía. Lo que le hizo recordar la actitud tan infantil que había tenido su amigo.

Tenía que hablar con él al día siguiente, pues quizás le había pasado algo y eso empezó a preocuparla. Pero cuando se levantó y marcó el número de Izan le sorprendió que no se lo cogió.

A lo largo del día lo siguió intentando. Pero las primeras veces no se lo cogió, y después le colgaba el teléfono. Eso hizo que Rosa empezara a enfadarse con su amigo, aunque una parte dentro de ella estaba preocupada por si le había sucedido algo.

Por la tarde, por fin y después de varias llamadas Izan le cogió el teléfono a Rosa con bastante desgana. – ¿Qué?

-¿Por qué no me cogiste el teléfono? –preguntó. –Llevo todo el día intentando localizarte.

-Ya vi todas tus llamadas, estaba con otras cosas. –contestó algo seco.

-¿Te pasa algo? –preguntó Rosa preocupada.

-¿A mí? –preguntó. – ¿Por qué crees que me pasa algo?

-Porque ayer te fuiste de repente y sin despedirte, y porque te llevo llamando todo el día y no me lo has cogido.

Izan estaba muy enfadado con su amiga. No podía creerse que estuviera tan ciega como para interesarse por un tipo como Ángel, así que no pensó en lo que decía. – ¿Es que tenemos que estar pendientes el uno del otro las veinticuatro otras del día? –preguntó. – ¡Qué no somos siameses!

Eso dejó algo cortada a Rosa. No se esperaba semejante respuesta por parte de su mejor amigo. –Perdona, no quería molestarte. –dijo. –Esta tarde nos vemos como siempre ¿no?

-Pues no puedo, estoy ocupado. –contestó muy fríamente.

-Ah, vale. –respondió apenada. –Pues que pases buena tarde. Un beso.