23º- Confesiones
Aitor fue a buscar a su hermano. Se lo encontró en su habitación haciendo unas cosas. –Hola, hermanito.- Dijo.
-Hola ¿Qué te pasa? te noto la voz triste. - preguntó Izan mirándole preocupado.
-Es normal que me la notes triste, porque lo estoy. –Respondió.
-¿Qué paso ahora?- Preguntó su hermano.
-Que Rosa me pidió que sea amigo de Kira. Que no la agobie y que sea su confidente y que te pida ayuda a ti. -Respondió Aitor
-Bueno cuando pueda te ayudo, ahora no puedo ¿vale?
-Vale hermanito. –Respondió él.
Izan veía que su hermano estaba pasándolo mal por Kira. Y ella estaba todavía en su casa con bastante miedo. Del único que parecía fiarse era de él, ya que al ser el novio de su hermana sabía que se trataban como hermanos.
En los fines de semana, Aitor iba a casa para estar con ellos, solían pasar las tardes los cuatro juntos. Jugaban a algún juego de mesa, veían películas o simplemente se ponían a charlar un rato.
Esa normalidad que intentaban darle a Kira, la ayudaba mucho a superar su miedo. Pero no solía acercarse demasiado a Aitor, porque seguía teniendo bastante miedo.
Hasta que uno de los fines de semana, Aitor estaba ausente. Intentaba hacerse amigo de Kira como le habían aconsejado. Y parecía que al menos Kira le hablaba y comentaba cosas con él.
Pero él sentía que ella seguía sin confiar en sus intenciones. Eso le dolía tremendamente, y aunque estuvo jugando con ellos al Trivial, estuvo bastante ausente toda la partida. No dio pie con bola, y miraba a la nada constantemente.
Izan y Rosa, se pusieron a preparar la cena, mientras Kira y Aitor ponían las cosas en la mesa. Cuando terminaron de colocarlo todo, se sentaron en el sofá para que sus hermanos terminaran de preparar la cena.
Pero Aitor estaba callado, sin mirar a ninguna parte y Kira se preocupó. – ¿Te ocurre algo? –preguntó. –Pareces ausente.
-Sí, es que… me gusta alguien. –dijo tímidamente. –Pero apenas la conozco y no sé si tengo posibilidades con ella.
-Ah… ¿Y puedo saber quién es la afortunada? –preguntó alegremente.
-Pues… eres tú. –contestó mirándola a los ojos.
Kira se quedó de piedra ante esas palabras, no sabía cómo reaccionar ante lo que acababa de escuchar. –Si es una broma, no tiene ninguna gracia.
-Jamás bromearía con algo así. –respondió. –La afortunada eres tú, estoy enamorado de ti desde el día que te conocí.
-¿Y cómo puedes estar enamorado de mí si casi no me conoces? –preguntó ella un poco asustada.
-Porque eres la chica más asombrosa y linda que he conocido nunca. –contestó con ternura. –Porque solo pienso en ti desde que me levanto hasta que me acuesto, y porque moriría por protegerte.
-¿Por eso mi hermana me mandó contigo cuando vino Álvaro?- preguntó.
-Sí. –dijo. –Jamás permitiré que nada ni nadie pueda volver a dañarte.
-Eres encantador. No sé cómo pude desconfiar de ti. –dijo ella.
-Tenías miedo por lo que te pasó. Es normal que desconfiaras.
-Pero aun así. No tuve que desconfiar de ti, porque lo pasaste mal por mi culpa. –respondió ella muy triste.
-Tú tenías bastante con lo que tenías. Además no podias saber que me gustabas. -contestó él. –Aunke confieso que el dia que nos conocimos te lo estuve diciendo pero como estabas borracha te dormiste antes de que me diera tiempo a declararme.
Ella al escuchar eso, no supo cómo reaccionar ni lo que decir. Se levantó de golpe y fue a la cocina corriendo. Aitor se fue también a la cocina. -Oye Rosa, ¿Tú hermana tiende a huir de las situaciones o qué? –preguntó.
Pero no pudo responder porque sonó el teléfono. Kira salió de la cocina muy acelerada y diciendo en voz alta. – ¡Yo lo cojo!
Aitor observa cómo sale Kira de la cocina, Y se queda mirando a Rosa. -¿Ves? Si es que no quiere verme.
Rosa e Izan al escuchar eso, se quedaron extrañados. -¿Pero que fue lo que os pasó?
-Que la dije que la quiero. Pero no me cree, y encima huye de mí. –respondió muy apenado.
-Debiste esperar un poco. –le regañó Rosa. –Te dije que tenías que ser su amigo y no agobiarla.
-No la agobié, fue ella la que insistió en que le dijera quien era la persona que me gustaba. –contestó.
-Rosa, por favor, no te enfades con él. –le defendió Izan. –Además yo soy el que comprende perfectamente por lo que Aitor está pasando, porque fue lo que me ocurrió contigo.
-No es lo mismo. –dijo ella.
-Claro que sí, ¿Por qué dices que no es lo mismo? –preguntó Izan.
-Porque tú y yo éramos amigos desde pequeños.
-¿Y qué tiene que ver que fuéramos amigos? –preguntó él.
-Porque te conocía y sabía cómo eras. –respondió. –Pero mi hermana te conoce muy poco, es por eso por lo que duda.
-Ya, pero es que me huye, lo habéis visto. –dijo Aitor con tristeza.
Pero no se dieron cuenta de que Kira había entrado en la cocina y había escuchado esa última frase de Aitor.
-Yo no te huyo. –respondió.
-Entonces ¿Por qué cuando estábamos hablando te levantaste corriendo hacia la cocina? –preguntó Aitor.
-Porque tenía hambre. –mintió mirando al suelo.
-Se te da fatal mentir. –contestó él.
En ese momento, Kira miró a su hermana en busca de un poco de apoyo. –Déjala ya. Cuando ella quiera hablar del tema, lo hará.
Kira sonrió a su hermana, dándole las gracias por el apoyo. Entonces sonó su móvil, y en la pantalla vio que era Álvaro. Empezó a temblar, pero descolgó el teléfono. – ¿Qué quieres?
Silencio, mientras hablaba Álvaro. -Yo ya no quiero nada contigo. Además rehice mi vida y estoy con alguien. –contestó muy segura.
martes, 4 de enero de 2011
lunes, 27 de diciembre de 2010
Amistad y amor capítulo 22
22º-Desconfianza y miedos
Al día siguiente, Kira abrió lentamente los ojos. Le sorprendió ver que se encontraba en la cama. No recordaba haberse ido a dormir a una de las habitaciones de la casa de su hermana.
Se incorporó y vio que a su lado estaba Aitor. Sentado en el suelo pero con la cabeza apoyada en la cama. Eso la sobresaltó, pero se quedó mirándolo intensamente. Estaba allí, incómodamente en el suelo y eso la conmovió.
Se daba cuenta de que era muy guapo. Recordó entonces el encontronazo con Álvaro y se puso a temblar. Se levantó de golpe para dejar de temblar, y con tanto jaleo Aitor se despertó.
-¿Qué pasa? ¿Estás bien? –preguntó levantándose aceleradamente.
-Si. –respondió.
Pero al hablar se dio cuenta de que el rostro le dolía y siseó de dolor. Aitor se acercó a ella, acariciando su mejilla con ternura. –Ese bruto te hizo un buen moratón… -dijo preocupado.
-Parece que si, porque me duele toda la cara… -dijo asustada recordando lo ocurrido.
Empieza a llorar a causa del miedo. Aitor al verla tan frágil no pudo evitar acercarse y abrazarla cariñosamente. Pero Kira se aleja muy asustada. –Lo siento, yo… -dijo antes de salir de la habitación.
Salió directa al comedor, se sentó en el sofá acurrucándose sobre su cuerpo. Rosa al ver así a su hermana se asustó y fue a su lado. –Hermanita ¿Qué te ocurre? ¿Te ha pasado algo?
-Yo… yo… -balbuceaba. –Estoy asustada.
-Es normal. Pero aquí solo estamos personas que nos preocupamos por ti.
-Pero Aitor…
-¿Es que te ha hecho algo? –preguntó sobresaltada.
-No, bueno… me ha abrazado y yo… he salido corriendo. –reconoció jugando con sus manos.
-No es mala persona, es un chico estupendo. –dijo su hermana cogiéndole la mano.
-Lo sé, y… yo no quiero estar asustada, pero lo estoy. –contestó. –No sé si se acerca a mi por interés o porque le importo de verdad.
-Aitor es un buen chico. Nunca te haría daño, al contrario. –dijo ella.
Las dos hermanas se abrazaron. Lo que no sabían era que Aitor estaba en el pasillo. Había salido porque quería ir a la cocina, y de casualidad lo había escuchado todo.
Él sentía algo profundo por Kira, un amor a primera vista como nunca le había pasado. Y saber que ella temía a los hombres y desconfiaba de él, era algo muy duro. Se derrumbó en el suelo.
Ocultó el rostro entre las manos, estaba derrotado y sentía un gran vacío. Izan salió del baño y vio a su hermano en el suelo, lo que le asustó. –Hermanito, ¿Por qué estás en el suelo?
-Por ella… -susurró.
-¿Es que ha pasado alguna cosa entre vosotros? –preguntó.
Aitor estuvo relatando en voz baja lo que había escuchado. Su hermano intentó animarle como buenamente pudo. –Es normal que la pobre esté así después de lo que pasó. Seguro que en poco tiempo vuelve a ser la de antes.
Yo… me gusta mucho y no quiero verla así. –dijo con los ojos humedecidos.
-Seguro que cuando esté mejor podréis conoceros bien. –intentó reconfortarle Izan.
-¿Y cómo? –preguntó. –Desconfía de que mis intenciones sean sinceras con ella.
-Debes comprenderla. –dijo. –Tú solo… ten paciencia.
-Ya si yo voy a tener mucha paciencia, pero me duele verla así. –respondió Aitor.
Aitor se levantó del suelo y fue al comedor. Miró a Kira. Ella le observaba con la mirada triste, como diciéndole con los ojos “lo siento”. Él hizo un gesto como diciéndola que no pasaba nada.
Él intentó probar una cosa. Se sentó al lado de Kira. Ella se alejó de él y se pegó más a su hermana.
-Aitor ¿puedes venir un momento a la cocina a ayudarme con unas cosas?- preguntó Rosa mirándole.
-Si, claro. –respondió levantándose.
Se levantaron y fueron directos a la cocina sin pronunciar palabra. Rosa se sentó y él hizo lo mismo. – ¿En qué quieres que te ayude?
-En realidad yo quiero hablar contigo. –respondió. –De mi hermana.
-¿Qué quieres hablar de ella? –preguntó.
-Mira, yo sé que te gusta, y que eres un buen chico. Sabes que te quiero con locura. –dijo. –Pero mi hermana ha pasado algo espantoso y desconfía de los hombres.
-Pero yo no voy a hacerla daño.
-Yo lo sé, y ella también. –contestó. –Pero tienes que entenderla. Además no quiero que la agobies, porque se sentirá peor.
-Lo único que quiero es protegerla y quererla. –dijo con tristeza.
-Ya lo sé. –respondió dándole un abrazo. –Tú tan solo dale tiempo. Sé un apoyo para ella, pero sin agobiarla ni estar todo el día encima de ella. Seguro que con el tiempo, ella vuelve a ser la de antes.
-¿Y cómo soy su apoyo? no sé cómo hacerlo.- preguntó Aitor muy interesado.
-Siendo su amigo, su confidente, como fue tu hermano conmigo. - respondió Rosa con una sonrisa. –Habla con tu hermano y que él te ayude.
-Vale.- Respondió él yéndose a buscar a su hermano.
Rosa volvió al comedor con su hermana y Kira le preguntó. - ¿En que te tenia que ayudar?
-En darme una cosa que no alcanzaba. –mintió su hermana con una sonrisa.
Al día siguiente, Kira abrió lentamente los ojos. Le sorprendió ver que se encontraba en la cama. No recordaba haberse ido a dormir a una de las habitaciones de la casa de su hermana.
Se incorporó y vio que a su lado estaba Aitor. Sentado en el suelo pero con la cabeza apoyada en la cama. Eso la sobresaltó, pero se quedó mirándolo intensamente. Estaba allí, incómodamente en el suelo y eso la conmovió.
Se daba cuenta de que era muy guapo. Recordó entonces el encontronazo con Álvaro y se puso a temblar. Se levantó de golpe para dejar de temblar, y con tanto jaleo Aitor se despertó.
-¿Qué pasa? ¿Estás bien? –preguntó levantándose aceleradamente.
-Si. –respondió.
Pero al hablar se dio cuenta de que el rostro le dolía y siseó de dolor. Aitor se acercó a ella, acariciando su mejilla con ternura. –Ese bruto te hizo un buen moratón… -dijo preocupado.
-Parece que si, porque me duele toda la cara… -dijo asustada recordando lo ocurrido.
Empieza a llorar a causa del miedo. Aitor al verla tan frágil no pudo evitar acercarse y abrazarla cariñosamente. Pero Kira se aleja muy asustada. –Lo siento, yo… -dijo antes de salir de la habitación.
Salió directa al comedor, se sentó en el sofá acurrucándose sobre su cuerpo. Rosa al ver así a su hermana se asustó y fue a su lado. –Hermanita ¿Qué te ocurre? ¿Te ha pasado algo?
-Yo… yo… -balbuceaba. –Estoy asustada.
-Es normal. Pero aquí solo estamos personas que nos preocupamos por ti.
-Pero Aitor…
-¿Es que te ha hecho algo? –preguntó sobresaltada.
-No, bueno… me ha abrazado y yo… he salido corriendo. –reconoció jugando con sus manos.
-No es mala persona, es un chico estupendo. –dijo su hermana cogiéndole la mano.
-Lo sé, y… yo no quiero estar asustada, pero lo estoy. –contestó. –No sé si se acerca a mi por interés o porque le importo de verdad.
-Aitor es un buen chico. Nunca te haría daño, al contrario. –dijo ella.
Las dos hermanas se abrazaron. Lo que no sabían era que Aitor estaba en el pasillo. Había salido porque quería ir a la cocina, y de casualidad lo había escuchado todo.
Él sentía algo profundo por Kira, un amor a primera vista como nunca le había pasado. Y saber que ella temía a los hombres y desconfiaba de él, era algo muy duro. Se derrumbó en el suelo.
Ocultó el rostro entre las manos, estaba derrotado y sentía un gran vacío. Izan salió del baño y vio a su hermano en el suelo, lo que le asustó. –Hermanito, ¿Por qué estás en el suelo?
-Por ella… -susurró.
-¿Es que ha pasado alguna cosa entre vosotros? –preguntó.
Aitor estuvo relatando en voz baja lo que había escuchado. Su hermano intentó animarle como buenamente pudo. –Es normal que la pobre esté así después de lo que pasó. Seguro que en poco tiempo vuelve a ser la de antes.
Yo… me gusta mucho y no quiero verla así. –dijo con los ojos humedecidos.
-Seguro que cuando esté mejor podréis conoceros bien. –intentó reconfortarle Izan.
-¿Y cómo? –preguntó. –Desconfía de que mis intenciones sean sinceras con ella.
-Debes comprenderla. –dijo. –Tú solo… ten paciencia.
-Ya si yo voy a tener mucha paciencia, pero me duele verla así. –respondió Aitor.
Aitor se levantó del suelo y fue al comedor. Miró a Kira. Ella le observaba con la mirada triste, como diciéndole con los ojos “lo siento”. Él hizo un gesto como diciéndola que no pasaba nada.
Él intentó probar una cosa. Se sentó al lado de Kira. Ella se alejó de él y se pegó más a su hermana.
-Aitor ¿puedes venir un momento a la cocina a ayudarme con unas cosas?- preguntó Rosa mirándole.
-Si, claro. –respondió levantándose.
Se levantaron y fueron directos a la cocina sin pronunciar palabra. Rosa se sentó y él hizo lo mismo. – ¿En qué quieres que te ayude?
-En realidad yo quiero hablar contigo. –respondió. –De mi hermana.
-¿Qué quieres hablar de ella? –preguntó.
-Mira, yo sé que te gusta, y que eres un buen chico. Sabes que te quiero con locura. –dijo. –Pero mi hermana ha pasado algo espantoso y desconfía de los hombres.
-Pero yo no voy a hacerla daño.
-Yo lo sé, y ella también. –contestó. –Pero tienes que entenderla. Además no quiero que la agobies, porque se sentirá peor.
-Lo único que quiero es protegerla y quererla. –dijo con tristeza.
-Ya lo sé. –respondió dándole un abrazo. –Tú tan solo dale tiempo. Sé un apoyo para ella, pero sin agobiarla ni estar todo el día encima de ella. Seguro que con el tiempo, ella vuelve a ser la de antes.
-¿Y cómo soy su apoyo? no sé cómo hacerlo.- preguntó Aitor muy interesado.
-Siendo su amigo, su confidente, como fue tu hermano conmigo. - respondió Rosa con una sonrisa. –Habla con tu hermano y que él te ayude.
-Vale.- Respondió él yéndose a buscar a su hermano.
Rosa volvió al comedor con su hermana y Kira le preguntó. - ¿En que te tenia que ayudar?
-En darme una cosa que no alcanzaba. –mintió su hermana con una sonrisa.
domingo, 12 de diciembre de 2010
Amistad y amor capítulo 21
21º-Malas compañías traen malas situaciones
Fue un día largo para Aitor, no paraba de imaginarse la preciosa cara de Kira mirara a donde mirara. Por la tarde, Izan y Aitor se pusieron en la salita a jugar a la consola. Mientras Rosa se puso a leer un rato.
Rosa llevaba un rato leyendo cuando llamaron a la puerta. Abrió y sus ojos casi se salieron de sus órbitas por lo que estaba viendo. Kira estaba en la puerta, muy asustada, llorando intensamente y con un gran moratón en la cara.
-¿QUÉ TE HA PASADO? –preguntó de los nervios.
Pero su hermana no fue capaz de responder. El miedo que la recorría por dentro solo la permitió abrazarse fuertemente a Rosa para llorar con desesperación. Ella abrazó a su hermana para intentar consolarla.
La llevó al comedor y se sentaron. Rosa había dejado escapar alguna lágrima al ver así a su hermana en ese estado. Tras un rato, Kira ya parecía más tranquila, así que su hermana pensó que debía preguntar por lo ocurrido.
-Nena... ¿Qué te ha pasado? –preguntó.
-Pues... es que... –estaba dubitativa y asustada. –Estábamos dando un paseo Álvaro y yo y...
-¿Qué pasó?
-Me encontré con un compañero del trabajo. Estuvimos hablando un poco y luego seguimos con el paseo. –explicó. –Cuando seguimos el paseo Álvaro se puso a discutir, estaba celoso porque había hablado con mi compañero y... –más lágrimas siguieron cayendo por su rostro. –Me pegó...
Eso hizo que volviera a llorar más desgarradoramente, mientras su hermana la abrazaba furiosa por lo que acababa de escuchar. Lo que no sabían es que Aitor había salido para ir a la cocina y lo había escuchado todo.
Al escuchar esa frase enloqueció. Intentando controlarse, llegó a la salita de nuevo. Le contó todo a su hermano. Izan intentando controlarse fue al salón y abrazó a Kira muy fuerte y Rosa dijo. - ¿Cómo te enteraste?
-Aitor os escuchó y me lo contó. Será hijo de mala madre… como lo vea, lo mato. - juró soltando su furia.
-Hermanito, no te adelantes por que antes voy yo. Luego si quieres hacer algo con sus restos adelante. Pero déjamele a mi primero. – dijo Aitor.
- ¿Primero vas tú, Aitor? ¿Pero por qué?- pregunta Kira atonita
-Por que no soporto que maltraten a las mujeres o que se crean superiores a ellas. -respondió Aitor intentando que no se notara que mentía.
Kira no dijo nada. Tampoco es que pudiera decir mucho con lo asustada que estaba. Mientras la estaban intentando calmar, sonó el timbre. Rosa se levantó para ver quien era. -¿Quién es?
-Rosa, soy yo. Por favor, ábreme. -respondió Álvaro detrás de la puerta.
Kira se puso muy tensa y rígida y miró a su hermana con miedo. Ella le hizo una señal para que se pusiera detrás de Aitor, ella le hizo caso y se puso detrás mientras que Rosa dijo. - ¿Qué quieres? Aquí no se te perdió nada
-Rosa, por favor abre. Sé que Kira esta ahí contigo y necesito hablar con ella, por favor.- dijo Álvaro con voz suplicante.
-Ábrele. Y tranquila, que no os va a tocar a ninguna de las dos. -dijo Izan.
Rosa finalmente, abrió la puerta no demasiado convencida y dijo muy seca. - ¿Qué quieres?
-Ya te lo he dicho, hablar con mi novia. Quiero pedirle perdón e intentar que me perdone- dijo Álvaro buscando a Kira con la mirada y la encontró detrás de Aitor.
Pero Kira al ver que la había encontrado se asustó más, a la vez que se abrazó fuertemente a la espalda de Aitor. Él no dejaba de sonreír por dentro.
-Mi amor, ven no te voy a hacer nada. Soy yo, tu niño- dijo Álvaro acercándose a ella pero Izan le cortó.
-¿Dónde te crees que vas?
-Con mi novia, con quién si no. - dijo Álvaro, apartando a un lado a Izan, cosa que no consiguió.
-Me temo que eso no es posible. Ella no quiere saber nada de ti. - dijo Izan enfrente de él con los puños cerrados.
-¿Y tú como sabes eso?- preguntó Álvaro.
-Porque no hay más que ver lo asustada que está, con solo notar que estás en la misma sala que ella. - respondió Izan señalando a Kira.
-Me quiero ir, no quiero estar aquí… –dijo ella de repente. -¿Me acompañas? No quiero estar sola…- dijo Kira mirando a Aitor.
-Mi niña, es conmigo con quien tienes que estar. No con él, que no es nadie. - dijo Álvaro volviéndose a poner celoso y actuando como antes.
-Por si no te a quedado claro, cuando e salido corriendo te lo digo ahora. Hemos terminado, no quiero saber nada más de ti en mi vida. Y él SI es alguien.- dijo Kira defendiendo a Aitor.
-¿A si? ¿Quién?
-Mi con-cuñado. Así que deja de montar escenas de celos cuando no tienes que tenerlas, porque ya no estamos juntos.- dijo Kira.
Álvaro no podía más y se intentó abalanzar sobre ella. Pero no lo consiguió, porque Izan le cogió y dio un empujón contra la pared y le rodeó diciéndole. - Que te quede muy claro. ¡Cómo te vuelvas a acercar a ella te mato! y olvídate de ver la luz del sol en libertad. Voy a hacer todo lo posible porque estés entre rejas una buena temporada con la denuncia que te voy a poner ¿entendido?
-Eso ya se verá. - dijo Álvaro con aires de creído y superioridad saliendo por la puerta de la casa.
Kira respiró tranquila pero sin soltar a Aitor. Él al ver que Álvaro se había ido, dejó de hacer escudo y la abrazó por completo. Kira dejó que la abrazase, pues estaba muy asustada. Tan asustada que no podía ni decir una palabra.
-Tranquila, ya paso. No te va a hacer nada, tranquila. - la tranquilizaba Aitor.
Izan y Rosa, vieron la escena. Rosa le hizo una señal a Izan para dejarlos solos y se fueron a la cocina. Mientras Aitor la estaba acunando en el sofá para tranquilizarla. Al cabo de un rato, se quedó dormida en los brazos de Aitor. Él la acomodó, para que estuviera más cómoda y durmiera mejor. Se quedó así contemplándola y mirando lo hermosa que era.
Fue un día largo para Aitor, no paraba de imaginarse la preciosa cara de Kira mirara a donde mirara. Por la tarde, Izan y Aitor se pusieron en la salita a jugar a la consola. Mientras Rosa se puso a leer un rato.
Rosa llevaba un rato leyendo cuando llamaron a la puerta. Abrió y sus ojos casi se salieron de sus órbitas por lo que estaba viendo. Kira estaba en la puerta, muy asustada, llorando intensamente y con un gran moratón en la cara.
-¿QUÉ TE HA PASADO? –preguntó de los nervios.
Pero su hermana no fue capaz de responder. El miedo que la recorría por dentro solo la permitió abrazarse fuertemente a Rosa para llorar con desesperación. Ella abrazó a su hermana para intentar consolarla.
La llevó al comedor y se sentaron. Rosa había dejado escapar alguna lágrima al ver así a su hermana en ese estado. Tras un rato, Kira ya parecía más tranquila, así que su hermana pensó que debía preguntar por lo ocurrido.
-Nena... ¿Qué te ha pasado? –preguntó.
-Pues... es que... –estaba dubitativa y asustada. –Estábamos dando un paseo Álvaro y yo y...
-¿Qué pasó?
-Me encontré con un compañero del trabajo. Estuvimos hablando un poco y luego seguimos con el paseo. –explicó. –Cuando seguimos el paseo Álvaro se puso a discutir, estaba celoso porque había hablado con mi compañero y... –más lágrimas siguieron cayendo por su rostro. –Me pegó...
Eso hizo que volviera a llorar más desgarradoramente, mientras su hermana la abrazaba furiosa por lo que acababa de escuchar. Lo que no sabían es que Aitor había salido para ir a la cocina y lo había escuchado todo.
Al escuchar esa frase enloqueció. Intentando controlarse, llegó a la salita de nuevo. Le contó todo a su hermano. Izan intentando controlarse fue al salón y abrazó a Kira muy fuerte y Rosa dijo. - ¿Cómo te enteraste?
-Aitor os escuchó y me lo contó. Será hijo de mala madre… como lo vea, lo mato. - juró soltando su furia.
-Hermanito, no te adelantes por que antes voy yo. Luego si quieres hacer algo con sus restos adelante. Pero déjamele a mi primero. – dijo Aitor.
- ¿Primero vas tú, Aitor? ¿Pero por qué?- pregunta Kira atonita
-Por que no soporto que maltraten a las mujeres o que se crean superiores a ellas. -respondió Aitor intentando que no se notara que mentía.
Kira no dijo nada. Tampoco es que pudiera decir mucho con lo asustada que estaba. Mientras la estaban intentando calmar, sonó el timbre. Rosa se levantó para ver quien era. -¿Quién es?
-Rosa, soy yo. Por favor, ábreme. -respondió Álvaro detrás de la puerta.
Kira se puso muy tensa y rígida y miró a su hermana con miedo. Ella le hizo una señal para que se pusiera detrás de Aitor, ella le hizo caso y se puso detrás mientras que Rosa dijo. - ¿Qué quieres? Aquí no se te perdió nada
-Rosa, por favor abre. Sé que Kira esta ahí contigo y necesito hablar con ella, por favor.- dijo Álvaro con voz suplicante.
-Ábrele. Y tranquila, que no os va a tocar a ninguna de las dos. -dijo Izan.
Rosa finalmente, abrió la puerta no demasiado convencida y dijo muy seca. - ¿Qué quieres?
-Ya te lo he dicho, hablar con mi novia. Quiero pedirle perdón e intentar que me perdone- dijo Álvaro buscando a Kira con la mirada y la encontró detrás de Aitor.
Pero Kira al ver que la había encontrado se asustó más, a la vez que se abrazó fuertemente a la espalda de Aitor. Él no dejaba de sonreír por dentro.
-Mi amor, ven no te voy a hacer nada. Soy yo, tu niño- dijo Álvaro acercándose a ella pero Izan le cortó.
-¿Dónde te crees que vas?
-Con mi novia, con quién si no. - dijo Álvaro, apartando a un lado a Izan, cosa que no consiguió.
-Me temo que eso no es posible. Ella no quiere saber nada de ti. - dijo Izan enfrente de él con los puños cerrados.
-¿Y tú como sabes eso?- preguntó Álvaro.
-Porque no hay más que ver lo asustada que está, con solo notar que estás en la misma sala que ella. - respondió Izan señalando a Kira.
-Me quiero ir, no quiero estar aquí… –dijo ella de repente. -¿Me acompañas? No quiero estar sola…- dijo Kira mirando a Aitor.
-Mi niña, es conmigo con quien tienes que estar. No con él, que no es nadie. - dijo Álvaro volviéndose a poner celoso y actuando como antes.
-Por si no te a quedado claro, cuando e salido corriendo te lo digo ahora. Hemos terminado, no quiero saber nada más de ti en mi vida. Y él SI es alguien.- dijo Kira defendiendo a Aitor.
-¿A si? ¿Quién?
-Mi con-cuñado. Así que deja de montar escenas de celos cuando no tienes que tenerlas, porque ya no estamos juntos.- dijo Kira.
Álvaro no podía más y se intentó abalanzar sobre ella. Pero no lo consiguió, porque Izan le cogió y dio un empujón contra la pared y le rodeó diciéndole. - Que te quede muy claro. ¡Cómo te vuelvas a acercar a ella te mato! y olvídate de ver la luz del sol en libertad. Voy a hacer todo lo posible porque estés entre rejas una buena temporada con la denuncia que te voy a poner ¿entendido?
-Eso ya se verá. - dijo Álvaro con aires de creído y superioridad saliendo por la puerta de la casa.
Kira respiró tranquila pero sin soltar a Aitor. Él al ver que Álvaro se había ido, dejó de hacer escudo y la abrazó por completo. Kira dejó que la abrazase, pues estaba muy asustada. Tan asustada que no podía ni decir una palabra.
-Tranquila, ya paso. No te va a hacer nada, tranquila. - la tranquilizaba Aitor.
Izan y Rosa, vieron la escena. Rosa le hizo una señal a Izan para dejarlos solos y se fueron a la cocina. Mientras Aitor la estaba acunando en el sofá para tranquilizarla. Al cabo de un rato, se quedó dormida en los brazos de Aitor. Él la acomodó, para que estuviera más cómoda y durmiera mejor. Se quedó así contemplándola y mirando lo hermosa que era.
miércoles, 1 de diciembre de 2010
Amistad y amor capitulo 20
20º- Jueguecitos
Se habían tomado estupendamente la gran noticia. Era cierto que, ni Aitor ni Kira, se esperaban ser tíos a su edad, pero era una estupenda noticia. Se alegraban mucho por ellos.
Aitor se acercó a su hermano para hablarle al oído. –Hermanito, es fantástico. Sobre todo sabiendo que estabas colado por Rosa desde el colegio.
-Lo sé, la verdad es que me cuesta creerlo. –contestó mirando con admiración a Rosa.
-¿Qué cuchicheáis tanto? –preguntó Rosa al darse cuenta.
Nada, que mi hermanito es un as. ¡Dónde pone el ojo pone…! Bueno eso… -dijo riéndose, lo que hizo que la pareja se sonrojara.
Después de cenar, decidieron jugar a algo. Izan y Rosa quisieron prepararles una encerrona, fue idea de Izan. –Vamos a jugar al trivial. Cada vez que se falle una pregunta, habrá que beber un chupito.
-¿Chupitos de qué?-preguntó Kira.
-Machaquitos. –contestó Izan.
-¿Y eso que es?
-Hermanita, eso es ginebra con limón, y luego agitar tapando el chupito con la palma de la mano. –contestó Rosa.
-Venga, pues vamos a jugar. –dijo Aitor muy animado.
Estuvieron jugando, y les tocó beber en varias ocasiones. La que más estaba bebiendo era Kira, y para colmo, como no solía beber demasiado, se le estaba subiendo a la cabeza.
Acabaron de jugar y ganó Izan. Kira era la que peor estaba de los cuatro. Se puso al lado de Aitor. Él la miraba admirado por su belleza, se moría de ganas por confesarle que le atraía, pero no quería un “no” por respuesta.
-Necesito ir al baño. –dijo con la cabeza medio ida.
-Hermanito, ¿por qué no la llevas tú? –preguntó Izan sonriendo.
Él no respondió, pero se le dibujó una amplia sonrisa en la cara. Se acercó a Kira. La levantó y puso la mano sobre la cintura de Kira. Caminó con ella hasta el baño. Ella entró y él la esperó fuera.
Pasados unos minutos la puerta se abrió. Kira iba tambaleándose, y al intentar dar un paso se escurrió. Los brazos de Aitor la sujetaron dulcemente para que no cayera al suelo. –Cuidado, no querrás caerte. –dijo con voz suave.
-Quiero dormir…. –dijo con una sonrisa.
-Te acompaño a la habitación. –contestó caballerosamente.
Entraron en una de las habitaciones y él ayudó a Kira a tumbarse. Ella le sujetó el brazo y Aitor se sentó a su lado. Sus miradas se cruzaron y fue un momento casi mágico. Él nunca había sentido algo así por ninguna chica.
Apartó la mirada pues sentía bastante vergüenza, pero creyó que era el momento adecuado para confesarle que se sentía atraído por ella. –Oye, yo… lo cierto es que desde que te he visto… -balbuceó. –bueno, pues que me gustas y… tal vez podríamos quedar algún día para… conocernos más y eso ¿Qué te parece? –preguntó.
Pero no obtuvo respuesta, le extrañó que no dijera nada de nada. Y al mirarla vio que estaba dormida sujetando su mano. “¡genial, has hablado solo!” se dijo para sí mismo.
Al menos podía estar al lado de Kira sin que pareciera nada raro. Se acomodó a su lado y cerró los ojos sin soltarse de la mano. Soñó con su bonito rostro angelical y esa sonrisa que le había derretido durante la cena.
A la mañana siguiente, y Kira abrió los ojos y se encuentró con Aitor mirándola y sonriendo, y dijo. -Buenos días ¿Qué hora es?
-Son las once ¿Cómo estás?- preguntó Aitor sin quitar su sonrisa.
-Con mucho dolor de cabeza, parece que me va a estallar- respondió Kira a la vez que cerró los ojos.
-Bueno tranquila, ¿quieres que vaya a por un ibuprofeno y a por café?- preguntó Aitor amablemente.
-Pues me harías un gran favor…- respondió Kira con una sonrisa que dejó embobado a Aitor.
Aitor salió de la habitación y al pasar por el salón le dijo a su hermano y a su cuñado. Ya se despertó, pero con un gran dolor de cabeza. Se dirigió a la cocina a coger el café y el ibuprofeno y volvió a la habitación y Kira se lo tomó con una media sonrisa.
Kira se marchó despidiéndose de los tres, Aitor se quedó más rato. Lo cierto es que se había quedado totalmente prendado de ella. Su hermano lo notó enseguida. –Hermanito, te quedaste demasiado pillado ¿no?
-Lo sé.
-Nunca te había visto así. –dijo él.
-Ya lo sé, ni sé lo que me pasa.
-Que estás enamorado. –contestó Rosa.
Eso hizo que Aitor se sonrojara. No estaba acostumbrado a que nadie supiera sus sentimientos. –Puede ser... pero no sé. –estaba dubitativo. –Oye Rosa, tú... ¿podrías aconsejarme?
Rosa se sentó en el sofá junto a Aitor. Él estaba bastante callado, pues no paraba de pensar en esa preciosa chica. -¿Qué tipo de chicos le gustan?
-Pues... sobre todo sinceros, cariñosos, románticos...
-¿Y de aspecto físico?
-Depende, es que ella no se fija demasiado en esas cosas. –respondió. –Ha estado con chicos morenos, rubios... dependía de cómo eran de carácter.
-Vale. –dijo. –Y... ¿Tiene novio?
-Lleva un tiempecito con un chico. –dijo ella.
-Ah... entiendo.
Tanto Rosa como Izan vieron la expresión de tristeza que se dibujó en el rostro de Aitor. Pero ambos sabían que esas cosas pasaban, que no siempre uno se enamoraba de la persona idónea.
Izan quiso animar a su hermano. –Oye hermanito, aprovechando que es sábado ¿por qué no pasas el día con nosotros?
-Bueno... –dijo un poco triste.
Se habían tomado estupendamente la gran noticia. Era cierto que, ni Aitor ni Kira, se esperaban ser tíos a su edad, pero era una estupenda noticia. Se alegraban mucho por ellos.
Aitor se acercó a su hermano para hablarle al oído. –Hermanito, es fantástico. Sobre todo sabiendo que estabas colado por Rosa desde el colegio.
-Lo sé, la verdad es que me cuesta creerlo. –contestó mirando con admiración a Rosa.
-¿Qué cuchicheáis tanto? –preguntó Rosa al darse cuenta.
Nada, que mi hermanito es un as. ¡Dónde pone el ojo pone…! Bueno eso… -dijo riéndose, lo que hizo que la pareja se sonrojara.
Después de cenar, decidieron jugar a algo. Izan y Rosa quisieron prepararles una encerrona, fue idea de Izan. –Vamos a jugar al trivial. Cada vez que se falle una pregunta, habrá que beber un chupito.
-¿Chupitos de qué?-preguntó Kira.
-Machaquitos. –contestó Izan.
-¿Y eso que es?
-Hermanita, eso es ginebra con limón, y luego agitar tapando el chupito con la palma de la mano. –contestó Rosa.
-Venga, pues vamos a jugar. –dijo Aitor muy animado.
Estuvieron jugando, y les tocó beber en varias ocasiones. La que más estaba bebiendo era Kira, y para colmo, como no solía beber demasiado, se le estaba subiendo a la cabeza.
Acabaron de jugar y ganó Izan. Kira era la que peor estaba de los cuatro. Se puso al lado de Aitor. Él la miraba admirado por su belleza, se moría de ganas por confesarle que le atraía, pero no quería un “no” por respuesta.
-Necesito ir al baño. –dijo con la cabeza medio ida.
-Hermanito, ¿por qué no la llevas tú? –preguntó Izan sonriendo.
Él no respondió, pero se le dibujó una amplia sonrisa en la cara. Se acercó a Kira. La levantó y puso la mano sobre la cintura de Kira. Caminó con ella hasta el baño. Ella entró y él la esperó fuera.
Pasados unos minutos la puerta se abrió. Kira iba tambaleándose, y al intentar dar un paso se escurrió. Los brazos de Aitor la sujetaron dulcemente para que no cayera al suelo. –Cuidado, no querrás caerte. –dijo con voz suave.
-Quiero dormir…. –dijo con una sonrisa.
-Te acompaño a la habitación. –contestó caballerosamente.
Entraron en una de las habitaciones y él ayudó a Kira a tumbarse. Ella le sujetó el brazo y Aitor se sentó a su lado. Sus miradas se cruzaron y fue un momento casi mágico. Él nunca había sentido algo así por ninguna chica.
Apartó la mirada pues sentía bastante vergüenza, pero creyó que era el momento adecuado para confesarle que se sentía atraído por ella. –Oye, yo… lo cierto es que desde que te he visto… -balbuceó. –bueno, pues que me gustas y… tal vez podríamos quedar algún día para… conocernos más y eso ¿Qué te parece? –preguntó.
Pero no obtuvo respuesta, le extrañó que no dijera nada de nada. Y al mirarla vio que estaba dormida sujetando su mano. “¡genial, has hablado solo!” se dijo para sí mismo.
Al menos podía estar al lado de Kira sin que pareciera nada raro. Se acomodó a su lado y cerró los ojos sin soltarse de la mano. Soñó con su bonito rostro angelical y esa sonrisa que le había derretido durante la cena.
A la mañana siguiente, y Kira abrió los ojos y se encuentró con Aitor mirándola y sonriendo, y dijo. -Buenos días ¿Qué hora es?
-Son las once ¿Cómo estás?- preguntó Aitor sin quitar su sonrisa.
-Con mucho dolor de cabeza, parece que me va a estallar- respondió Kira a la vez que cerró los ojos.
-Bueno tranquila, ¿quieres que vaya a por un ibuprofeno y a por café?- preguntó Aitor amablemente.
-Pues me harías un gran favor…- respondió Kira con una sonrisa que dejó embobado a Aitor.
Aitor salió de la habitación y al pasar por el salón le dijo a su hermano y a su cuñado. Ya se despertó, pero con un gran dolor de cabeza. Se dirigió a la cocina a coger el café y el ibuprofeno y volvió a la habitación y Kira se lo tomó con una media sonrisa.
Kira se marchó despidiéndose de los tres, Aitor se quedó más rato. Lo cierto es que se había quedado totalmente prendado de ella. Su hermano lo notó enseguida. –Hermanito, te quedaste demasiado pillado ¿no?
-Lo sé.
-Nunca te había visto así. –dijo él.
-Ya lo sé, ni sé lo que me pasa.
-Que estás enamorado. –contestó Rosa.
Eso hizo que Aitor se sonrojara. No estaba acostumbrado a que nadie supiera sus sentimientos. –Puede ser... pero no sé. –estaba dubitativo. –Oye Rosa, tú... ¿podrías aconsejarme?
Rosa se sentó en el sofá junto a Aitor. Él estaba bastante callado, pues no paraba de pensar en esa preciosa chica. -¿Qué tipo de chicos le gustan?
-Pues... sobre todo sinceros, cariñosos, románticos...
-¿Y de aspecto físico?
-Depende, es que ella no se fija demasiado en esas cosas. –respondió. –Ha estado con chicos morenos, rubios... dependía de cómo eran de carácter.
-Vale. –dijo. –Y... ¿Tiene novio?
-Lleva un tiempecito con un chico. –dijo ella.
-Ah... entiendo.
Tanto Rosa como Izan vieron la expresión de tristeza que se dibujó en el rostro de Aitor. Pero ambos sabían que esas cosas pasaban, que no siempre uno se enamoraba de la persona idónea.
Izan quiso animar a su hermano. –Oye hermanito, aprovechando que es sábado ¿por qué no pasas el día con nosotros?
-Bueno... –dijo un poco triste.
lunes, 15 de noviembre de 2010
Amistad y amor capitulo 19
19º- Compartiendo la gran noticia
-¿Qué noticia? –preguntó César con gran intriga.
-Pues… que resulta que… -comenzó Izan.
-¡Estoy embarazada! –dijo Rosa con gran emoción.
-¿En serio? –preguntó Estela dibujando una sonrisa en su rostro.
-Sí, nos enteramos durante el viaje. –contestó Izan. –Es una noticia estupenda, y sois los primeros en saberlo.
¡Es genial! ¡Me alegro mucho! –dijo César con efusividad.
La cena fue estupendamente, se divirtieron mucho, y estaban alegres. Sobre todo Rosa, que veía las muchas atenciones que le dedicaba su novio. -Bueno y ¿a vosotros como os va? – preguntó Rosa mirando a su amiga.
-Nos estamos conociendo, somos amigos.- Respondió Estela.
-Muy bien, cuanto más despacio mejor.- Dijo Izan.
La cena termino y cada uno se fue para su casa, menos Izan y Rosa que se fueron a casa de Rosa. Llegaron a casa y Rosa dijo. - parece que ha ido bien ¿no?
-Si la verdad es que si. –respondió Izan abrazándola por detrás.
Rosa se apoyó en él y dejó caer todo su peso. Se sentía cansada, pero pensó en su hermana, le tenía que contar que a sus dieciocho años iba a ser tía. Pero que probablemente le haría mucha ilusión.
Se dio la vuelta y le rodeó el cuello con los brazos y dijo. – Izan, se lo tengo que decir a mi hermana, tiene que saberlo. Y ya de paso, se lo podemos decir a tu hermano. También yo creo que tienen derecho a saberlo.
-Me parece una buena idea, ¿Qué te parece si les invitamos a cenar mañana?- propuso Izan.
-Genial voy a llamarla y… ¿Qué te parece si también se quedan a dormir? –le comentó Rosa.
-Me parece estupendo. –dijo Izan sacando su móvil.
Los dos se fueron a diferentes sitios de la casa para poder hablar con sus respectivos hermanos sin que tuvieran interrupciones. Terminaron de hablar y decidieron acostarse hasta que llegara un nuevo día. Los dos se durmieron abrazados con una sonrisa en los labios.
Al día siguiente, desde por la mañana estuvieron ocupados, primero con sus trabajos, y luego preparando las cosas para la cena. Rosa estaba eufórica, ansiaba que llegaran para poder darles la gran noticia.
-Cariño, si estás así, notarán enseguida que ocurre algo. –dijo Izan esbozando una sonrisa.
-Lo sé, pero estoy tan feliz… -contestó risueña.
El timbre de la puerta les interrumpió. Izan fue a abrir, pero Rosa apareció a su lado rapidísima de lo emocionada que estaba. Les hicieron pasar y las dos hermanas se dieron un abrazo muy fuerte. Se querían muchísimo siempre había sido así. Aunque habían tenido sus peleas por ser hermanas, siempre se habían llevado de maravilla
Por el contrario los dos hermanos se dan un simple abrazo y Aitor no dejaba de mirar a Kira todo el tiempo, y su hermano se dio cuenta.
-¿Qué pasa hermanito te gusta o que?- preguntó él por lo bajo.
--Es preciosa. Pero seguro que tiene novio o quinientos rollos. Y seguro que no se fija en mí. - contestó Aitor agachando la cabeza
-Bueno ahora mismo, no te lo puedo decir porque hace mucho que no se de ella. Pero si quieres hablo con Rosa o con ella misma y se lo pregunto. Me llevo muy bien con ella.- dijo Izan para picarle.
-Serás…-empezó diciendo Aitor, pero Rosa le cortó. - Será ¿Qué? ¿Eh, cuñadito?
-Nada. – dijo Aitor algo tímido.
Decidieron que ya era la hora de la cena. Se sentaron en la mesa y Rosa había preparado la comida favorita de su hermana. Dado que hacía tanto que no la veía. Además como sabía que Izan sabría los gustos de su hermano le pregunto si le gustaba ese plato y él respondió que si.
Durante la cena, Aitor no hacía más que mirar furtivamente a Kira, le daba vergüenza que le viera. Y tenía miedo a que si le decía algo, le rechazara. Así durante la cena estuvo en silencio.
Hasta que llegó el momento de decirles la gran noticia. –bueno veréis… a parte de que para que por fin os conocierais. –dijo Izan. –Queríamos daros una noticia, y teníais que estar los dos.
-¿Ocurre algo? –preguntó Aitor.
-Pues la verdad es que sí. –contestó Rosa.
-Hermanita, no me asustes. ¿Qué es lo que ocurre? –preguntó con preocupación.
-Pues que… -comenzó a decir. – Que aunque sé que eres muy joven, vas a ser tía dentro de unos meses.
-¿Cómo? –preguntó incrédula. -¿Es en serio?
-Sí. –contestó ella.
-Lo cierto es que no lo habíamos planeado, pero ya que viene la gran noticia pues estamos muy felices. –añadió Izan.
-Me alegro por vosotros. –dijo Kira.
-Sí, es una noticia fantástica. –añadió Aitor.
-¿Qué noticia? –preguntó César con gran intriga.
-Pues… que resulta que… -comenzó Izan.
-¡Estoy embarazada! –dijo Rosa con gran emoción.
-¿En serio? –preguntó Estela dibujando una sonrisa en su rostro.
-Sí, nos enteramos durante el viaje. –contestó Izan. –Es una noticia estupenda, y sois los primeros en saberlo.
¡Es genial! ¡Me alegro mucho! –dijo César con efusividad.
La cena fue estupendamente, se divirtieron mucho, y estaban alegres. Sobre todo Rosa, que veía las muchas atenciones que le dedicaba su novio. -Bueno y ¿a vosotros como os va? – preguntó Rosa mirando a su amiga.
-Nos estamos conociendo, somos amigos.- Respondió Estela.
-Muy bien, cuanto más despacio mejor.- Dijo Izan.
La cena termino y cada uno se fue para su casa, menos Izan y Rosa que se fueron a casa de Rosa. Llegaron a casa y Rosa dijo. - parece que ha ido bien ¿no?
-Si la verdad es que si. –respondió Izan abrazándola por detrás.
Rosa se apoyó en él y dejó caer todo su peso. Se sentía cansada, pero pensó en su hermana, le tenía que contar que a sus dieciocho años iba a ser tía. Pero que probablemente le haría mucha ilusión.
Se dio la vuelta y le rodeó el cuello con los brazos y dijo. – Izan, se lo tengo que decir a mi hermana, tiene que saberlo. Y ya de paso, se lo podemos decir a tu hermano. También yo creo que tienen derecho a saberlo.
-Me parece una buena idea, ¿Qué te parece si les invitamos a cenar mañana?- propuso Izan.
-Genial voy a llamarla y… ¿Qué te parece si también se quedan a dormir? –le comentó Rosa.
-Me parece estupendo. –dijo Izan sacando su móvil.
Los dos se fueron a diferentes sitios de la casa para poder hablar con sus respectivos hermanos sin que tuvieran interrupciones. Terminaron de hablar y decidieron acostarse hasta que llegara un nuevo día. Los dos se durmieron abrazados con una sonrisa en los labios.
Al día siguiente, desde por la mañana estuvieron ocupados, primero con sus trabajos, y luego preparando las cosas para la cena. Rosa estaba eufórica, ansiaba que llegaran para poder darles la gran noticia.
-Cariño, si estás así, notarán enseguida que ocurre algo. –dijo Izan esbozando una sonrisa.
-Lo sé, pero estoy tan feliz… -contestó risueña.
El timbre de la puerta les interrumpió. Izan fue a abrir, pero Rosa apareció a su lado rapidísima de lo emocionada que estaba. Les hicieron pasar y las dos hermanas se dieron un abrazo muy fuerte. Se querían muchísimo siempre había sido así. Aunque habían tenido sus peleas por ser hermanas, siempre se habían llevado de maravilla
Por el contrario los dos hermanos se dan un simple abrazo y Aitor no dejaba de mirar a Kira todo el tiempo, y su hermano se dio cuenta.
-¿Qué pasa hermanito te gusta o que?- preguntó él por lo bajo.
--Es preciosa. Pero seguro que tiene novio o quinientos rollos. Y seguro que no se fija en mí. - contestó Aitor agachando la cabeza
-Bueno ahora mismo, no te lo puedo decir porque hace mucho que no se de ella. Pero si quieres hablo con Rosa o con ella misma y se lo pregunto. Me llevo muy bien con ella.- dijo Izan para picarle.
-Serás…-empezó diciendo Aitor, pero Rosa le cortó. - Será ¿Qué? ¿Eh, cuñadito?
-Nada. – dijo Aitor algo tímido.
Decidieron que ya era la hora de la cena. Se sentaron en la mesa y Rosa había preparado la comida favorita de su hermana. Dado que hacía tanto que no la veía. Además como sabía que Izan sabría los gustos de su hermano le pregunto si le gustaba ese plato y él respondió que si.
Durante la cena, Aitor no hacía más que mirar furtivamente a Kira, le daba vergüenza que le viera. Y tenía miedo a que si le decía algo, le rechazara. Así durante la cena estuvo en silencio.
Hasta que llegó el momento de decirles la gran noticia. –bueno veréis… a parte de que para que por fin os conocierais. –dijo Izan. –Queríamos daros una noticia, y teníais que estar los dos.
-¿Ocurre algo? –preguntó Aitor.
-Pues la verdad es que sí. –contestó Rosa.
-Hermanita, no me asustes. ¿Qué es lo que ocurre? –preguntó con preocupación.
-Pues que… -comenzó a decir. – Que aunque sé que eres muy joven, vas a ser tía dentro de unos meses.
-¿Cómo? –preguntó incrédula. -¿Es en serio?
-Sí. –contestó ella.
-Lo cierto es que no lo habíamos planeado, pero ya que viene la gran noticia pues estamos muy felices. –añadió Izan.
-Me alegro por vosotros. –dijo Kira.
-Sí, es una noticia fantástica. –añadió Aitor.
martes, 9 de noviembre de 2010
Amistad y amor capitulo 18
18º- Gran felicidad
Rosa se puso un precioso vestido azul, quería estar perfecta para celebrar la gran noticia. Y después salieron para buscar un sitio para cenar. Tenían bastante hambre, sobre todo Rosa, que tenía que comer por dos.
Fue una bonita cena, no pararon de sonreír durante la cena. Estaban tan felices que no podían evitarlo. Resultó que en el restaurante había un violinista, así que Izan le llamó y susurró al oído el titulo de una canción.
-¿Qué canción le has pedido? –preguntó con intriga.
-Ahora lo escucharás. –dijo con una sonrisa pícara.
Comenzó a sonar el Canon de Pachelbel. Y Rosa no pudo evitar sonreír, era su canción favorita. Así con esa bonita sinfonía terminaron una romántica y agradable cena. Al salir, decidieron caminar un poco por el paseo marítimo.
Pero a los pocos minutos, Rosa empezó a sentirse mareada, y decidió sentarse en la orilla de la playa. Cuando se le pasó el mareo, se levantó y se acercó al agua. Se levantó ligeramente el vestido y así poder mojarse las piernas.
Notó tan fresca el agua, que decidió quitarse el vestido y se metió en el agua en ropa interior. Izan la miró y se quedó extrañado, ella era bastante vergonzosa, no entendía cómo se estaba bañando en ropa interior.
Se quitó los zapatos y se remangó los pantalones. Se metió para ir al lado de Rosa. –Cariño, ¿Qué haces?
-Es que tenía calor…
-Ya pero estás en ropa interior. –dijo mirándola.
-Pero ahora no hay nadie. Nadie me ve. –contestó.
-Ya pero no me gusta que nadie pueda verte en ropa interior. Eres solo para mí. –dijo apretándola contra él, mojándose la ropa.
Entonces Rosa le empujó, y cayeron al agua empapándose. Al verse así empezaron a reírse a carcajadas. La verdad es que estaban eufóricos desde que habían sabido la gran noticia del embarazo.
-¡Mira cómo nos hemos puesto! –dijo riéndose.
-Me gusta divertirme contigo. –contestó besándole en el cuello.
-Y a mi, pero vamos a cambiarnos. Por nada del mundo permitiría que te pusieras enferma, y menos ahora que tienes ahí un tesorito. –dijo acariciando la tripita plana.
Salieron del agua, Rosa se puso el vestido y se fueron a casa, estaban chorreando de agua. Pero como hacía buen tiempo no pasaba nada. Llegaron al hotel y se abrazaron, pues estaban felices.
Decidieron cambiarse, pero se dieron una romántica ducha, así harían algo nuevo. Fue muy estimulante un agradable baño, no pararon de acariciarse y besarse. –te quiero… mucho, muchísimo. –susurró ella.
-Me parece que eso no es así. –contestó. –Yo os quiero más. –dijo bajando la cabeza hasta la tripa plana de Rosa.
-Cielo, si tiene que ser muy, muy pequeñito.
-Ya pero quiero que conozca a su padre desde ahora. –contestó con orgullo.
-Bueno, como quieras. –dijo. –Oye estoy algo cansada. ¿Te importa que me vaya a dormir?
-Claro que no, tenéis que descansar, y yo os acompaño. –respondió cogiéndola en volandas.
Se fueron a la cama y Rosa se abrazó a Izan. A los pocos segundos, se quedó dormida pues estaba agotada. Izan tardó un poco más en dormirse, pues él no estaba tan cansado como su novia. Se dedicó a mirarla mientras sonreía y la acariciaba. A los pocos minutos se quedó dormido con una sonrisa en los labios y abrazándola.
Al día siguiente, Rosa se despertó y miró a su novio dormir. Sonrió mientras le acariciaba la cara dulcemente. Él sonrió al notar ese tacto y abrió los ojos y dijo. - Buenos días, mi princesa ¿Qué tal dormisteis?
-De maravilla, nos sentimos muy protegidos en tus brazos. -Respondió Rosa sonriente.
-A mí me gusta tenerte entre mis brazos. - Dijo Izan apretándola más.
-Pero me da pena que ya se acabe nuestro viaje… -contestó haciendo un puchero.
-Bueno pero piensa que volvemos con la mejor de las noticias, y que ha sido un viaje estupendo. –respondió Izan. –Además podremos hacer más viajes.
-Lo sé. –dijo. –Oye ¿esta noche podríamos cenar con Estela y César? –preguntó. –Es que así les damos la noticia, que tengo muchas ganas de que lo sepan.
-Claro, les llamamos ahora antes de irnos. –respondió él.
Prepararon las cosas y después pusieron rumbo al aeropuerto. Llegaron y deshicieron el equipaje. Por la noche habían quedado en ir a cenar a un restaurante con Estela y César.
Rosa estuvo de los nervios mientras se arreglaba para la cena. No paraba de mirarse en el espejo, hasta se puso un cojín debajo del vestido para ver su aspecto con barriguita.
-Princesa ¿Qué haces con ese cojín? –preguntó Izan entrando en la habitación.
-Eh… nada, nada. –dijo sonrojándose mientras se quitaba el cojín.
-Estarás preciosa, cuando esa barriguita sea de verdad. –contestó abrazándola de forma cariñosa.
-Estaré gorda… -respondió bajando la mirada.
-Llevarás a nuestro bebé dentro. Y eso es estupendo. –besó con dulzura a su novia.
-Bueno, déjate de palabras bonitas que al final llegamos tarde. –le interrumpió ella.
Terminaron de arreglarse y salieron directos al restaurante donde ya les esperaban sus dos amigos en la puerta. Rosa les saludó efusivamente, les pilló bastante sorprendidos, pero entraron al restaurante.
Se sentaron y pidieron la cena y cuando los cuatro estuvieron servidos, Rosa e Izan se cogieron de la mano para darles la gran noticia. –Bueno, nosotros a parte de para contaros qué tal el viaje, hemos quedado con vosotros para daros una noticia… -dijo Rosa muy alegre.
Rosa se puso un precioso vestido azul, quería estar perfecta para celebrar la gran noticia. Y después salieron para buscar un sitio para cenar. Tenían bastante hambre, sobre todo Rosa, que tenía que comer por dos.
Fue una bonita cena, no pararon de sonreír durante la cena. Estaban tan felices que no podían evitarlo. Resultó que en el restaurante había un violinista, así que Izan le llamó y susurró al oído el titulo de una canción.
-¿Qué canción le has pedido? –preguntó con intriga.
-Ahora lo escucharás. –dijo con una sonrisa pícara.
Comenzó a sonar el Canon de Pachelbel. Y Rosa no pudo evitar sonreír, era su canción favorita. Así con esa bonita sinfonía terminaron una romántica y agradable cena. Al salir, decidieron caminar un poco por el paseo marítimo.
Pero a los pocos minutos, Rosa empezó a sentirse mareada, y decidió sentarse en la orilla de la playa. Cuando se le pasó el mareo, se levantó y se acercó al agua. Se levantó ligeramente el vestido y así poder mojarse las piernas.
Notó tan fresca el agua, que decidió quitarse el vestido y se metió en el agua en ropa interior. Izan la miró y se quedó extrañado, ella era bastante vergonzosa, no entendía cómo se estaba bañando en ropa interior.
Se quitó los zapatos y se remangó los pantalones. Se metió para ir al lado de Rosa. –Cariño, ¿Qué haces?
-Es que tenía calor…
-Ya pero estás en ropa interior. –dijo mirándola.
-Pero ahora no hay nadie. Nadie me ve. –contestó.
-Ya pero no me gusta que nadie pueda verte en ropa interior. Eres solo para mí. –dijo apretándola contra él, mojándose la ropa.
Entonces Rosa le empujó, y cayeron al agua empapándose. Al verse así empezaron a reírse a carcajadas. La verdad es que estaban eufóricos desde que habían sabido la gran noticia del embarazo.
-¡Mira cómo nos hemos puesto! –dijo riéndose.
-Me gusta divertirme contigo. –contestó besándole en el cuello.
-Y a mi, pero vamos a cambiarnos. Por nada del mundo permitiría que te pusieras enferma, y menos ahora que tienes ahí un tesorito. –dijo acariciando la tripita plana.
Salieron del agua, Rosa se puso el vestido y se fueron a casa, estaban chorreando de agua. Pero como hacía buen tiempo no pasaba nada. Llegaron al hotel y se abrazaron, pues estaban felices.
Decidieron cambiarse, pero se dieron una romántica ducha, así harían algo nuevo. Fue muy estimulante un agradable baño, no pararon de acariciarse y besarse. –te quiero… mucho, muchísimo. –susurró ella.
-Me parece que eso no es así. –contestó. –Yo os quiero más. –dijo bajando la cabeza hasta la tripa plana de Rosa.
-Cielo, si tiene que ser muy, muy pequeñito.
-Ya pero quiero que conozca a su padre desde ahora. –contestó con orgullo.
-Bueno, como quieras. –dijo. –Oye estoy algo cansada. ¿Te importa que me vaya a dormir?
-Claro que no, tenéis que descansar, y yo os acompaño. –respondió cogiéndola en volandas.
Se fueron a la cama y Rosa se abrazó a Izan. A los pocos segundos, se quedó dormida pues estaba agotada. Izan tardó un poco más en dormirse, pues él no estaba tan cansado como su novia. Se dedicó a mirarla mientras sonreía y la acariciaba. A los pocos minutos se quedó dormido con una sonrisa en los labios y abrazándola.
Al día siguiente, Rosa se despertó y miró a su novio dormir. Sonrió mientras le acariciaba la cara dulcemente. Él sonrió al notar ese tacto y abrió los ojos y dijo. - Buenos días, mi princesa ¿Qué tal dormisteis?
-De maravilla, nos sentimos muy protegidos en tus brazos. -Respondió Rosa sonriente.
-A mí me gusta tenerte entre mis brazos. - Dijo Izan apretándola más.
-Pero me da pena que ya se acabe nuestro viaje… -contestó haciendo un puchero.
-Bueno pero piensa que volvemos con la mejor de las noticias, y que ha sido un viaje estupendo. –respondió Izan. –Además podremos hacer más viajes.
-Lo sé. –dijo. –Oye ¿esta noche podríamos cenar con Estela y César? –preguntó. –Es que así les damos la noticia, que tengo muchas ganas de que lo sepan.
-Claro, les llamamos ahora antes de irnos. –respondió él.
Prepararon las cosas y después pusieron rumbo al aeropuerto. Llegaron y deshicieron el equipaje. Por la noche habían quedado en ir a cenar a un restaurante con Estela y César.
Rosa estuvo de los nervios mientras se arreglaba para la cena. No paraba de mirarse en el espejo, hasta se puso un cojín debajo del vestido para ver su aspecto con barriguita.
-Princesa ¿Qué haces con ese cojín? –preguntó Izan entrando en la habitación.
-Eh… nada, nada. –dijo sonrojándose mientras se quitaba el cojín.
-Estarás preciosa, cuando esa barriguita sea de verdad. –contestó abrazándola de forma cariñosa.
-Estaré gorda… -respondió bajando la mirada.
-Llevarás a nuestro bebé dentro. Y eso es estupendo. –besó con dulzura a su novia.
-Bueno, déjate de palabras bonitas que al final llegamos tarde. –le interrumpió ella.
Terminaron de arreglarse y salieron directos al restaurante donde ya les esperaban sus dos amigos en la puerta. Rosa les saludó efusivamente, les pilló bastante sorprendidos, pero entraron al restaurante.
Se sentaron y pidieron la cena y cuando los cuatro estuvieron servidos, Rosa e Izan se cogieron de la mano para darles la gran noticia. –Bueno, nosotros a parte de para contaros qué tal el viaje, hemos quedado con vosotros para daros una noticia… -dijo Rosa muy alegre.
lunes, 1 de noviembre de 2010
Amistad y amor capitulo 17
17º- La gran noticia
El comienzo del viaje no podía haber sido mejor, un bonito regalo en un lugar especial. Ambos se sentían afortunados por tenerse el uno al otro. Pero ya que estaban en un lugar tan bonito querían verlo.
Estuvieron toda la tarde haciendo turismo, y luego en la playa para relajarse y tomar el sol. Después de cenar, tuvieron otra apasionada sesión de amor, que duró toda la noche.
Al día siguiente, estuvieron viendo diferentes lugares y en la playa. Antes de ir a cenar, fueron a darse una ducha para quitarse la arena. Primero entró Izan a ducharse. Después Rosa se estaba duchando, pero empezó a encontrarse mareada.
Decidió salir de la ducha, pero el mareo fue en aumento y al salir se escurrió cayendo al suelo, lo que provocó un gran estruendo en la suite. Izan estaba vistiendo y al escuchar el ruido fue corriendo al cuarto de baño.
Abrió la puerta de golpe y vio a Rosa en el suelo sin ni siquiera la toalla. Se agachó para estar a su lado. –Rosa, mi amor, ¿Qué ha pasado?
-Me estaba mareando. Quise salir y me tropecé. –contestó con los ojos desenfocados pues estaba muy mareada.
-Te llevaré a la cama. –dijo tapándola con la toalla y levantándola en volandas. Pero antes de que saliera del baño, Rosa le hizo un gesto negativo con la cabeza. –Déjame en el suelo. –pidió como pudo.
Él aunque extrañado, le hizo caso. Entonces Rosa se acercó al inodoro y se puso a vomitar sin poder contenerse. Izan la ayudó a sostenerse hasta que terminó, se le había puesto muy mala cara y eso estaba angustiando a Izan.
Una vez que terminó, se la llevó a la cama y la arropó. Se puso a su lado, estaba de los nervios. – ¿Estás enferma?
-No, o al menos no creo. –dijo ella.
-¿Te llevo a un hospital? –preguntó muy nervioso.
-No, no, si ya me encuentro mejor. –contestó incorporándose.
Parecía estar recuperada del todo, era casi milagroso. Izan estaba desconcertado. –Pero si hace unos minutos estabas fatal, muy mareada, vomitando…
-Pues ya se me ha pasado. –respondió. –Lo que me hace pensar que…
-¿El qué?
-Que antes haya tenido mareos y vómitos y ya me encuentre bien, pueden ser síntomas de… -no terminó la frase.
-¿Síntomas de qué?
-Pues… que puede que… -dijo. Cogió la mano de Izan y la puso en su tripa plana, deseando que hiciera la relación, y sacara él solo la conclusión.
-Me estás queriendo decir que estás… -contestó abriendo mucho los ojos.
-Habría que comprobarlo, pero… podría ser. –dijo sonriendo.
Izan se quedó sin habla, no dejaba de mirar a Rosa. Parecía asustado por lo que acababa de sugerirle su novia. Eso desconcertó a Rosa. –Es que… si estuviera embarazada… ¿No querrías que lo tuviera?
-Yo… pues… yo no sé, si sabría hacerlo bien. –contestó.
-Cariño, seguro que lo harías genial. –dijo.
-Voy a comprar un test a la farmacia, no te muevas.
-Pero si ya estoy bien, te acompaño. –contestó levantándose.
-No, voy yo solo, tú quédate aquí, que vuelvo dentro de nada.
Bajó corriendo a buscar una farmacia para poder comprar el test de embarazo, y subió lo más rápido que pudo. Se lo dio a Rosa, que seguía en la cama, pero se había cambiado de ropa.
Le dio el test de embarazo, con los nervios a flor de piel. Ella se metió en el servicio para poder hacerse el test. Pero esos minutos de espera le estaban desesperando, estaba demasiado nervioso.
Por fin salió Rosa del baño, con el test en la mano y el rostro inexpresivo. –Bueno. ¿Estás o no estás embarazada? –preguntó atacado de los nervios.
Entonces se quedó delante de él sin decir nada, le miró a los ojos y saltó encima de él. –SÍ, ¡ESTOY EMBARAZADA! ¡LO ESTOY! –gritó emocionada.
-¿De verdad? –preguntó incrédulo. -¡ES FANTÁSTICO! ¡MI AMOR, UN BEBÉ, VAMOS A TENER UN BEBÉ!
Después de que se les pasara la emoción del momento, se besaron cariñosamente, no podían ocultar la felicidad que sentían en esos momentos, por la feliz noticia.
Pero entonces Izan tuvo una duda. –Oye mi niña, pero… Si nosotros siempre hemos tomado precauciones…. ¿Cómo te has podido quedar?
-Cariño, ¿te recuerdo aquel día que habíamos discutido y luego nos reconciliamos? –le recordó.
-Uy… pues es verdad… -dijo sonrojado.
-Pues ese día no la usamos. Y ahora vamos a ser padres. –contestó ella. – ¿Te ilusiona la idea?
-Claro que me gusta la idea. Era lo que nos faltaba para ser completamente felices. –respondió emocionado.
Pero Rosa se puso seria, y eso inquietó mucho a Izan. La miró para intentar saber lo que la pasaba. –Y si… ¿Y si no soy buena madre?
-Serás una madre maravillosa. –dijo. – ¿No ves lo bien que se te dan los peques?
-Ya pero no es lo mismo.
-Hombre, este bebé es tuyo, y los demás son de otros padres. –contestó. –Así que si lo haces perfecto con otros niños, imagínate con tu hijo.
-Ya pero ellos son más mayores. Y este será un bebé muy pequeñito.
-Mi vida, lo haremos bien. –contestó abrazándola. – ¿Sabes lo que vamos a hacer? –preguntó. –Vamos a irnos a celebrar la feliz noticia.
El comienzo del viaje no podía haber sido mejor, un bonito regalo en un lugar especial. Ambos se sentían afortunados por tenerse el uno al otro. Pero ya que estaban en un lugar tan bonito querían verlo.
Estuvieron toda la tarde haciendo turismo, y luego en la playa para relajarse y tomar el sol. Después de cenar, tuvieron otra apasionada sesión de amor, que duró toda la noche.
Al día siguiente, estuvieron viendo diferentes lugares y en la playa. Antes de ir a cenar, fueron a darse una ducha para quitarse la arena. Primero entró Izan a ducharse. Después Rosa se estaba duchando, pero empezó a encontrarse mareada.
Decidió salir de la ducha, pero el mareo fue en aumento y al salir se escurrió cayendo al suelo, lo que provocó un gran estruendo en la suite. Izan estaba vistiendo y al escuchar el ruido fue corriendo al cuarto de baño.
Abrió la puerta de golpe y vio a Rosa en el suelo sin ni siquiera la toalla. Se agachó para estar a su lado. –Rosa, mi amor, ¿Qué ha pasado?
-Me estaba mareando. Quise salir y me tropecé. –contestó con los ojos desenfocados pues estaba muy mareada.
-Te llevaré a la cama. –dijo tapándola con la toalla y levantándola en volandas. Pero antes de que saliera del baño, Rosa le hizo un gesto negativo con la cabeza. –Déjame en el suelo. –pidió como pudo.
Él aunque extrañado, le hizo caso. Entonces Rosa se acercó al inodoro y se puso a vomitar sin poder contenerse. Izan la ayudó a sostenerse hasta que terminó, se le había puesto muy mala cara y eso estaba angustiando a Izan.
Una vez que terminó, se la llevó a la cama y la arropó. Se puso a su lado, estaba de los nervios. – ¿Estás enferma?
-No, o al menos no creo. –dijo ella.
-¿Te llevo a un hospital? –preguntó muy nervioso.
-No, no, si ya me encuentro mejor. –contestó incorporándose.
Parecía estar recuperada del todo, era casi milagroso. Izan estaba desconcertado. –Pero si hace unos minutos estabas fatal, muy mareada, vomitando…
-Pues ya se me ha pasado. –respondió. –Lo que me hace pensar que…
-¿El qué?
-Que antes haya tenido mareos y vómitos y ya me encuentre bien, pueden ser síntomas de… -no terminó la frase.
-¿Síntomas de qué?
-Pues… que puede que… -dijo. Cogió la mano de Izan y la puso en su tripa plana, deseando que hiciera la relación, y sacara él solo la conclusión.
-Me estás queriendo decir que estás… -contestó abriendo mucho los ojos.
-Habría que comprobarlo, pero… podría ser. –dijo sonriendo.
Izan se quedó sin habla, no dejaba de mirar a Rosa. Parecía asustado por lo que acababa de sugerirle su novia. Eso desconcertó a Rosa. –Es que… si estuviera embarazada… ¿No querrías que lo tuviera?
-Yo… pues… yo no sé, si sabría hacerlo bien. –contestó.
-Cariño, seguro que lo harías genial. –dijo.
-Voy a comprar un test a la farmacia, no te muevas.
-Pero si ya estoy bien, te acompaño. –contestó levantándose.
-No, voy yo solo, tú quédate aquí, que vuelvo dentro de nada.
Bajó corriendo a buscar una farmacia para poder comprar el test de embarazo, y subió lo más rápido que pudo. Se lo dio a Rosa, que seguía en la cama, pero se había cambiado de ropa.
Le dio el test de embarazo, con los nervios a flor de piel. Ella se metió en el servicio para poder hacerse el test. Pero esos minutos de espera le estaban desesperando, estaba demasiado nervioso.
Por fin salió Rosa del baño, con el test en la mano y el rostro inexpresivo. –Bueno. ¿Estás o no estás embarazada? –preguntó atacado de los nervios.
Entonces se quedó delante de él sin decir nada, le miró a los ojos y saltó encima de él. –SÍ, ¡ESTOY EMBARAZADA! ¡LO ESTOY! –gritó emocionada.
-¿De verdad? –preguntó incrédulo. -¡ES FANTÁSTICO! ¡MI AMOR, UN BEBÉ, VAMOS A TENER UN BEBÉ!
Después de que se les pasara la emoción del momento, se besaron cariñosamente, no podían ocultar la felicidad que sentían en esos momentos, por la feliz noticia.
Pero entonces Izan tuvo una duda. –Oye mi niña, pero… Si nosotros siempre hemos tomado precauciones…. ¿Cómo te has podido quedar?
-Cariño, ¿te recuerdo aquel día que habíamos discutido y luego nos reconciliamos? –le recordó.
-Uy… pues es verdad… -dijo sonrojado.
-Pues ese día no la usamos. Y ahora vamos a ser padres. –contestó ella. – ¿Te ilusiona la idea?
-Claro que me gusta la idea. Era lo que nos faltaba para ser completamente felices. –respondió emocionado.
Pero Rosa se puso seria, y eso inquietó mucho a Izan. La miró para intentar saber lo que la pasaba. –Y si… ¿Y si no soy buena madre?
-Serás una madre maravillosa. –dijo. – ¿No ves lo bien que se te dan los peques?
-Ya pero no es lo mismo.
-Hombre, este bebé es tuyo, y los demás son de otros padres. –contestó. –Así que si lo haces perfecto con otros niños, imagínate con tu hijo.
-Ya pero ellos son más mayores. Y este será un bebé muy pequeñito.
-Mi vida, lo haremos bien. –contestó abrazándola. – ¿Sabes lo que vamos a hacer? –preguntó. –Vamos a irnos a celebrar la feliz noticia.
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