4º- Disfrutando la invitación
Izan durmió esa noche pensando en el restaurante al que llevaría a Rosa, y la película a la que la invitaría. Estaba tan contento por tener su oportunidad de declararse a Rosa que no veía el momento de que llegara su esperada cita.
Por la mañana temprano, ya se había levantado. Estaba casi totalmente recuperado, con lo que sabía que no podría estarse muchos días más en casa de Rosa para que cuidara de él. Así que tenía que aprovechar su cita.
Mientras Rosa se fue a trabajar, él se quedó en casa. Estuvo mirando por Internet varios restaurantes. La llevaría a uno que estaba bastante cerca de casa pero bastante elegante.
Después estuvo mirando la cartelera, miró los horarios de la de “The crazies”, le habían dicho que daba algunos sustos. Era la película idónea, pues así cuando Rosa se asustase se pegaría a él.
Cuando Rosa llegó por la tarde, él la estaba esperando impaciente, estaba ansioso por estar a solas con Rosa en el cine, a oscuras y tan cerca… La vio entrar con una amplia sonrisa. –Hola, recuerda que hoy invitas tú.
-Lo sé, ya lo estuve mirando todo. –dijo besándola cariñosamente en la mejilla.
Rosa se cambió de ropa, se puso un vestido azul cielo precioso, era su favorito. Izan ya le había visto en más ocasiones con el vestido, pero le resultaba inevitable que se le cayera la baba al mirarla.
Tuvo que disimular bastante para que no se notara que se había sonrojado de tanto mirarla. –Venga vámonos que al final no llegamos al cine y sabes que yo tengo que ir despacio, aunque me da mucha rabia.
-Tranquilo que ya estoy. –dijo ella cogiendo el bolso.
Se marcharon al cine, era un cine pequeñito del barrio, les encantaba ir allí, sobre todo a Rosa. Compraron las entradas y Rosa nada más ver el titulo ya le entró miedo. –Pero… está peli seguro que es de mucho miedo…
-No creo que sea para tanto. Pero además yo estoy al lado, no tienes que asustarte. –contestó dedicándole una sonrisa.
Entraron al cine, y al principio estuvieron bien. Pero en cuanto la película dio algún susto, Rosa se agarró al brazo de Izan. Al ver su reacción, el sonrió, agradeciendo la oscuridad para poder sonreír por su cercanía con ella.
Una vez que acabó la película salieron, pues Izan había reservado en un restaurante. Rosa iba casi temblando por la película, Izan quiso tranquilizarla. –No ha sido para tanto. Estás tan blanca como una pared…
-Me dijiste que no daba miedo… -contestó ella.
-Y no lo daba, aunque por como me dejaste el brazo, debe ser que si te asustaste. –dijo frotándose el brazo y fingiendo que le dolía.
-Perdóname, pero me asusté mucho. –se disculpó.
Hablando llegaron al restaurante, Rosa no lo conocía pero ya solo la fachada era muy elegante. Unos remordimientos le acudieron. –No hace falta que la cena sea en un sitio tan caro.
-No pasa nada. Además me dijeron que se come genial. –dijo él para tranquilizarla mientras abrió la puerta y la dejó pasar cortésmente.
Ella pasó y se quedó maravillada al ver lo elegante que era, al entrar le preguntaron a Izan. - ¿señores tenían reserva?
-Si a nombre de Izan Suárez- respondió él tranquilamente sonriente
-Si aquí lo tengo, síganme por favor- respondió el camarero y los condujo a una mesa en la terraza. Izan fue a la silla de Rosa y la apartó un poco para que se sentara mientras el camarero dejó la carta en la mesa.
Después Izan se sentó a su lado y cogió una de las cartas sonriente diciendo- bueno ¿qué vas a querer de beber?
-Pues una coca cola- respondió Rosa también mirando la carta.
-¿Y de comer?- preguntó Izan.
¿Qué te parece si pedimos unos entrantes para los dos y luego un plato cada uno?- propuso Rosa.
-Me parece genial ¿Qué entrantes pedimos?- dijo él sonriente.
-¿Unas croquetas y unos calamares?- preguntó Rosa.
-No croquetas no, que para croquetas ya tenemos las tuyas, que están riquísimas- dijo Izan.
-Pues calamares y ¿una ensalada mixta?- dijo a modo de pregunta ella.
-Vale me parece bien y de plato principal ¿Qué pedimos?- preguntó él.
-Yo un entrecot con patatas fritas- contestó Rosa.
-Vale yo pido un plato combinado- respondió el cerrando la carta.
A los dos minutos vino el camarero y les tomó nota, mientras la comida llega ellos empezaron a hablar tranquilamente. Estaba siendo una velada estupenda. Izan estaba pletórico, sabía que era su momento para declararse a Rosa y tenía que aprovecharlo.
-Oye Rosa, yo… quería hablar contigo de algo… -dijo dubitativo y jugando con sus manos.
Pero Rosa no dijo nada, él la miró y se dio cuenta de que no le estaba mirando ni haciendo caso. Giró la cabeza para ver lo que observaba con tanto interés, y se fijó en una mesa en la que había cuatro chicos.
-¿Qué miras tanto? – le preguntó a su amiga.
-En la mesa de allí está Ángel, me acabo de dar cuenta. –contestó anonadada.
Eso hizo que Izan hirviera por dentro, se había estropeado su gran momento. La tarde iba muy bien, y se acababa de estropear por el imbécil de Ángel. Ni siquiera le conocía pero ya le odiaba por tener tan enamorada a Rosa.
viernes, 10 de septiembre de 2010
jueves, 9 de septiembre de 2010
Amistad y amor capitulo 3
3º- Recuperación
Llegó el día en el que daban el alta a Izan y Rosa esta ahí para acompañarle a su casa. Una vez dentro, le llevó al sofá y le colocó unos cojines para que estuviera más cómodo; mientras Izan intentaba no sisear de dolor para no preocuparla ni asustarla.
-¿Estas cómodo así?- le pregunta ella
-Si muchas gracias- responde él
-Voy a dejar tus cosas en la habitación ahora vengo- dice ella yéndose hacia la habitación que tiene preparada para él. Mientras Izan sonreía por poder quedarse con ella como siempre había soñado y encendió la tele.
Pasados varios días, Izan se iba recuperando notablemente, quitando en algunos momentos donde su esguince de mano y sus costillas rotas le impedían hacer determinados movimientos. Una tarde, Rosa llegó muy feliz del trabajo e Izan al verla así de feliz le preguntó.
-¿Qué te pasa que estás tan feliz?
-Nada que e conocido a un chico que es muy simpático, es muy mono, pero un poco chulo. - dijo Rosa con cara de enamorada.
-¿Y dónde le conociste?
-Pues en el colegio, es el inspector de esta zona. –contestó Rosa con una sonrisa en la boca.
-¿Cómo te ha dado por conocer al inspector? –le preguntó con curiosidad su amigo.
-No sé, es que me le presentó Estela, que yo no lo conocía y es… -contestó mientras no terminó la frase. –Bueno aún no sé como es. Tan solo sé que se llama Ángel y es muy simpático.
-Rosa, ¿no me acabas de decir que es un poco chulo? –le preguntó a su amiga. –No es bueno juntarse con gente así, pues los de su alrededor acaban mal.
-A lo mejor él no es así, se le ve un buen chico. –contestó sin perder la sonrisa.
Izan decidió dejar el tema. Sabía que no conseguiría nada bueno, tan solo ofuscarse porque no era él en quien se había fijado Rosa. Sabía que los tipos que iban de chulos por la vida solo querían rollos y utilizaban a las chicas, no consentiría que le hiciera eso a Rosa.
Decidió disfrutar del buen humor de Rosa. Aunque no le gustara el motivo de su sonrisa, siempre era bienvenido el buen humor de su amiga y esa amplia y preciosa sonrisa que ella tenía.
Durante los siguientes días, Izan tuvo que aguantar que Rosa cada tarde le contara cosas de Ángel. No paraba de hablarle de él y eso le empezaba a sacar de quicio, pero no quería herir a su amiga.
Pero uno de los días, Izan estaba algo más irritable que de costumbre y no pudo callarse. –Rosa por favor, ya estoy de Ángel que me sale por las orejas, y eso que no le conozco.
-Lo siento… es que… me gusta bastante. –confesó ruborizándose.
Eso hizo que Izan ardiera por dentro. Ese tal Ángel en tan solo unos días se estaba acercando al corazón de Rosa, y él no lo había logrado en toda su vida. –Bueno pero, que te guste no significa que tengas que hablar de él a todas horas. –contestó bastante seco.
-Perdóname, tienes razón. –se disculpó.
-Bueno tranquila, yo también lo siento. Hoy estoy enfadado con el mundo y yo lo he pagado contigo. - respondió él para que no se le notara que era porque hablaba tanto de él. Para animarla le dijo. - Un día de de estos me gustaría conocerlo, si no te importa
-¡¡Claro!! Mi mejor amigo y el chico que me gusta se tienen que conocer si o si. - dijo ella feliz
Izan estaba cada vez más nervioso y cabreado no se creía que ese tal Ángel hubiera conseguido en una semana lo que él lleva toda su vida intentando conseguir, y le soltó lo más tranquilo que pudo. –Bueno pues cuando este recuperado del todo quedamos un día los tres y me lo presentas
-Vale- respondió ella de acuerdo con él, sin saber que su amigo estaba haciendo todo lo posible por callarse todos los insultos que tenía de ese Ángel.
………………………..
Mientras tanto Ángel estaba de juerga con sus amigos de bar en bar. Liándose unos días con unas otros días con otras, es decir, que era todo un mujeriego y como era moreno de ojos color marrón miel y muy musculoso, era comprensible que todas fueran detrás de él.
Aún no había habido ninguna chica que lo hubiera logrado enamorar o eso pensaba él. Porque uno de esos días, vería a una mujer preciosa, con la que coincidiría casi todos los días, pero no se fijaba bien y por eso tardó en enamorarse.
…………………..
Izan y Rosa estaban jugando una partida de ajedrez. Siempre les ha gustado a los dos. Sus partidas habían sido siempre muy reñidas; tanto que, a veces se habían dado por vencidos, dejándolas en tablas más de una vez.
Aunque cada vez que había un ganador, solía ser Rosa. Salvo en una ocasión, que fue distinto. Se apostaron que quien perdiera la partida invitaba a cenar y al cine al otro.
Izan estaba deseando perder porque ahí veía clara su oportunidad para declararse. Pues cada vez iba teniendo más claro que o se lanzaba o la iba a perder para siempre por un chulo que apenas la conocía de nada.
En cambio él, él sabia su comida favorita, su ciudad y país favoritos, su tipo de música, las películas que más y que menos le gustaban, si le gustaba o no ir de compras. En fin, todo lo que un mejor amigo enamorado sabe.
Pero ese tal Ángel, ¿qué sabía de ella? que era profesora de infantil en uno de los tantos colegios a los que iba por su trabajo. No estaba dispuesto a perderla por un chulo, lo tenía muy claro.
Izan al estar prácticamente en su mundo no se enteraba de casi nada de la partida. Con lo cual no tenía que hacer mucho esfuerzo para perder, y claro llegó Rosa y dijo. - ¡¡¡ Jaque mate!!! ¡¡Gane!!
-Vaya… he perdido. – dijo Izan haciendo un puchero fingido, porque por dentro se estaba muriendo de la alegría de haber perdido para tener su oportunidad.
-No pongas esa carita sabes que no me gusta verte con ese pucherito- dijo Rosa acercándose a él, abrazándolo y besándolo en la mejilla como a él le gustaba.
Esos besos eran muy repetidos en la mejilla, que si se llegaban a dar muchas veces podían llegar a producir muchas cosquillas. Como en ese momento le pasaba a Izan- Para ja, ja, ja para que me haces cosquillas- dijo como pudo entre risas
-Vale está bien, paro. Pero si me prometes que no vas a poner ese puchero- dice ella divertida.
-¡¡Lo prometo!!- dice el también en tono divertido.
Llegó el día en el que daban el alta a Izan y Rosa esta ahí para acompañarle a su casa. Una vez dentro, le llevó al sofá y le colocó unos cojines para que estuviera más cómodo; mientras Izan intentaba no sisear de dolor para no preocuparla ni asustarla.
-¿Estas cómodo así?- le pregunta ella
-Si muchas gracias- responde él
-Voy a dejar tus cosas en la habitación ahora vengo- dice ella yéndose hacia la habitación que tiene preparada para él. Mientras Izan sonreía por poder quedarse con ella como siempre había soñado y encendió la tele.
Pasados varios días, Izan se iba recuperando notablemente, quitando en algunos momentos donde su esguince de mano y sus costillas rotas le impedían hacer determinados movimientos. Una tarde, Rosa llegó muy feliz del trabajo e Izan al verla así de feliz le preguntó.
-¿Qué te pasa que estás tan feliz?
-Nada que e conocido a un chico que es muy simpático, es muy mono, pero un poco chulo. - dijo Rosa con cara de enamorada.
-¿Y dónde le conociste?
-Pues en el colegio, es el inspector de esta zona. –contestó Rosa con una sonrisa en la boca.
-¿Cómo te ha dado por conocer al inspector? –le preguntó con curiosidad su amigo.
-No sé, es que me le presentó Estela, que yo no lo conocía y es… -contestó mientras no terminó la frase. –Bueno aún no sé como es. Tan solo sé que se llama Ángel y es muy simpático.
-Rosa, ¿no me acabas de decir que es un poco chulo? –le preguntó a su amiga. –No es bueno juntarse con gente así, pues los de su alrededor acaban mal.
-A lo mejor él no es así, se le ve un buen chico. –contestó sin perder la sonrisa.
Izan decidió dejar el tema. Sabía que no conseguiría nada bueno, tan solo ofuscarse porque no era él en quien se había fijado Rosa. Sabía que los tipos que iban de chulos por la vida solo querían rollos y utilizaban a las chicas, no consentiría que le hiciera eso a Rosa.
Decidió disfrutar del buen humor de Rosa. Aunque no le gustara el motivo de su sonrisa, siempre era bienvenido el buen humor de su amiga y esa amplia y preciosa sonrisa que ella tenía.
Durante los siguientes días, Izan tuvo que aguantar que Rosa cada tarde le contara cosas de Ángel. No paraba de hablarle de él y eso le empezaba a sacar de quicio, pero no quería herir a su amiga.
Pero uno de los días, Izan estaba algo más irritable que de costumbre y no pudo callarse. –Rosa por favor, ya estoy de Ángel que me sale por las orejas, y eso que no le conozco.
-Lo siento… es que… me gusta bastante. –confesó ruborizándose.
Eso hizo que Izan ardiera por dentro. Ese tal Ángel en tan solo unos días se estaba acercando al corazón de Rosa, y él no lo había logrado en toda su vida. –Bueno pero, que te guste no significa que tengas que hablar de él a todas horas. –contestó bastante seco.
-Perdóname, tienes razón. –se disculpó.
-Bueno tranquila, yo también lo siento. Hoy estoy enfadado con el mundo y yo lo he pagado contigo. - respondió él para que no se le notara que era porque hablaba tanto de él. Para animarla le dijo. - Un día de de estos me gustaría conocerlo, si no te importa
-¡¡Claro!! Mi mejor amigo y el chico que me gusta se tienen que conocer si o si. - dijo ella feliz
Izan estaba cada vez más nervioso y cabreado no se creía que ese tal Ángel hubiera conseguido en una semana lo que él lleva toda su vida intentando conseguir, y le soltó lo más tranquilo que pudo. –Bueno pues cuando este recuperado del todo quedamos un día los tres y me lo presentas
-Vale- respondió ella de acuerdo con él, sin saber que su amigo estaba haciendo todo lo posible por callarse todos los insultos que tenía de ese Ángel.
………………………..
Mientras tanto Ángel estaba de juerga con sus amigos de bar en bar. Liándose unos días con unas otros días con otras, es decir, que era todo un mujeriego y como era moreno de ojos color marrón miel y muy musculoso, era comprensible que todas fueran detrás de él.
Aún no había habido ninguna chica que lo hubiera logrado enamorar o eso pensaba él. Porque uno de esos días, vería a una mujer preciosa, con la que coincidiría casi todos los días, pero no se fijaba bien y por eso tardó en enamorarse.
…………………..
Izan y Rosa estaban jugando una partida de ajedrez. Siempre les ha gustado a los dos. Sus partidas habían sido siempre muy reñidas; tanto que, a veces se habían dado por vencidos, dejándolas en tablas más de una vez.
Aunque cada vez que había un ganador, solía ser Rosa. Salvo en una ocasión, que fue distinto. Se apostaron que quien perdiera la partida invitaba a cenar y al cine al otro.
Izan estaba deseando perder porque ahí veía clara su oportunidad para declararse. Pues cada vez iba teniendo más claro que o se lanzaba o la iba a perder para siempre por un chulo que apenas la conocía de nada.
En cambio él, él sabia su comida favorita, su ciudad y país favoritos, su tipo de música, las películas que más y que menos le gustaban, si le gustaba o no ir de compras. En fin, todo lo que un mejor amigo enamorado sabe.
Pero ese tal Ángel, ¿qué sabía de ella? que era profesora de infantil en uno de los tantos colegios a los que iba por su trabajo. No estaba dispuesto a perderla por un chulo, lo tenía muy claro.
Izan al estar prácticamente en su mundo no se enteraba de casi nada de la partida. Con lo cual no tenía que hacer mucho esfuerzo para perder, y claro llegó Rosa y dijo. - ¡¡¡ Jaque mate!!! ¡¡Gane!!
-Vaya… he perdido. – dijo Izan haciendo un puchero fingido, porque por dentro se estaba muriendo de la alegría de haber perdido para tener su oportunidad.
-No pongas esa carita sabes que no me gusta verte con ese pucherito- dijo Rosa acercándose a él, abrazándolo y besándolo en la mejilla como a él le gustaba.
Esos besos eran muy repetidos en la mejilla, que si se llegaban a dar muchas veces podían llegar a producir muchas cosquillas. Como en ese momento le pasaba a Izan- Para ja, ja, ja para que me haces cosquillas- dijo como pudo entre risas
-Vale está bien, paro. Pero si me prometes que no vas a poner ese puchero- dice ella divertida.
-¡¡Lo prometo!!- dice el también en tono divertido.
miércoles, 8 de septiembre de 2010
Amistad y Amor capitulo 2
2º- Atacado
Unos días más tarde, Izan había quedado con Rosa, pues era el cumpleaños de una amiga de Rosa. Se llamaba Estela, y Rosa se llevaba muy bien con ella, la compraría un regalo, y quería que Izan la acompañase, pues no soportaba ir sola de compras.
Estaba llegando al portal de Rosa, cuando alguien le empujó por detrás. –Oye tú, danos todo lo que lleves encima. –dijo una voz grave.
Izan se giró y vio a tres chicos, con muy malas pintas, y cara de pocos amigos. Uno de ellos era bastante más alto que él, parecía un armario de lo grande que era. Los otros dos eran de su estatura y muy delgaduchos.
Él no se achantó, llevaba muchos años haciendo deporte y sabía cómo defenderse. Pero lo cogieron entre dos de ellos para que el otro le empezara a golpear. Izan intentaba zafarse.
Consiguió liberar uno de los brazos, dándoles un par de golpes, pero no fue suficiente. Volvieron a inmovilizarle. Los golpes empezaron a ser más seguidos y potentes.
Cayó al suelo de tanto golpe. No solo recibía puñetazos, sino también patadas llenas de furia. Sintió cómo una de esas patadas le rompía algunas costillas. Y siseó de dolor.
Izan estaba muy mal herido. Cuando vieron que no se movía le robaron la cartera y salieron corriendo. Afortunadamente para él no se llevaron el móvil. Con mucho esfuerzo lo sacó del bolsillo del pantalón y marcó el número de Rosa.
Ella al descolgarlo estaba muy contenta. -¿Te falta mucho para llegar? –le preguntó. –Yo ya estoy lista.
-Estoy en tu calle, me pegaron una paliza… -dijo con gran esfuerzo.
Rosa no dijo nada más. Colgó el teléfono, cogió el bolso y salió disparada con la cara llena de angustia. Unos cuantos metros alejado de su portal, había un gran bulto en el suelo. Ella supo al instante que se trataba de su amigo.
Corrió hasta él y se horrorizó al verle lleno de moratones y la cara ensangrentada. – ¿Qué te ha pasado?
-Me robaron… -dijo.
-Voy a llamar a una ambulancia. –contestó cogiendo su móvil.
Llamó a la ambulancia que no tardó más que unos minutos en llegar. Lo pusieron en la camilla. Rosa se subió a la ambulancia, no quería separarse de él hasta que le dijeran cómo se encontraba.
Llegaron al hospital y se le llevaron para revisarle, curarle las heridas y hacerle varias pruebas, mientras Rosa tuvo que quedarse en la sala de espera. Pasada una hora vio salir a un médico.
Rosa se acercó a él con la cara angustiada. –Doctor ¿Me puede decir cómo está mi amigo?
-Pues tiene muchos moratones y golpes, se le rompieron tres costillas y tiene un esguince en la muñeca. –explicó el médico. –Pero con unos cuantos días de reposo los golpes y moratones se le curarán. Aunque lo del esguince y las costillas le llevará más tiempo.
-Entiendo. –dijo. – ¿Puedo pasar a verlo?
-Claro, está en la segunda planta, en la habitación 212.
Rosa no dijo nada más, fue corriendo para buscar la habitación de Izan, necesitaba comprobar con sus propios ojos que estaba bien. Al llegar, abrió la puerta con cuidado y en la cama vio a su amigo.
Él al escuchar el ruido de la puerta giró la cabeza, y al ver a Rosa esbozó una amplia sonrisa. –Hola…
Rosa se acercó a él y le abrazó con delicadeza. –Estaba muy preocupada… -suspiró. –Ya me ha dicho el médico cómo estás.
-En unos días estaré como nuevo. –contestó.
-Casi se me salió el corazón cuando te vi allí en el suelo… -un escalofrío la recorrió mientras recordaba esa imagen.
-Eran tres, de haber sido uno lo hubiera machacado. –dijo él.
-No se te ocurra hacerte el héroe, que podría haberte pasado algo más grave… -contestó Rosa.
Estuvo todo lo que quedaba de tarde con su amigo. La hora de visitas se acabó pero ella decidió quedarse a dormir aunque Izan no estaba de acuerdo. –No es necesario que te quedes.
-Claro que sí es necesario. –contestó. –Y no me voy a ir por mucho que me digas, así que no insistas.
Izan no quiso discutir con Rosa, en esos momentos tenía todas las de perder. Estuvo cenando aunque le costó bastante. Su amiga tuvo que ayudarle pues al moverse un poco veía las estrellas.
Le administraron un calmante así que empezó a sentirse cansado y los párpados se le cerraron casi sin darse cuenta. Rosa al ver que se había dormido, sonrió tranquila. Decidió echarse en el sofá a descansar un rato pues iba a ser una noche muy larga.
Durmió del tirón con el calmante, y se despertó bastante temprano. Se fijó y vio a Rosa recostada en el sofá. La veía tan linda… era como una de las princesas de los cuentos.
Quería sorprenderla, despertándola cariñosamente, pero al intentar moverse, sintió un gran dolor en las costillas y gritó a causa del dolor. Eso sobresaltó a Rosa que se despertó alarmada.
-¿Qué ocurre? ¿Te encuentras bien? –preguntó nerviosa.
-No pasa nada, es que quería levantarme. –contestó.
-No vuelvas a hacerlo, tienes que descansar. –dijo levantándose.
-Está bien… -se rindió. –Habrás dormido fatal por haberte empeñado en quedarte ¿Verdad?
-No es tan incómodo como parece. –contestó desperezándose.
-Bueno hasta mañana no me dan el alta, pero esta noche no se te ocurra quedarte. –le dijo.
-Claro que me quedo. –contestó con decisión. –Tú necesitas ayuda, así que yo no me muevo de aquí.
-Rosa, tienes que irte al trabajo, entras dentro de una hora. –le recordó él.
-No voy a moverme de aquí.
-Claro que si, o me enfadaré contigo. –contestó Izan muy serio.
Rosa, al final tuvo que rendirse. –Está bien… Iré a trabajar, pero en cuanto salga vengo aquí para cuidarte.
-Está bien, pero ahora vete que seguro que tus niños vendrán con energía por la mañana. –dijo Izan sonriendo a su amiga.
Unos días más tarde, Izan había quedado con Rosa, pues era el cumpleaños de una amiga de Rosa. Se llamaba Estela, y Rosa se llevaba muy bien con ella, la compraría un regalo, y quería que Izan la acompañase, pues no soportaba ir sola de compras.
Estaba llegando al portal de Rosa, cuando alguien le empujó por detrás. –Oye tú, danos todo lo que lleves encima. –dijo una voz grave.
Izan se giró y vio a tres chicos, con muy malas pintas, y cara de pocos amigos. Uno de ellos era bastante más alto que él, parecía un armario de lo grande que era. Los otros dos eran de su estatura y muy delgaduchos.
Él no se achantó, llevaba muchos años haciendo deporte y sabía cómo defenderse. Pero lo cogieron entre dos de ellos para que el otro le empezara a golpear. Izan intentaba zafarse.
Consiguió liberar uno de los brazos, dándoles un par de golpes, pero no fue suficiente. Volvieron a inmovilizarle. Los golpes empezaron a ser más seguidos y potentes.
Cayó al suelo de tanto golpe. No solo recibía puñetazos, sino también patadas llenas de furia. Sintió cómo una de esas patadas le rompía algunas costillas. Y siseó de dolor.
Izan estaba muy mal herido. Cuando vieron que no se movía le robaron la cartera y salieron corriendo. Afortunadamente para él no se llevaron el móvil. Con mucho esfuerzo lo sacó del bolsillo del pantalón y marcó el número de Rosa.
Ella al descolgarlo estaba muy contenta. -¿Te falta mucho para llegar? –le preguntó. –Yo ya estoy lista.
-Estoy en tu calle, me pegaron una paliza… -dijo con gran esfuerzo.
Rosa no dijo nada más. Colgó el teléfono, cogió el bolso y salió disparada con la cara llena de angustia. Unos cuantos metros alejado de su portal, había un gran bulto en el suelo. Ella supo al instante que se trataba de su amigo.
Corrió hasta él y se horrorizó al verle lleno de moratones y la cara ensangrentada. – ¿Qué te ha pasado?
-Me robaron… -dijo.
-Voy a llamar a una ambulancia. –contestó cogiendo su móvil.
Llamó a la ambulancia que no tardó más que unos minutos en llegar. Lo pusieron en la camilla. Rosa se subió a la ambulancia, no quería separarse de él hasta que le dijeran cómo se encontraba.
Llegaron al hospital y se le llevaron para revisarle, curarle las heridas y hacerle varias pruebas, mientras Rosa tuvo que quedarse en la sala de espera. Pasada una hora vio salir a un médico.
Rosa se acercó a él con la cara angustiada. –Doctor ¿Me puede decir cómo está mi amigo?
-Pues tiene muchos moratones y golpes, se le rompieron tres costillas y tiene un esguince en la muñeca. –explicó el médico. –Pero con unos cuantos días de reposo los golpes y moratones se le curarán. Aunque lo del esguince y las costillas le llevará más tiempo.
-Entiendo. –dijo. – ¿Puedo pasar a verlo?
-Claro, está en la segunda planta, en la habitación 212.
Rosa no dijo nada más, fue corriendo para buscar la habitación de Izan, necesitaba comprobar con sus propios ojos que estaba bien. Al llegar, abrió la puerta con cuidado y en la cama vio a su amigo.
Él al escuchar el ruido de la puerta giró la cabeza, y al ver a Rosa esbozó una amplia sonrisa. –Hola…
Rosa se acercó a él y le abrazó con delicadeza. –Estaba muy preocupada… -suspiró. –Ya me ha dicho el médico cómo estás.
-En unos días estaré como nuevo. –contestó.
-Casi se me salió el corazón cuando te vi allí en el suelo… -un escalofrío la recorrió mientras recordaba esa imagen.
-Eran tres, de haber sido uno lo hubiera machacado. –dijo él.
-No se te ocurra hacerte el héroe, que podría haberte pasado algo más grave… -contestó Rosa.
Estuvo todo lo que quedaba de tarde con su amigo. La hora de visitas se acabó pero ella decidió quedarse a dormir aunque Izan no estaba de acuerdo. –No es necesario que te quedes.
-Claro que sí es necesario. –contestó. –Y no me voy a ir por mucho que me digas, así que no insistas.
Izan no quiso discutir con Rosa, en esos momentos tenía todas las de perder. Estuvo cenando aunque le costó bastante. Su amiga tuvo que ayudarle pues al moverse un poco veía las estrellas.
Le administraron un calmante así que empezó a sentirse cansado y los párpados se le cerraron casi sin darse cuenta. Rosa al ver que se había dormido, sonrió tranquila. Decidió echarse en el sofá a descansar un rato pues iba a ser una noche muy larga.
Durmió del tirón con el calmante, y se despertó bastante temprano. Se fijó y vio a Rosa recostada en el sofá. La veía tan linda… era como una de las princesas de los cuentos.
Quería sorprenderla, despertándola cariñosamente, pero al intentar moverse, sintió un gran dolor en las costillas y gritó a causa del dolor. Eso sobresaltó a Rosa que se despertó alarmada.
-¿Qué ocurre? ¿Te encuentras bien? –preguntó nerviosa.
-No pasa nada, es que quería levantarme. –contestó.
-No vuelvas a hacerlo, tienes que descansar. –dijo levantándose.
-Está bien… -se rindió. –Habrás dormido fatal por haberte empeñado en quedarte ¿Verdad?
-No es tan incómodo como parece. –contestó desperezándose.
-Bueno hasta mañana no me dan el alta, pero esta noche no se te ocurra quedarte. –le dijo.
-Claro que me quedo. –contestó con decisión. –Tú necesitas ayuda, así que yo no me muevo de aquí.
-Rosa, tienes que irte al trabajo, entras dentro de una hora. –le recordó él.
-No voy a moverme de aquí.
-Claro que si, o me enfadaré contigo. –contestó Izan muy serio.
Rosa, al final tuvo que rendirse. –Está bien… Iré a trabajar, pero en cuanto salga vengo aquí para cuidarte.
-Está bien, pero ahora vete que seguro que tus niños vendrán con energía por la mañana. –dijo Izan sonriendo a su amiga.
martes, 7 de septiembre de 2010
Amistad y amor capitulo 1
1º- Risas y bromas
Rosa estaba una tarde viendo una película, le encantaban las películas de ciencia-ficción y estaba viendo Avatar, que se la acababa de comprar en DVD. Al cabo de un rato sonó su móvil.
-Hola Izan, ¿Qué tal el día en el hospital? ¿Salvaste muchos niños? –preguntó muy alegre mientras dio al Pause en el mando a distancia.
-Bastante bien, pequeña. –contestó. – ¿Y el tuyo?
-Muy bien, ya sabes que los peques me dan alegría. –respondió sonriente. – Oye ¿por qué no te vienes a casa? –le preguntó Rosa. –Estoy viendo Avatar que me la compré ayer.
-Vale, nos vemos en un rato, pequeña. –dijo cariñosamente antes de colgar.
Rosa paró el DVD, así vería la película con Izan. Eran amigos desde el colegio, ella desde el primer día se llevo bien con él, pues era un chico muy simpático y cariñoso, que además tenía los ojos verdes y la mirada de un niño.
Se lo contaban todo, no tenían secretos. Desde siempre se habían apoyado y ayudado. Pero Rosa no sabía que Izan le ocultaba un secreto, era lo único que Izan no se había atrevido a contarle a su amiga…
………………………..
Izan nada más colgar se puso a sonreír desmesuradamente. Rosa le gustaba desde la primera vez que la había mirado. Desde aquel momento habían sido amigos, él la había ayudado y querido con todo su corazón, pero su amiga ignoraba que le gustase de tal forma.
Él sabía que para Rosa, tan solo era un amigo. Quizás era por eso por lo que le resultaba tan inevitable amarla. Durante el camino a casa de Rosa, no paró de pensar en ella, y en su bonita mirada, unos ojos azules grisáceos, que habían que perdiera la concentración solo con mirarlos un segundo.
Llamó al timbre y pasó. Ella le abrazó fuerte, y él la levantó en volandas. Desde pequeños hacían eso, era su saludo especial. Izan estaba encantado de ese saludo, pues le permitía tener entre sus brazos el delicado cuerpo de Rosa.
-Hola. –dijo ella.
-Vaya, si que tenías ganas de verme ¿no? –preguntó Izan levantando una ceja.
-Ya sabes que me encanta verte. Además estoy deseando ver la peli entera y parecía que no llegabas… -se quejó ella.
-Pero si la vimos en el cine. –le recordó su amigo.
-Ya, pero de eso hace mucho. –dijo. –Venga, que hice palomitas y compré chucherías. –añadió tirando de él hacia el sofá.
-Mira que eres impaciente… que no tienes cuatro años, que esa es la edad de tus niños. –se burló.
Estuvieron viendo la película y comiendo todo lo que Rosa había sacado. Durante la película Rosa apoyó la cabeza en Izan, le encantaba ponerse así, siempre había pensado que su amigo tenía un hombro de lo más confortable.
Izan no prestó demasiada atención a la película. Tener a su amiga tan cerca le nublaba el juicio. Cuando acabó la película recogieron los vasos y demás, se había hecho algo tarde.
-Ya se hizo bastante tarde. –dijo Izan mirando el reloj.
-Quédate a cenar. Tengo croquetas y ya sabes que me salen buenísimas. –contestó Rosa presumiendo de su talento culinario.
-Uy… entonces me quedo. Que ya echaba de menos tus estupendas croquetas. –respondió frotándose las manos.
Estuvo friendo las croquetas mientras Izan puso la mesa para los dos. No pudo evitar imaginarse su vida junto a Rosa, lo cierto es que ansiaba tener el valor suficiente algún día para confesarle sus sentimientos, pero mientras, tan solo sería para ella su mejor amigo.
Se pusieron a cenar, mientras Izan como siempre le contaba chistes a Rosa. Lo cierto es que Rosa era una persona de risa fácil, pero además Izan era bastante bueno en el plano cómico.
Izan siempre se tomaba las croquetas de Rosa con tomate frito. Rosa odiaba que su amigo hiciera eso a sus queridas croquetas. –Así las estropeas, con lo buenas que me quedaron. –protestó.
-Así las mejoro, no veas lo ricas que están. –dijo. –Mira ¡pruébalas! –dijo tirándole una encima y haciendo que se manchara la camiseta de tomate.
-¿Estás tonto? –preguntó mientras miraba la enorme mancha de tomate.
-Es que eres muy mala cogiendo las cosas al vuelo… -dijo en tono burlón.
Rosa quería vengarse de su amigo. Se levantó y cogió el bote de tomate y se lo echó encima. Entonces comenzó a reírse. –Uy si, todo mejora con tomate. –dijo probando el tomate de su cara con el dedo.
-Con que esas tenemos ¿eh? –dijo con una sonrisa.
Se fue a la nevera y cogió unas natillas de chocolate que había. Rosa al verlo se acercó a él. –Son mis natillas y con eso no se juega. –dijo fingiendo enfadarse.
-Tranquila, si es para que nos las comamos. –contestó mientras las abría.
Abrió las natillas y las cogió con la mano para manchar la cara de Rosa. Después las probó con la lengua. –Um... tus natillas están estupendas…
Rosa se enfadó con su amigo, sabía que con los postres no se jugaba, le había sentado mal. Izan al ver la cara de su amiga se echó a reír. –Vamos… no te enfades que solo estaba jugando.
Se quitó la camiseta, dejando al descubierto su torso bien definido por todo el deporte que hacía. Limpió la cara de Rosa con ella para quitarle el chocolate. Ella sonrió ante las pintas que tenían con las caras manchadas de comida.
-Eres peor que mis alumnos… -dijo al fin sonriendo.
lunes, 6 de septiembre de 2010
Bienvenidos y bienvenidas!
Hola a todos y todas!
somos las brujitas y os damos la bienvenida a nuestro blog.
En él, subiremos las distintas historias que hacemos juntas. Subiremos capítulo siempre que podamos y esperamos que os gusten nuestros relatos.
un gran beso a todos y todas!!!
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